CRÓNICA | POR ANA SALAZAR

Vive en las calles, aunque afirma “no soy una indigente”

Graciela, “La loca”

Una joven atrapada en la adicción a los inhalantes sobrevive a base de propinas.

Todos los días sostiene en sus manos “la mona”.
Todos los días sostiene en sus manos “la mona”. (Archivo)

Naucalpan

En la colonia Loma Linda de Naucalpan la conocen como "La loca". Su nombre de pila es Graciela. Es alta, con rasgos estéticos en su rostro que aún subsisten, a pesar de los inhalantes que consume. Vive en la calle.

Niega ser indigente, pues trabaja para ganarse el sustento todos los días, en ocasiones dirigiendo el tránsito en las inmediaciones del mercado Loma Linda y a veces orientando a las personas sobre cómo transitar por este riesgoso sitio, donde confluyen más de cinco avenidas de alta velocidad.

Su principal actividad es por la tarde noche, cuando bajan los efectos de los inhalantes. Está atenta para cualquiera que requiera sus servicios. Los detecta inmediatamente y dice: "Le ayudo a pasar. Déjeme ayudarla con su bolsa ¿hasta dónde va?".

A cambio de su atención, la mujer de pelo castaño claro y rizado recibe unas monedas, incluso por algunos automovilistas cuando aligera los nudos de tránsito, debido a una base de transporte público improvisada en un segundo carril de la vialidad Luis Donaldo Colosio y el primero ocupado por las unidades de una base de taxis, frente al mercado Loma Linda.

Si no gana más de 10 pesos por un día, entonces se encarga de dar vialidad en el cruce de las avenidas que confluyen en el mercado.

En su mano derecha sostiene "la mona", una especie de esponja amarilla, que inhala de manera lenta y pausada, sin perder el control de sus movimientos y la coherencia para hablar.

La mujer se pierde entre las calles de la colonia. En algunas ocasiones la han encontrado dormida entre los locales del mercado, no obstante, dice que no es indigente.

"A veces me pagan, a veces no, pero hay que aguantarse. A veces junto más de 50 pesos de algunas propinas que me dan los vecinos y automovilistas por echarles la mano. Con lo que me gano me alcanza para comer y otras cosas y si no trabajo, pues no como. Nadie come", agrega Graciela, de apenas 26 años de edad.

Dice que tiene su casa: "Aquí, aquí cerquita. Ves la loma y ahí a la bajadita. Aunque a veces no veo a mi mamá y hermanos porque estoy trabajando. Si no, no como".

Pero los recursos que obtiene son apenas suficientes para un alimento al día, en el mejor de los casos. Su ingreso no le alcanza para aspirar a vivir bajo techo. Para los vecinos, es Graciela "La Loca".