Suelo urbano debe ser gestionado, advierte IMEPLAN

Señalan que debe haber una clara rectoría de las instancias públicas para que la vivienda no sea factor de enriquecimiento de unos cuantos en perjuicio de todos

Guadalajara

Las aberraciones resultantes de las políticas de vivienda aplicadas por el gobierno federal desde el arranque de este siglo, toleradas por los gobiernos estatales y fomentadas alegremente por muchas administraciones municipales, significaron el abandono del papel del Estado como regulador del crecimiento urbano. Un elemento esencial es el suelo. Es necesario que se establezcan políticas públicas claras y sólidas que ordenen su uso y mantengan fuera las zonas de riesgo que hoy albergan fraccionamientos.

Esa fue una reflexión compartida ayer por el director del Instituto Metropolitano de Planeación (Imeplan), Alberto Orozco Ochoa, en entrevista con MILENIO RADIO.

“Creo que la ciudad es un proceso de permanente cambio, y estoy de acuerdo en que hay que maximizar el aprovechamiento del uso del suelo urbanizado, es definitivo”, explicó.

El funcionario explicó: “hemos estado acudiendo a distintos espacios, tanto gremiales como universitarios, para mostrar los avances de este esperado diagnóstico que es la pauta para establecer las metas y estrategias […] al margen de la complejidad de juntar información, estamos avanzando con este diagnóstico, con métricas para distinguir qué entendemos como área urbana, lo suburbano y el desarrollo en áreas rurales,  y esto territorialmente hablando nos lleva a otro nivel de entendimiento”.

De los datos presentados por el Plan Nacional de Desarrollo Urbano 2014-2018, y que divulgó este diario el pasado miércoles 1 de abril, comentó: “me llama mucho la atención las cifras del costo pagado por la dispersión por las ciudades de Monterrey y Guadalajara; Ellos con 21.9 mil millones anuales y Guadalajara con 21.3 mil millones; son relativamente iguales, aunque en términos de población el diferencial es de medio millón de habitantes, o hasta 800 mil [Guadalajara más poblado]; pero en el caso de Monterrey impacta en 2.8 por ciento de su producto interno bruto [PIB], mientras que en Guadalajara v a 4.7 por ciento, lo cual nos habla de la capacidad productiva de cada ciudad”, situación que inclina claramente la balanza a favor de la capital de Nuevo León, una de las urbes más ricas de México.

Agregó: “hay que entender lo que es la huella  de la ciudad; es parte de lo que venimos trabajando, el desarrollo extendido, o de extensión, y el desarrollo discontinuo; esa es la parte que estamos tocando en términos de dispersión urbana, el desarrollo discontinuo, y ahí debemos ser más cuidadoso porque históricamente entendemos que la dotación de infraestructura, servicios y equipamiento, no van dirigidos, ni tienen muchas veces los gobiernos locales las capacidades suficientes para poder abastecerlos”.

Dijo que en estos momentos hay una transición obligada por la situación coyuntural de elecciones en puerta, que permitirá acordar con los próximos alcaldes la entrega del diagnóstico y las primeras acciones; “trabajamos sobre un programa de desarrollo metropolitano, un plan de ordenamiento, y mapas; eso es lo importante, detener esta inercia historia donde venían proliferando asentamientos en zonas irregulares o de riesgo, es importante, al margen de la dispersión urbana”.

En ese trabajo, “hemos llegado a la conclusión de que el suelo carece de una previsión racional, para su uso a futuro, y ha prevalecido la especulación que motiva el incremento de las tasas de renta, por el cambio de uso de suelo; eso ha dejado a muchos perdedores, a más perdedores que ganadores, creo que el uso de suelo no ha sido considerado en el equilibrio, y han impulsado la vivienda, pero con un modelo de enriquecimiento, mas que un factor de desarrollo social”.