“Escuché dentro de mí una voz que decía ‘levántate y mátalo’”

Al narrar su testimonio, el hombre asegura que comenzó a perder el control de su cuerpo luego de que un pastor le untara aceite en la frente, en forma de cruz.
En la Iglesia cristiana éste es un acto simbólico con el que el líder religioso bendice y aparta a algo o a alguien para el servicio de Dios marcándolo con aceite,
En la Iglesia cristiana éste es un acto simbólico con el que el líder religioso bendice y aparta a algo o a alguien para el servicio de Dios marcándolo con aceite, (Foto: Gabriela Jiménez)

Monterrey

La noche de ese viernes, Fernando* perdió el control de su cuerpo. No sabía qué le estaba pasando ni por qué, sólo se veía a sí mismo hacer movimientos involuntarios. Ni siquiera su habla le obedecía; gritaba con una voz tan grave, casi monstruosa, con la intención de ahuyentar a lo que parecía ser su amenaza: un pastor evangélico.

Aquel extraño y nada grato episodio de su vida ocurrió hace más de 10 años en una congregación cristiana. Según recuerda, todo comenzó con un dolor de cabeza...

Él tenía apenas unos meses de asistir regularmente a esa iglesia, localizada en una transitada avenida de Guadalupe. En cada reunión se hacían casi las mismas actividades, pero un domingo el pastor sorprendió a los asistentes con algo diferente: la unción con aceite.

En la Iglesia cristiana éste es un acto simbólico con el que el líder religioso bendice y aparta a algo o a alguien para el servicio de Dios marcándolo con aceite, como se practicaba en las historias del Antiguo Testamento.

Fernando fue partícipe de la acción y su pastor le untó el espeso líquido en la frente, en forma de cruz. Dicho acto provocó todos los desagradables sucesos de la semana siguiente, ante la aparente renuencia de su cuerpo ─o lo que lo poseía─ a aquel acto sagrado, asegura el hombre, quien actualmente tiene 43 años.

"Cuando él me unge a mí la cabeza, me pone como una cruz en la frente y yo sentí algo extraño pero no le di importancia", menciona.

Fernando cuenta que a partir de ese día comenzó a atacarlo un intenso dolor de cabeza por las tardes. Al llegar a casa, tenía apenas unos segundos para correr al baño y vomitar... pero lo único que arrojaba era una densa saliva.

Luego de presentar esos malestares, Fernando acudió a la celebración de los miércoles en su iglesia para pedir ayuda al pastor. Sentía que no se trataba de una enfermedad.

Durante su charla con el ministro, Fernando, reveló por primera vez que había sufrido abuso sexual cuando tenía 10 años.

Confesó que, a partir de esa vivencia, guardó un odio intenso que sacaba a relucir en sus relaciones interpersonales.

"Cuando me enojaba, me agarraba a golpes y siempre terminaba llorando con mucho remordimiento (...), el pastor me explicó que había un mundo de las tinieblas donde habitan los espíritus malos, que aprovechan este tipo de situaciones para poseer a la persona y hacer que cometa actos en contra de su propia persona y de otras.

"Después me dijo: 'voy a hacer una oración, pero si hay algo en ti se va a manifestar, pero no le tengas miedo porque quiere decir que el Espíritu Santo está actuando para que seas liberado de esa posesión'", dice el creyente.

Entonces comenzó la invocación a Dios. El pastor cristiano, acompañado de su esposa, colocó su mano derecha sobre la frente de Fernando para hacer una oración, pero éste sorpresivamente salió disparado con fuerza a dos metros de distancia.

De acuerdo a lo que narra el hombre, que asegura haber estado siempre consciente de lo que sucedía, su cuerpo empezó a realizar movimientos "como de serpiente". Incluso afirma que pudo ver su lengua extenderse unos 15 centímetros inexplicablemente.

"Los pastores empezaron a orar diciéndole a ese espíritu que me soltara, que no tenía por qué estar ahí. Yo todo el tiempo estuve consciente, nunca perdí la noción del tiempo ni de lo que estaba pasando", puntualiza.

Después de más de 40 minutos de oraciones y lectura de la Biblia, Fernando repentinamente dejó de moverse y quedó tirado en el suelo. Habló unos minutos con el ministro y se dirigió a casa; parecía que todo había acabado.

Pero los síntomas siguieron apareciendo. El fuerte dolor continuó martillando su cabeza y los vómitos no cesaron. El miedo hizo aparición. Todo eso le condujo, una vez más, a buscar ayuda definitiva en el mismo templo dos días más tarde.

Aquel viernes, al cruzar la puerta del recinto, unas náuseas intensas se apoderaron de las entrañas de Fernando y corrió hacia los sanitarios. Una vez que entró ahí, no salió por más de dos horas.

"Cuando volteé, el pastor ya estaba en la puerta. Cuando empieza a orar por mí, la cosa se puso peor. Empecé a sentir que en mi estómago se levantaban unas bolas, que quería reventarse; yo veía al pastor hablar pero yo no podía, él me hacía preguntas pero la voz no me salía.

"Después el pastor empezó a hablar como si hubiera otra persona en mí y le decía 'espíritu de las tinieblas', 'espíritu satánico', le daba órdenes a ese espíritu para que se revelara quién era. Entonces hubo un momento en que la cabeza se me empezó a mover diciendo 'no', y después escuché dentro de mí una voz que decía: 'levántate y mátalo'", detalla.

En ese instante, Fernando estuvo consciente de que no sólo se trataba de una batalla entre lo que poseía a su cuerpo y el pastor, sino que en su interior también se estaba librando una lucha: por un lado, su mente invocaba el auxilio de Dios; por el otro, voces extrañas que lo intentaban persuadir de cometer atrocidades parecían opacar el sonido de sus pensamientos.

"Esa voz me dijo 'acuérdate de lo que te hicieron'; casi empecé a creer eso. Me agarré de unas mamparas metálicas porque empecé a sentir que mi cuerpo se estaba moviendo solo, empezó a levantarse del piso estando yo sentado y mis piernas se empezaron a elevar como en una levitación; yo lo estaba viendo y decía 'no puede ser posible'".

Hubo un momento en que todo volvió a la calma. El pastor creyó por algunos segundos que aquel demonio ya había abandonado el cuerpo de Fernando.

"El pastor me preguntaba '¿ya se fue?', pero luego yo escuchaba en mi cabeza unas carcajadas muy fuertes, decían 'lo estoy engañando, tú no le digas nada'. Yo sólo movía mi cabeza para decirle que todavía estaba aquí, que todavía lo escuchaba", recuerda.

Después de más oraciones, el pastor logró conocer la identidad de lo que poseía el cuerpo del hombre.

"Yo soy el príncipe de la ira", contestó finalmente el supuesto demonio. Ante esa declaración, el ministro evangélico levantó la voz y siguió invocando a Dios para expulsar al espíritu.

"Mi voz salió y recuerdo muy claro que dije 'Jesucristo, ayúdame', y entonces vino en mí un fuerte vómito, sentí que me desgarraba el estómago, la garganta, que algo salió. Caí al piso cansado.

"Al final la voz le dijo 'está bien, esta vez me ganaste pero voy a regresar'".

Según Fernando, hasta la fecha no lo ha hecho.

*Nombre ficticio.