"El Toro" que puso en jaque a la policía

Ricardo Silva Rodríguez, líder de una banda de asaltantes de camiones blindados, asesinado el martes, operó con mayor fuerza de enero a julio de 1999. Durante ese tiempo, participaron en al menos ...
Se convirtió en una leyenda urbana entre las autoridades de la ciudad.
Se convirtió en una leyenda urbana entre las autoridades de la ciudad. (Especial)

Guadalajara

Corría el domingo 4 de julio de 1999, aproximadamente al medio día, un sujeto empujando una carriola acompañado por otro hombre ingresó a la plaza comercial Centro Magno, justo en el momento que empleados de custodia de valores salían de una tienda, tras recoger el dinero producto de las ventas.

Los dos sospechosos se detuvieron al estar frente a los policías, de la carriola sacaron varias armas de fuego y dispararon en contra de los uniformados, los guardias de seguridad repelieron la agresión, pero durante el intercambio de disparos uno de los efectivos fue alcanzado por las balas y murió en el lugar. Mientras tanto, los delincuentes salieron corriendo y después abordaron un vehículo que ya los esperaba por la calle López Cotilla, para escapar con el efectivo. Este es uno de los robos en los que participó Ricardo Silva Rodríguez, apodado El Toro, líder de una banda de asaltantes de camiones blindados, asesinado el martes en la colonia San Andrés.

Reportes periodísticos señalan, que la banda de El Toro, operó con mayor fuerza de enero a julio del lejano 1999. Durante ese tiempo, participaron en al menos una veintena de ataques contra camiones blindados de custodia, pero en solo diez consumaron el robo.

La banda estaba conformada por al menos dos decenas de individuos, todos tenían una función específica a la hora de cometer el atraco, mientras unos asaltaban a los custodias, los otros preparaban el escape peliculesco de sus cómplices. Una vez que el robo era consumado, los delincuentes atravesaban en las calles cercanas a la escena del crimen, vehículos para impedir que la policía los persiguiera. En otras ocasiones, los asaltantes le atravesaban vehículos al blindado y tras disparar en repetidas ocasiones, amenazaban con incendiar el  camión, finalmente los custodias permitían que los ladrones se apoderaran el dinero.

Luis Carlos Sainz, escritor y periodista en materia de seguridad, narra los inicios de este grupo. “Era una banda de delincuentes que vendría hacer como la mutación de la banda de El Pollo, que nació en la época de los ochentas, a la banda de El Soldado y El Toro. El soldado era un miembro de la banda de El Pollo, Arturo Flores Herrera, que al irse desmantelando esa organización criminal, ya que atracaban bancos, oficinas de telégrafo y de la Comisión Federal de Electricidad, comenzó armar su grupo de asaltantes de camiones de valores”. Con el paso del tiempo, El Toro se convirtió en toda una leyenda urbana en Guadalajara, las autoridades relacionaban cualquier hecho violento que sucedía en la ciudad con dicho grupo criminal.

“Yo recuerdo en ese 1999, se habla que se llevaron en conjunto, un botín de aproximadamente 17 millones 695 mil pesos, en esos seis meses completos y unos días del séptimo mes, se calcula que en cada atraco, los delincuentes disparaban en más de 40 ocasiones”, agrega Sainz.

La suerte se le termina a El Toro, en diciembre de 1999, cuando fue detenido por elementos de la Policía de Guadalajara. Durante el tiempo que permaneció tras las rejas pisó los reclusorios de Puente Grande, el Cefereso 3 en Tamaulipas; en el año 2011, es trasladado al Cefereso 8, ubicado en Guasave, Sinaloa; al año siguiente, fue enviado al penal de Ciudad Juárez, Chihuahua; finalmente en el 2015, llegó al Reclusorio Metropolitano, dentro del complejo penitenciario de Puente Grande.

El 30 de noviembre del 2015, Silva Rodríguez, abandonó la cárcel, después de que la Juez Segundo de Ejecución de Penas, lo pusiera en libertad luego de que el Consejo Interdisciplinario del Reclusorio Metropolitano determinara que se encontraba apto para reintegrarse a la sociedad. Su último domicilio lo tuvo en una casa de la colonia Jardines de la Paz, su padre fungió como su fiador moral, trabajó en un taller de reparación de trasmisiones ubicado en la avenida Javier Mina, a la altura de la colonia San Andrés. El área  postpenitenciaria de la Fiscalía de Reinserción Social acudió en un par de ocasiones al domicilio donde vivía El Toro con su padre, pero nunca lo encontraron, según consta en documentos oficiales, los supervisores también fueron al taller donde trabaja, pero tampoco lograron ubicarlo. La persona que se identificó como propietario del negocio de reparación de trasmisiones dijo que le pagaba mil 500 pesos a la semana, con un horario de 10:00 a 18:00 horas, de lunes a viernes, que siempre mantuvo buena conducta y fue responsable con sus actividades laborales.