Toman huicholes tribunal y delegación de la Sedatu

Reclaman la restitución de sus tierras comunales arrebatadas por invasores nayaritas.    

Guadalajara

El titular del Tribunal Unitario Agrario 16 de esta ciudad, Francisco García Ortiz, ofreció ayer a los manifestantes wixaritaris (huicholes) que tomaron la sede de la institución al mediodía –en protesta por la no ejecución de trece sentencias-, emitir la orden para llevar a cabo el proceso final de sus juicios, pero los comuneros exigieron que el gobierno federal intervenga para compensar a los 45 posesionarios de las diez mil hectáreas en disputa, en los límites de Jalisco y Nayarit.

La idea es no dejar que crezca un polvorín. Preocupa la violencia latente a los líderes huicholes; “no queremos perjudicar a nadie, queremos se les dé una compensación para poder vivir en paz en el largo plazo”, señaló el presidente de Wuaut+a (San Sebastián Teponahuaxtlán) –la comunidad quejosa- Miguel Vázquez Torres.

De este modo, decenas de indígenas instalaron plantón en busca de presionar para que el Ejecutivo federal “no se lave las manos” e incorpore el programa Colomer (Conflictos Sociales en el Medio Rural) a la resolución del conflicto que vive ya décadas desde que los ganaderos se apropiaron de las tierras con apoyo de líderes políticos nayaritas, y de la indiferencia de los gobiernos de Jalisco.

Hoy, con elementos de ingobernabilidad novedosos como el crimen organizado, que ha hecho de la sierra una zona con seguridad inestable, los integrantes de la mayor demarcación de esa etnia esperan que la conciliación rinda frutos y los invasores no se sientan agraviados, fórmula que ya demostró su éxito hace un decenio, cuando se restituyeron casi 20 mil hectáreas en la zona de Puente de Camotlán y el gobierno federal –que había ocasionado el problema jurídico al dotar ejidos sobre territorio ancestral huichol- pagó indemnizaciones. La instancia responsabilizada de haber detenido el proceso pacífico de restitución, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), también fue tomada por otro contingente de wixaritaris, y solamente fue recibido el pliego petitorio por empleados de la delegación, dado que el titular se encontraba en gira de trabajo con el presidente de la república, Enrique Peña Nieto –de gira por esta ciudad-, a quien los aborígenes entregaron una carta con detalles del conflicto desde el 15 de agosto pasado.

Los detalles de los 45 juicios agrarios: en dos casos los posesionarios no han sido identificados; diez expedientes se encuentran en fase de ejecución pero con recursos de impugnación interpuestos –una superficie aproximada de 2,600 ha-; 22 expedientes aún se encuentran en litigio (3,600 ha), y están los trece expedientes en estado de “ejecución inminente” pues se emitieron las sentencias sin que se hubieran recurrido por ninguna de las partes. En este último caso están unas 3,500 ha.

En síntesis, tres peticiones a las autoridades involucradas, en particular, al presidente de la república: uno, dar “cabal cumplimiento de las sentencias obtenidas” en favor de Waut+a (anexo Tuxpan de Bolaños); dos, dar “seguimiento puntual e inmediato a los trabajos del Programa de Atención a Conflictos Sociales del Medio Rural (COSOMER) iniciados por la extinta Secretaría de la Reforma Agraria y a cargo de la hoy Sedatu, evitando con su intervención que se den ejecuciones que traigan desgracias que serían imputables directamente a la actitud omisa del gobierno a su cargo, además por ser responsabilidad del Estado haber dejado que las cosas evolucionaran hasta la situación actual siendo que cuenta con el conocimiento puntual de las irregularidades en violación a nuestros derechos territoriales”; tres, garantizar “las condiciones de seguridad para la ejecución de las sentencias expedidas por las instancias judiciales que ordenan la restitución de tierras”.

Estampas de asombro

Bajo la mirada de Occidente, como en las novelas de Joseph Conrad, los moradores de la Sierra Madre Occidental han irrumpido en la alguna vez altiva y criolla Guadalajara, hoy un crisol de culturas, credos y matices de la piel. Los trajes blancos y los sombreros llenos de detalles polícromos asombran; los parlamentos en lengua aborigen en la plaza de armas acentúan una extrañeza que niega la tradición dominadora del “castilla” (así denominan los wixaritaris a la lengua de Cervantes).

Los transeúntes miran con sorpresa a sus indios, indios verdaderos que no son sometidos ni crédulos como en las películas de Pedro Infante y Pedro Armendáriz, que han aprendido leyes del régimen mestizo, y saben levantar la voz –duradera herencia del zapatismo posmoderno, de 1994-. Los tapatíos aprenden, por pocas horas, la diversidad de su traspatio. Lección intensiva de multiculturalismo, o Boas para principiantes.