Una 'monedita' para no perder la cabeza...

Algunas personas abordan las unidades para pedir dinero, pero lejos de solicitarlo con amabilidad usan frases como "para no decapitarlos, violarlos o secuestrarlos, les pido 20 centavitos".
Algunas personas que piden limosna en los camiones intimidad a los pasajeros para que les regalen una 'monedita'.
Algunas personas que piden limosna en los camiones intimidad a los pasajeros para que les regalen una 'monedita'. (Cecilia Rojas)

La Laguna

Usar el transporte público ya no es tan sólo padecer con choferes salvajes o vehículos en pésimas condiciones. Ni siquiera con las horribles calles que hacen que los pobres pasajeros se zangoloteen al ritmo de la cumbia que el conductor traiga puesta.

Durante las horas de la tarde abordan las unidades personas que piden dinero. Pero atrás quedó aquello de "por el amor de Dios".

Un hombre en sus 40 sube a la ruta Directo de los rojos y saluda diciendo que viene de Juárez y que allá quieren mucho a los "torreoneros".

"Todos los que íbamos ahí le dimos algo. Éramos como cinco personas. Y si nos asustó", dijo una pasajera.

Con una guitarra desafinada y con una voz peor, entona nada más la mitad de "La Puerta Negra" de los Tigres del Norte. Deja de tocar y la suelta: "Para no tener que matarlos, violarlos, secuestrarlos, descabezarlos o asaltarlos, les pido veinte centavitos, un pesito, lo que puedan para comer".

Sólo una joven le da una moneda. El amigable cantante se torna hosco y se pasea por última vez por el pasillo del camión diciendo entre dientes maldiciones y mentadas varias contra los "pinches torreoneros codos, cu...ros". Antes de bajar incluso mira con furia a la muchacha que le dio dinero.

No es el primero que lo hace. "Vivimos como quien dice un asalto psicológico", comenta Isabel. En una ocasión que abordó el autobús, un hombre subió y les dijo que acababa de salir de la cárcel y que no quería tener que volver a robarle a nadie.

"Todos los que íbamos ahí le dimos algo. Éramos como cinco personas. Y si nos asustó", agregó la pasajera.

Nadie atina a decirles nada, porque quien sabe. Al parecer tampoco hay denuncias contra estos hombres que posiblemente no tengan empleo, pero que al intimidar a los demás por dinero, una posible forma de extorsión, cuando menos contribuyen al pánico colectivo y a las leyendas urbanas de terror.