Violencia infantil causa daño permanente en estructuras del cerebro, revela estudio

El impacto del estrés provoca secuelas neurobiológicas que interfieren con la función de la memoria, el aprendizaje, etcétera.
Desde el 2010 se han evaluado a 100 niños víctimas de maltrato.
Desde el 2010 se han evaluado a 100 niños víctimas de maltrato. (Milenio)

Guadalajara

En las últimas dos décadas se ha conocido que el maltrato infantil en Jalisco ha crecido en número y severidad de los casos. Las autoridades de gobierno argumentan al respecto que ahora se reciben denuncias que antes no se hacían. Lo cierto es que el impacto de este fenómeno va mucho más allá de lo estadístico: Se trata de un evento de tan alto estrés para el niño que lo sufre, que va a generar cambios en su organismo. Y estos cambios son profundos y permanentes.

“El maltrato infantil es un evento estresante. Sin importar el tipo de maltrato al que esté expuesto –físico, psicológico, sexual, omisiones, negligencias o abandono- el impacto de este estrés es grande puesto que el cerebro del niño está en desarrollo y eso lo hace particularmente vulnerable. Por desgracia, la mayoría de las consecuencias que se observan en los niños maltratados son permanentes”, concluye Araceli Sanz Martín, profesora-investigadora del Laboratorio de Psicofisiología de la Memoria del Instituto de Neurociencias de la Universidad de Guadalajara (UdeG), con base en un estudio que encabeza desde el año 2010.

En este laboratorio se han evaluado a más de cien niños de diversas edades, víctimas de maltrato infantil, y se ha establecido el daño neurobiológico y las consecuencias en la salud emocional y aspectos cognoscitivos.

“El maltrato provoca cambios en los sistemas naturales de respuesta al estrés, que están regulados por el eje hipotalámico y la glándula pituitaria, lo que lleva a una producción excesiva de la hormona del estrés (cortisol) y esto a su vez a provocar daños en diferentes estructuras cerebrales como el tálamo, el hipocampo y la amígdala cerebral, los cuales participan en la función de la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional; o como la corteza pre-frontal, que tiene que ver con la conducta, la toma de decisiones y la atención, así como otras áreas”, detalló la investigadora en entrevista con MILENIO JALISCO.

Todos estos cambios en las estructuras del cerebro se van a traducir en repercusiones conductuales. A nivel cognoscitivo, los niños van a presentar alteraciones de la memoria, de la atención, retraso en la adquisición del lenguaje, dificultar para planear y resolver problemas. También es común que las víctimas del maltrato tengan secuelas psiquiátricas como depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, determina el estudio “Consecuencias neurocognitivas del maltrato infantil y el estrés temprano”.

Dichas consecuencias no siempre se reflejan de inmediato, sino hasta la edad adulta, e incluyen que al crecer sean más proclives al consumo de drogas, a la delincuencia, a volverse más agresivos, a ser también abusadores y a presentar trastornos de personalidad, apuntó Sanz Martín.

El grado de daño tiene relación con el tiempo en que el niño está expuesto al maltrato –más grande el lapso, mayor el impacto- pero está mediado por su tipo de personalidad y su resiliencia, que es la capacidad de los individuos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. “Hay diferencias en la resiliencia de cada individuo. Hay también factores protectores del maltrato, por ejemplo, un niño que solo maltrata uno de los padres y el otro lo apapacha tiene menos secuelas; un niño que convive con una familia extendida, es maltratado por sus padres, pero tiene una abuelita o unos tíos que son cariñosos tiene menos secuelas”, explicó Sanz Martín.

El maltrato puede ser físico (golpear, provocar agresiones, quemaduras o lesiones en el cuerpo del niño), emocional (gritar, insultar, humillar), abuso sexual infantil, abandono y la negligencia, que es el maltrato por omisión: no darle lo necesario para su adecuado desarrollo físico, psicológico, educativo, como son las condiciones de alimentación, vestido, cuidados, higiene e incluso de afecto. “Todos los tipos de maltrato generan secuelas neurobiológicas”, pero el más grave es el abandono. “Lo peor que le puede pasar a un niño es que se quede solito en casa a una edad que no puede cuidarse por sí mismo. Esto es extremadamente frecuente, porque la mamá trabaja, porque se va… Lo deja encerrado, tal vez le deja agua y comida por ahí, a veces ni eso, y regresa hasta en la noche”, narró.

La investigadora mencionó que algunos estudios señalan que el abandono impacta más al niño varón; mientras que a la niña impacta más el abuso sexual infantil.

En resumen, puntualizó, influye el tipo de maltrato, la intensidad del maltrato, su duración, la forma en que el niño asuma dicho maltrato y los apoyos de otras personas.

APUESTA POR LA PREVENCIÓN

La investigadora Araceli Sanz destacó que la sociedad debe conocer y comprender que las consecuencias del maltrato infantil son profundas. “Como padres o cuidadores saber que al maltratar a un niño, el daño que le provocan es permanente, aunque después se arrepientan y se disculpen”.

¿Es reversible?

“Hay secuelas, probablemente irreversibles en esas estructuras cerebrales… Esto no significa que no valga la pena dar atención o terapia a un niño maltratado porque ya no tiene lucha... si modificamos las condiciones familiares, la estimulación, el trato y el afecto que recibe el niño, sí pueden controlarse las secuelas de estos cambios”.

Por tanto, enfatizó que se deben multiplicar los esfuerzos por la prevención  del maltrato infantil. “Los padres o cuidadores que más maltratan a los hijos son los que están más estresados, quienes no tienen trabajo, los que a su vez fueron niños maltratados, los papás que tienen expectativas poco realistas de cómo debe comportarse un niño, especialmente los adolescentes; los que están solos y no tienen apoyo de la familia”, señaló.

Para prevenir el maltrato Araceli Sanz propone trabajar con los padres, con las víctimas para que no lo repitan, generar estrategias para evitar embarazos no planeados y embarazo en adolescentes. Se requieren más talleres para concientizar sobre el daño que produce el maltrato infantil y enseñar estrategias a hombres y mujeres para el manejo del estrés y la resolución de los conflictos familiares, de crianza y de la vida cotidiana a través de formas no violentas.