Vidas cambiadas en un planeta que se calienta seriamente

Calor y frío extremo, sequías duras y tormentas casi bíblicas, así viven los habitantes de poblaciones olvidadas que buscan sobrevivir ante los efectos de las ajetreadas ciudades.
Con el drástico cambio del temporal de lluvias, los campesinos llegan a perder hasta la mitad de la producción.
Con el drástico cambio del temporal de lluvias, los campesinos llegan a perder hasta la mitad de la producción. (Agustín del Castillo)

Guadalajara

Los expertos gustan aludir a la historia de la rana en la cazuela para explicar la aparente indiferencia de las mayorías humanas ante el cambio climático: el infeliz anfibio está cómodo en el agua cuya temperatura es cada vez más alta por el efecto del fuego de la estufa. Cuando se da cuenta que el calor lo cuece, ya es tarde, y al poco tiempo muere en el proceso de cocción.

Pero lo identifiquen o no como tal, el tema se instala gradualmente en el imaginario de la sociedad de Jalisco, bajo nociones equivocadas o no; sobre todo, de aquellos que viven en climas cada vez más extremos, pues eso no sólo afecta su bienestar, sino que afecta sus bolsillos, sea porque es menos el dinero que entra por una economía mermada o es más el que debe salir por el gasto en salud o energético crecientes ante las olas de calor.

Así la historia de Ricardo Urzúa, habitante de un caserío de 80 viviendas llamado Tepetatillo, en el extremo norte de Lagos de Moreno, a la entrada del semidesierto mexicano. Sus padres y abuelos le decían que vivía en una tierra extrema, pero había una regularidad más o menos cómoda; el campesino se preparaba para las abundancias o las carencias extremas. Pero ahora todo es más errático: incluso en los años de lluvia copiosa, que ya son menos, el régimen ha variado: a veces tarda en llover, otras llueve demasiado al principio y de repente se detienen las precipitaciones; en ocasiones el temporal se va del verano al otoño, y a las sequías duras y desorbitadas suceden inundaciones de proporciones casi bíblicas.

“No hay seguridad con las cosechas; la mayoría sembramos frijol y maíz, pero si las aguas se movieron, ya nos mermó al menos la mitad de la producción. La cosa es que muchos han dejado de hacerlo, porque cuando el año es malo, no vas a sacar ni la inversión; entonces dejan sus tierras abandonadas por años, y a lo mejor van a buscar irse al norte, o a una ciudad, donde la cosa sea menos difícil”, explica.

El agua es un bien precioso, pero “como estamos muy lejos de todo, en la mera punta de Jalisco, no nos alcanzan a escuchar […] nos prometieron equipar un pozo de agua para la comunidad. El problema es que prometieron mandar ingeniero y equipo desde hace seis meses, y nada. Tenemos agua solamente porque algunos particulares nos regalan de sus pozos…”.

No es más contrastante el “equipamiento ambiental” de que goza la meseta de Tapalpa, pero allí, el clima también cambia. “Hace quince años hacía menos frío y calor; lo que quiero decir con esto es que el clima se volvió extremoso”, señala Max Pasini, avecindado del pueblo mágico. Y es que la magia parece irse en un proceso de degradación de los bosques y el suelo en el que se señala de forma directa, como responsables, a los productores de fresa y berries, un sector que detonó hace seis años, que explota de forma excesiva el acuífero al grado que el recurso ya escasea entre los habitantes, y que ha abierto la cubierta de la umbría para introducir invernaderos que agotan el suelo y que producen desechos de manejo especial que no tienen control.

“Las empacadoras producen hasta 70 por ciento de la basura, que arrojan sin control en el tiradero de Atacco; eso está contaminando todos los manantiales y los arroyos, pero pareciera no hay autoridad que los meta en cintura”, agrega Eliezer Íñiguez Ochoa. El tiradero tiene tres meses en un incendio fluctuante, y sus humos invaden las penumbras de las tardes lluviosas.

A pocos kilómetros en línea recta de las montañas templadas y húmedas de Tapalpa, el pescador Jesús Vázquez, cooperativista de la laguna de Atotonilco, sitio Ramsar por ser un humedal de importancia internacional, cavila en cómo mantener el esfuerzo de restauración del embalse, que apenas diez años atrás, se secaba todos los años por el mal manejo del agua y la merma en las precipitaciones de la cuenca media y alta. La competencia por el recurso se ha hecho más extrema, pero el trabajo que se sacó adelante con muy pocos recursos públicos, fue evidente: el flujo de agua proveniente de drenes de las zonas de riego y de arroyos rectificados, hizo que el espejo de agua permanezca ya por dos ciclos.

“Teníamos mucho sin ver el agua permanente; algunos se quieren animar a sembrar peces, lo que permite sacar más… pero se necesita que el apoyo no se acabe, sobre todo de los campesinos y los pescadores”, clama el veterano ranchero.

El clima de las ciudades está tan aparentemente divorciado de la naturaleza, que pocos se atreven a ligar las islas de calor y los rigores de la lluvia al gran tema global. Nada más equivocado. “Las ciudades son puntos que generan emisiones de manera acelerada y que producen el cambio climático. La densidad, la extensión, la provisión de servicios y como se mueven los habitantes entre sus hogares y centros de trabajo inciden en la cantidad de recursos que se utilizan. Ciudades extensas, con baja densidad, y con dependencia al automóvil privado como medio de transporte provocan una utilización excesiva de recursos energéticos, y por lo tanto una cantidad excesiva de emisiones de gases con efecto invernadero”, señala una publicación web del capítulo mexicano Instituto de Desarrollo de Políticas de Transprote, ITDP, por sus siglas en inglés (http://mexico.itdp.org/noticias/como-afecta-el-cambio-climatico-a-las-ciudades/).

Las ciudades con temperaturas promedio más altas son coctel para vectores oportunistas. Esvayde fue víctima del dengue, una enfermedad desconocida para sus padres y abuelos. Su casa en Analco a veces es visitada por alacranes, unos arácnidos de los que sólo se escuchaban historias en Tlaquepaque y Tonalá, al borde de la barranca. Los inviernos han dejado de ser extremosos, y el calor de las secas y la luz solar despejada ocasionan, al reaccionar con el humo de los autos, la multiplicación del ozono.

Dramas personales insertos en la gran narrativa del cambio climático, el insospechado visitante de una civilización que parece distraída.

Arranca cumbre climática

Hoy por la mañana arranca la II Cumbre de Cambio Climático de las Américas, con la presidencia del gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz, y 23 países invitados, lo que incluye la presencia de gobernadores y secretarios de medio ambiente de casi 30 gobiernos subnacionales, de ministros de estado y de provincias. El encuentro totaliza 350 invitados, con doce sesiones temáticas sobre bosques, clima y desarrollo bajo en emisiones de carbono, las cuales se realizarán en las salas del centro de convenciones del hotel Fiesta Americana enclavado en La Minerva, al poniente de Guadalajara.