Tarahumaras: el camino hacia la pérdida de identidad

Los jóvenes cantan reggaeton o hip hop y ya no quieren hablar públicamente en su lengua. Se antepone la vergüenza al orgullo, producto de la burla y la discriminación de la ciudadanía.
Los niños presentan adicciones a las "maquinitas" y videojuegos.
Los niños presentan adicciones a las "maquinitas" y videojuegos. (Lilia Ovalle)

Torreón, Coahuila

La cultura que forjaron los antepasados se contamina y Antonio resume que es el ejercicio que realizan los medios masivos de comunicación el que determina los nuevos patrones de conducta y consumo sobre el vestido, la diversión y el alimento. Lo define como un proceso de inculturación.

"Si uno tiene celular y tiene televisión, vale la persona, y si no lo tiene, pues no está de moda. He conocido muchachas de 12 y 13 años que se han prostituido, trabajan en cantinas".

"En Chihuahua se prostituyen y drogan para tener dinero y comprarse celulares o para vestirse y estar apegadas a la cultura con la que nos van moldeando los medios de comunicación".

Con un aproximado a 220 tarahumaras que llegan en octubre a la Laguna y se instalan en Torreón y Gómez Palacio, principalmente, el flujo migratorio retorna a casa al iniciar el año quedándose sólo 20 familias en la zona. En contrapeso, los mayores tienen su corazón en la sierra y regresan a ella.

Los tarahumaras apegados viven seminómadas. Bajan de la montaña buscando cobijas, despensas, medicinas y dinero.

Otros no regresan y la CDI consigna que se han creado al menos 35 asentamientos en las áreas marginales de Chihuahua, situación que se replica en Camargo, Delicias y Jiménez.

Antonio explica que son los niños los que presentan menos resistencias al cambio. Ellos no quieren volver a la sierra ni extrañan a los familiares.

Presentan una fuerte adicción a las maquinitas colocadas en las tiendas de los barrios pobres asentados en los cerros de Torreón y Gómez Palacio y se pasan horas jugando Street Fighter, Mortal Combat o en los minicasinos.

La identidad se desdibuja.

"Yo he tenido diferencias con grupos religiosos, hay personas que se van cristianizando y van perdiendo incluso su vestimenta".

"Cuando he hablado con algunos líderes religiosos dicen 'No les estamos quitando su cultura, les estamos quitando nomás su forma de vivir' y eso es pensar erróneamente, porque la vestimenta es lo último que le queda al tarahumara como pueblo", señaló Antonio.

La permuta en la alimentación hace estragos. De las verduras, cereales y granos, ahora se alimentan con gorditas, hamburguesas, tacos y Coca-Cola.

Al no tener estufas en las casas de renta, un niño puede cenar frituras y refresco o una Maruchan.

Antonio dijo que existen ya dos casos de hombres que enfermaron de diabetes por el cambio de comida.

Con su vestimenta llena de flores, sus taparrabos, camisolas y pañoletas al cuello, los tarahumaras van vendiendo por las calles sus cestos de palmilla y en las bolsas llevan los secretos curativos de las hierbas.

Sin registro oficial, comenta el líder que por 70 años han llegado a La Laguna, sitio donde la diferencia discrimina.

"En La Laguna, a diferencia de Chihuahua, hay mucha discriminación. Allá vamos al banco, al autoservicio y hay tarahumaras comprando el mandado. Aquí hemos entrado a tiendas de autoservicio o en la zona centro en Gómez Palacio, y los policías nos vigilan como si fuéramos a robar algo".

"Piensan que somos farderos, húngaros. Hay personas que se limitan a entrar incluso a comprar medicinas".

"A veces compro las toallas y calzones a las mujeres porque les da vergüenza entrar, por la morbosidad de la misma gente. En Chihuahua se les pueden dar atención inmediata en un hospital, pero acá no".