Sierra de Jimulco: el paraíso escondido en Torreón

Adornada por diversidad vegetal y con la presencia del imponente Río Aguanaval, la reserva protegida desde el 2003 es un paraje espectacular, donde los turistas pueden convivir con la naturaleza.
Cuenta con vegetación compuesta por noa, ocotillo y orégano, así como por bosques con especies de ahuehuete o sabino.
Cuenta con vegetación compuesta por noa, ocotillo y orégano, así como por bosques con especies de ahuehuete o sabino. (Alejandro Jiménez)

Sierra y Cañón de Jimulco

Torreón sí tiene atractivos turísticos, la Sierra y Cañón de Jimulco es un ejemplo de esto.

Disfrutar de la biodiversidad ecológica de la zona, degustando unas ricas gorditas de maíz o harina o un asado rojo con pastas y agua de frutas.

Enmarcada por grandes sierras, la denominada reserva protegida en el 2003, cuenta con vegetación compuesta por noa, ocotillo, orégano, gobernadora, candelilla, lechuguilla y agave, así como por bosques con especies de ahuehuete o sabino, el sauce, la jarilla, el jaboncillo, mezquites, mimbres a lo largo del cauce del río Aguanaval, la Sierra y Cañón de Jimulco, es un digno destino a ser visitado por el turismo local y foráneo.

Adquirir productos herbolarios, recorrer largos senderos en bicicleta y pasar una noche en rústicas cabañas ubicadas a unos metros del río Aguanaval, es una realidad.

Esta experiencia ecoturística fue vivida por más de 80 personas, desde amas de casa, jubilados, niños y niñas, trabajadores, jóvenes, en lo individual y familias completas, respondiendo a la invitación hecha por la Dirección de Turismo y Comercio del Municipio de Torreón, para participar en el último recorrido de esta temporada vacacional.

El ánimo por conocer esta zona hizo que fueran insuficientes los dos camiones dispuestos para tal fin.

Reunidos en la Plaza de Armas, personas no registradas previamente quedaron fuera de este recorrido que planteaba conocer puntos como Juan Eugenio, Casa Herbolaria en La Trinidad, el Puente Canal del Ejido Jalisco, el Cañón de Jimulco, Barrial de Guadalupe y una visita al cauce del río Aguanaval.

A decir de Luis Armando Álvarez de los Santos, director de la dependencia municipal, al cuestionar a los paseantes, casi el 100% de ellos nunca había visitado la reserva ecológica, motivo por el que dijo, se tienen que reforzar las acciones de promoción de atractivos como la zona de Jimulco, que muestra una gran diversidad no sólo por su naturaleza, sino por su gente, sus costumbres, su trabajo.

Tomando la carretera con dirección a Nazareno, cruzando la famosa Cuesta de la Fortuna, la primera parada en el recorrido, el ejido Juan Eugenio. Localizado a 12.4 kilómetros y 21 minutos de Torreón.

Esta comunidad se ubica en la orilla del río Aguanaval, rodeado por grandes formaciones serranas, este sitio es el ideal para hacer una pequeña escala para almorzar degustando las famosas gorditas de harina o maíz de Azucena y Brizia a pie de carretera o si lo prefiere, tamales recién hechos, delicias que los viajeros no pudieron resistir.

Tras tomar unos minutos para el almuerzo, el recorrido siguió para visitar el conocido Puente Canal, en el ejido Jalisco, a once minutos de Juan Eugenio.

Doña Anselma, pobladora del lugar, explica como este puente hecho por Amador Cárdenas, propietario de esas tierras, tiene de una altura aproximada de 21 metros desde el nivel del río Aguanaval, con 107 años de construcción a base de agua de baba de nopal, cal, arena y piedra, a lo largo de sus 17 metros aún cruzan desde las más sencillas carretas hastas los camiones más pesados.

Fue cuestión de segundos en que los turistas tomaran las famosas "selfies".

En la comunidad del ejido La Trinidad, se encuentra el proyecto Casa Herbolaria de Medicina Alternativa, en donde se pueden adquirir productos naturistas, ungüentos y shampoos hechos con plantas medicinales propias del lugar, hechas por Goyita y Seferina, que forman parte de un grupo de mujeres que se dedican a la elaboración de estos productos, apoyadas por la Fundación Jimulco.

La siguiente parada fue en el ejido Flor de Jimulco, en donde se conoció por el exterior la impresionante fachada de la casa mayor de la antigua hacienda que habitó Amador Cárdenas.

El recorrido siguió hasta Barreal de Guadalupe, localizado a 39 kilómetros del ejido Jalisco.

El destino inicial fue el Cañón de Jimulco, con formaciones que superan los tres mil metros de altura sobre el nivel del mar, donde el río Aguanaval y la biodiversidad crean un paisaje inimaginable que forme parte del municipio de Torreón.

El gran puente conocido como California, se ve pequeño frente a las dimensiones del gran cañón en donde la noa, el ocotillo, el orégano, la gobernadora, la candelilla, la lechuguilla y agave, se mezclan entre sí entendiendo el motivo para ser considerada reserva ecológica.

Pasaba la una de la tarde, el sol pegaba a plomo, pero esto no importaba frente al espectacular paisaje que mezclaba sonidos de la corriente de agua del río y el trino de las aves endémicas.

El paso del tiempo no se sintió, pero el hambre hizo recordar que se tenía que regresar a Barreal de Guadalupe.

La famosa Ventana al Cielo, majestuosa formación rocosa en donde se logra apreciar el cielo por medio de un hueco en lo alto de la sierra.

La distancia entre Torreón y Barreal de Guadalupe, punta de este recorrido, es de 96.6 kilómetros con un tiempo estimado de dos horas.

Ya en el Desarrollo Ecoturístico, ahí ubicado en la comunidad, Imelda y otro grupo de señoras se encargaron de servir un tradicional asado rojo con arroz y pastas o un pollo en salsa verde, con agua de frutas, un manjar para los turistas.

En este complejo turístico se ubican cabañas de madera y adobe para que, quienes así lo deseen, las reserven para vacacionar con la familia.

Cuentan además con espacios donde se puede acampar sin problema y estar trescientos metros del cauce del río Aguanaval y poder disfrutar de la sombra de los centenarios sabinos, ahuehuetes, los sauces, mezquites, entre otros, ambiente que se disfrutó luego de la comida y donde familias aprovecharon para zambullirse en las tibias aguas del Aguanaval.

El regreso a Torreón fue inevitable, pero tampoco lo fue el adquirir quesos de cabra, pepinos cultivados por las mujeres en su propio invernadero, preparados con chile y limón, hielos de mango y guayaba y dulces típicos.