Vacaciones en las fuentes de la Alameda Central

Padres de familia llegaban con sus hijos para darse un chapuzón sin importar el riesgo de alguna infección en la piel.
Los menores disfrutaban de los chorros de agua.
Los menores disfrutaban de los chorros de agua. (Cuartoscuro)

Ciudad de México

Algunos llegaban con el traje de baño puesto, unos más se desviaron de su camino y sus actividades y con la ropa que vestían se prepararon para pasar un rato en familia y convivir quizá no tan saludablemente.

Las fuentes de la Alameda Central remodeladas en 2012 se convirtieron en un atractivo para turistas y capitalinos por su esplendor nocturno, y por las mañanas por los espectaculares chorros de agua, pero ahora los habitantes de la ciudad les han encontrado otro atractivo.

Sin mayor preocupación, padres de familia se instalaron junto con sus hijos alrededor de la fuente principal de la Alameda para darse un chapuzón antes de que finalice el periodo vacacional de verano. “Veníamos a otras cosas, pero como casi no salimos nos acercamos acá a las fuentes; empezamos jugando y los niños terminaron metiéndose”, expresó Manuela Morales.

La toalla, el bloqueador y las sandalias figuraban entre las pertenencias de las madres de familia que ya venían bien preparadas para que sus pequeños se metieran a nadar.

“Suelo traer a los niños un rato a que se vengan a desestresar y a divertir, porque como no hay balnearios cerca no queda de otra, además el agua de allá está muy clorada, entonces preferimos traerlos aquí”, comentó Ricardo Ferrer.

La diversión no lo es todo en este sitio que las familias adecuaron para vacacionar, pues de un momento a otro lo que parecía un simple chapuzón puede terminar en accidente.

Niños de todas las edades derrapaban y llegaban de un sentón al suelo, y antes de volver a ponerse en pie el sonido de sus risas ensordecía a todos los peatones.

Instantes después se advirtió el llanto y las lágrimas que, en más de un niño, caían por sus rozagantes mejillas cuando al intentar salir de la fuente resbalaron y terminaron con un golpe en la cabeza o un raspón en la rodilla.

La seguridad en esta área es nula. Los accidentes que ocurren entre niños no son aún de gravedad. A metros de la fuente principal se observan personas y bicicletas que transitan en los alrededores de la avenida Juárez, pero del personal de seguridad pública no hay rastro; por lo tanto el peligro aumenta al no haber una ruta definida que marque la diferencia entre un simple resbalón y una tragedia.

Sangre del golpe recién ocurrido, pulgas de los perros que se soltaron de la correa de sus dueños, un pañal (no se sabe si limpio) del bebé que sus padres metieron, orines de una decena de niños y miles de bacterias de la intemperie contaminada del centro de la ciudad, son los componentes de esta falsa piscina en la que los padres dejan que sus hijos se diviertan sin ninguna restricción.

Desde el inicio de las vacaciones numerosas familias aprovecharon no solo la principal, sino todas aquellas fuentes de la Alameda Central que les brindaran casi la misma sensación de una alberca al tomar por completo este sitio para disfrutar, sin que las autoridades se presentaran a restringir el acceso o a modificar las normas para el tratamiento de agua y así prevenir enfermedades.