Tecomavaca, refugio de la guacamaya verde

El área que es considerada la más importante en México fue un reciente descubrimiento, se encuentra en el municipio ubicado en los límites de la Mixteca Alta y la cordillera mazateca

Santa María Tecomovaca

El Cañón del Sabino guarda en sus grisáceas paredes los hogares de las guacamayas verdes, aves que han convertido a este lugar como el principal santuario de México y América Latina, donde los pobladores que otrora eran cazadores furtivos hoy en día se han convertido en los principales guardianes de su hábitat que tiene todavía mucho misterio en cuanto a su potencial riqueza.
Esta población situada en la cañada oaxaqueña forma parte de las 500 mil hectáreas de la Reserva de la Biósfera Tehuacán- Cuicatlán, sus 15 mil habitantes que poseen conocimientos sobre la flora nativa y sus distintos usos, se han sumado al trabajo emprendido por distintas dependencias (como la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Procuraduría Federal del Medio Ambiente) interesadas en la preservación de la guacamaya verde.
Juan Manuel Salazar Torres, subdirector de la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán (RBTC), dio a conocer que en el 2001 iniciaron trabajos de investigación en esa zona para evaluar su biodiversidad y buscar esquemas de aprovechamiento sustentable.
Aseguró que el Cañón del Sabino y río Seco tiene un potencial natural para el ecoturismo y podría aportar beneficios económicos a los habitantes de esta población que tiene como actividad principal la cosecha de limón y melón.
En la población que se ha mostrado activa, se han aplicado varios programas con resultados exitosos como el de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) que apoyó en la construcción de cabañas y un restaurante donde hoy dan servicio a turistas.
En 2001, Gregorio Cruz, integrante del Comisariado de Bienes Comunales junto habitantes y personal de la Reserva de la Biósfera, encabezado por el entonces titular Fernando Seriñá Garza, iniciaron recorridos de trabajo en los grandes desfiladeros del Cañón del Sabino y descubrieron la presencia de las guacamayas, así nació este proyecto que cada vez cobra más importancia.

La sobrevivencia, un milagro

En estos 13 años de cuidados, la reproducción de guacamayas ha tenido un incremento considerable a pesar de que es una especie no muy prolífica por naturaleza; se ha estimado que anualmente de la población que se tienen en la región que es de de 145 aves, se reproducen entre 10 y 12 parejas al año, de estas cada una pone tres huevos y sobrevive uno, pues los padres sólo aseguran la supervivencia de una cría.
El índice de nacimientos es de no más de 10 especímenes en el primer año, los "volantones" (como les llaman los lugareños a las guacamayas jóvenes que no pueden volar), son susceptibles de la depredación de sus enemigos naturales como los halcones cola roja y aguilillas.
La ONG Vidas instaló desde hace dos años cámaras cerca de los nidos, gracias a éste esfuerzo se sabe que el primer año de reproducción se estima que entre el 50 y 60 por ciento de la anidación se pierde gracias a sus depredadores.
Destacan las iguanas verdes y los cuatíes, que son los tejones que bajan por los riscos tratando de sacar los huevos, pero si la cría sobrevive debe enfrentarse a otro enemigo, los cuervos que están al acecho.
Pero hay otro depredador más mordaz: las abejas que llegan a instalarse al nido y si hay crías simplemente las matan.
Los nidos de las guacamayas son profundos, se estima que miden al menos un metro y medio, por eso el pollo está seguro y jamás se acerca al borde, si lo hace es porque sus papás están afuera y lo incitan a volar.
La guacamaya en estado adulto casi no tiene depredadores, salvo el ser humano, que es el peor.
Cruz narra que en recorridos que se hacían a su santuario, en los miradores encontraban cartuchos percutidos de escopeta, disparados por cazadores furtivos.
Se estima que cada año ingresan a la población no más de siete individuos, su sobrevivencia es menor al de otras aves, por eso el crecimiento es lento.
Para que haya un cambio en una población donde había 100 guacamayas, se necesitarían de 10 a 14 años para que se pudiera duplicar el número.
Si en el 2001 esta zona no hubiera sido protegida, a estos días estaría extinta.

El espectáculo

Las guacamayas verdes que se han convertido en el principal atractivo de turistas nacionales e internacionales, por las tardes cuando el sol comienza a llegar a su ocaso, se sitúan en lugares establecidos para observar desde lo lejos el revolotear de las guacamayas, escuchar sus cantos que avisan su regreso al hogar.
La investigación permanente que permite saber casi todo sobre la dinámica ocupacional que estas aves tienen en la zona, conocer cuántos "volantones" existen y hacia donde se mueven.
Las guacamayas verdes tienen como hábitat idóneo las selvas bajas caducifolias y selvas medianas superennifolias.

Primera reserva en contar con el sistema foto-trampeo

La Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, se convirtió en la primera en contar con el monitoreo comunitario, este sistema de investigación desde 2003 tuvo el propósito de contar con un registro más completo de la fauna que hay en esta zona, donde han encontrado a cuatro de los cinco felinos que hay en México: el puma o león americano, también han capturado imágenes de lince; tigrillo y ocelote.
Las cámaras se colocaron en lugares estratégicos para evitar la cacería indiscriminada principalmente del venado. “El problema en este lugar no han podido erradicar en las 13 mil 700 hectáreas que tiene este municipio”, dijo que dijo Augusto Ramos Cortés, presidente del Comisariado Ejidal.
Explicó que fue a través de las cámaras como han podido disminuir un poco la mortandad del venado cola blanca que es asesinado por cazadores. “Se han captado imágenes de cazadores furtivos y que son suficientes para iniciar un proceso penal en su contra”.
Dentro de los planes que tienen es crear una Unidad de Manejo para la Vida Silvestre (UMA) para la reproducción del venado cola blanca.
El foto-trampeo, es un sistema de cámaras que se ha instalado en 18 comunidades que trabajan en la red de monitoreo biológico y cada 15 días es revisado para recabar información y crear un banco de imágenes.
Actualmente esta zona de la cañada cuenta con un archivo de 10 mil imágenes fotomontadas de todos los animales que han encontrado en esta parte de la reserva como el Temazate del que no tenían registro, al igual que de las aves conocidas como cojolite o pava de monte, que es del tamaño de un guajolote y que habita principalmente arriba de los árboles, o el oso hormiguero cuyas imágenes han sido inéditas.

Monitor de  procesos

También han recabado información de aspectos reproductivos, la etapa en que las especies buscan pareja o están solos. Además tiene capacidad para generar información sobre densidad, distribución de animales, de cómo comparten el territorio.
Los trabajos que sobre fototrampeo que se han hecho en esta zona, han generado notas científicas sobre nuevos registros que se han convertido en un record nacional como ocurrió con el tepezcuintle, esta una especie tropical que aquí en la reserva no se observaba, porque se encuentra a una altura sobre el nivel del mar de 2 mil 700 metros y en otras anotaciones que se tenían éste se encontraba a 2 mil metros sobre el nivel del mar, pero nunca arriba de los 2 mil 500.
El sistema que se tiene en la zona está proporcionando información del comportamiento de variación de valores altitudinales y eso se puede deber al cambio climático el cual hace que las especies estén ocupando nuevos nichos generando así información del comportamiento cronológico de los animales.
Se están evaluando zonas semiáridas como templadas, por eso ahora hay cámaras en zonas de río donde encontraron nutrias de más de 10 kilos y con un tamaño de poco más de 1.20 metros de largo, esta especie fue hallada en el río Grande que es una zona de distribución.
Este registro es del 2004 al haber bases que había nutria en la región le da a la RBTC bases sólidas para la toma de decisiones.
Para este año se tiene un convenio con la CDI para reforzar esta actividad a través de recursos que asigne de esa dependencia para así continuar con el proyecto de fototrampeo que abarca más de 120 mil hectáreas que inician desde Teotitlan y termina en la cañada chica.
Quedará documentado en el libro de logros del 2013 el registro de once especies nuevas, además de probar que por la noche, los animales caminan por donde horas antes lo hicieron los humanos.

La zona, pionera en el estudio de la especie

La información que sobre esta ave es escasa, la mayor parte se comenzó a recabar hace 10 años y ésta es una de las zonas pioneras en el estudio de la guacamaya en el país, reveló Juan Manuel Salazar Torres, subdirector de la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cicatlán (RBTC).
Refirió que en documentos o  guías altamente especializadas en aves, en ninguna se encuentran registros de la guacamaya verde que hay en la región.
“En el 2014 a penas se está dilucidando las zonas de distribución de especies que pasan inadvertidas a los ojos de la ciencia por decenas de años”, comentó.
“Con el apoyo de los habitantes están fortaleciendo estos esquemas y generando a la par del trabajo de investigación, actividades que favorece el desarrollo social y económico de la población a través de proyectos de ecoturismo que son factibles aplicar”, dijo.
Explicó que por el interés que hay en habitantes de este lugar en el 2013 comenzaron a formar una red de ecoturismo regional, para ello cuentan con apoyos de difusión que les proporcionan varias instituciones inclusive extranjeras como la Agencia Española de Cooperación Internacional que apoyó con señalética, otras más han contribuido en organizar estrategias de turismo para la reserva, el tema de artesanías, capacitación, entre otros que permitan a la gente de este lugar tener una actividad más sostenida, que le genere beneficios económicos y sociales así como la conservación del entorno.
La Dirección de la Reserva de la Biósfera ha seguido de cerca estos esquemas y como instancia que norma todos los procesos de manejo y aprovechamiento evita depredación o daño a la riqueza natural que posee la región, donde además sus habitantes han creado una red de monitoreo biológico y se han integrado a la labor de los investigadores.
Por el trabajo de campo hecho con las comunidades, se ha podido ubicar especies que se creía, no existían.