Sobre el futbol y la vida lagunera del siglo XVIII

El Teatro Isauro Martínez fue testigo de las agradables charlas de Sergio Corona y Jaime Muñoz, quienes tomaron la historia como herramienta primordial en sus presentaciones.
"Fútbol de papel" y "Vida cotidiana en La Laguna durante la Colonia", charlas impartidas por Sergio Corona y Jaime Muñoz en el Teatro Isauro Martínez.
"Fútbol de papel" y "Vida cotidiana en La Laguna durante la Colonia", charlas impartidas por Sergio Corona y Jaime Muñoz en el Teatro Isauro Martínez. (Aldo Cháirez Villegas )

Torreón, Coahuila

Fructífera fue la tarde de este miércoles 18, ante dos charlas impartidas en el foyer del Teatro Isauro Martínez, por parte del doctor Sergio Corona y el maestro Jaime Muñoz, en coordinación con el icónico teatro y la Universidad Iberoamericana.

Bajo los títulos: "Fútbol de papel" y "Vida cotidiana en La Laguna durante la Colonia" se tocaron temas quizás opuestos, pero sin lugar a dudas, interesantes.

"Es aquí donde empiezan las reflexiones con metáforas basadas en el deporte que se vuelve en una focalización, un pretexto para el pensamiento".

El primero en salir al campo de juego fue Jaime Muñoz. En su amena charla tocó un tema que no es ajeno a casi nadie: el fútbol. Al titularlo "Fútbol de papel", alude a la forma en la que este deporte ha saltado de las canchas, a los diarios, a las revistas, a la historia.

Si bien el deporte sigue siendo en base lo mismo que fue cuando surgió en la Gran Bretaña del siglo XIX, que presuntamente emula la guerra, la forma de contarlo si ha cambiado y mucho.

Enfatizó en cuatro países: Uruguay, Chile, Argentina y México. Destaca la forma en que Argentina vive, come, sueña, habla, toca y no deja un sólo espacio de vida para dejar fuera al fútbol.

Hacia la década de los 80, se da un cambio en las estructuras del que escribe sobre el fut. Sus estructuras básicas, naturalmente las mentales, que forman y dan vida a una nueva manera de hablar y escribir, y de generar pensamientos sobre el deporte amado por muchos y odiado por otros tantos.

Desde luego, grandes escritores han tomado la pelota también para tocar este tema en ensayos, novelas, cuentos, poemas. Y desde luego, el género periodístico que se ha revolucionado en torno al deporte que también genera millones de dólares al año.

Por su parte, volviendo algunos años en el pasado, Sergio Corona habló a los asistentes sobre la vida tipo de una persona digamos promedio del siglo XVIII.

¿Cómo era la vida? La Laguna ya estaba aquí. Sin embargo, Parras era el centro poblacional más bollante y su producción vitivinícola era primordial para el desarrollo regional.

Monedas de metales nobles, "columnarias" que representaban la unión España-Nueva España, "peluconas" con efigies de reyes con pelucas, eran usadas en los intercambios comerciales.

Para la época ya se sembraba, además de la uva, maíz, arroz, trigo, y hortalizas y frutos en cada huerto de las casas de los laguneros de entonces.

El ganado era ovino, al igual que aves de corral; "no habían cerdos, es posible que se deba a una cultura sefardita que llegó de España, no tanto judía, sino a la costumbre de no comer puerco". Aunque, la manteca de este animal se usaba bastante.

¿Qué tenía un hombre en su casa entonces? ¿Qué había en su negocio? ¿En sus bodegas que guardaba? También con sencillez, Sergio Corona habló de estos puntos que fueron lo cotidiano muchos años.

Los invitados, además de las interesantes charlas, recibieron un brindis de honor.

José Pérez, en 1755, comerciante, habitante de Parras. En su cocina, entre otras cosas, había cazos, candeleros, y no podía faltar el asador y el garabato, donde se colgaba la carne, y que se tenía que vigilar para que el gato no hiciera el gane. 

En su bodega, chiquihuites o canastos tejidos, su lagar para aplastar la uva, tinas, toneles, pipas, materiales de cobre, todo lo propio para la producción vinícola.

Primordial el armamento, pues esta región era considerada "fronteriza" y había pugnas con los nativos y los colonos. Desde escopetas hasta cuchillos, y una adarga o escudo, estaban para defenderse.

En su tienda vendía cacao venezolano, camarón seco, muestra de la activa vida comercial de nuestra región con el sur y con el norte. Además, ropa usada, que no era cosa mala entonces, telas finas y de medio pelo, hilos, zapatos y cosas tan esenciales como cuerdas de guitarra.