Pasión holandesa arrastra a Monterrey

La banda de metal progresivo, Stream of Passion, cuya vocalista es regia de nacimiento, se presentó por primera vez en la ciudad.
El poderío de su voz hizo temblar las paredes.
El poderío de su voz hizo temblar las paredes. (Alejandra Saberhagen)

Monterrey

En cada nota y canción a canción, Stream of Passion hizo honor a su nombre una noche de jueves en Monterrey.

En un día poco usual para un concierto, los holandeses hicieron olvidar a los presentes que la mañana siguiente era laboral, entregando por completo su talento, pese a la poca asistencia en la sala.

En entrevista previa al concierto, Marcela Bovio, quien es originaria de Monterrey, aconsejó a todos los músicos regiomontanos que siempre hay que seguir aprendiendo y mejorando, dicho que se comprobó sobre el escenario, cuando la vocalista demostró tener una técnica impecable al cantar.

"Nunca dejes de aprender, nunca dejes de buscar ser un mejor músico, un mejor intérprete, un mejor performer, siempre puedes mejorar, siempre.

"Yo sigo en clases y me encanta cada vez que voy a un curso y aprendo cosas, se me prende el foco y siento que he visto la luz y es maravilloso, porque te puedes expresar de una forma mejor", comentó.

El concierto inició con Monster, una canción de su último álbum, producto de una campaña de crowdfunding, en ella, Bovio demostró que su ejecución vocal es buena tanto en inglés como en español.

Johan van Stratum en el bajo junto a Eric Hazebroek y Stephan Schultz en las guitarras, daban frente en la tarima, moviendo sus cabezas y sangrando sus instrumentos a cada acorde, en canciones tanto nuevas como viejas, incluso covers, como I Have a Rigth de Sonata Arctica.

Detrás de ellos destacaban también Jeffrey Revet y Martijn Peters, en los teclados y la batería, respectivamente.

Bovio no dudó en sacar un violín rojo y eléctrico como su cabello para acompañar algunas canciones y mientras ella desplazaba el arco por sus cuerdas, Johan, su esposo, acariciaba las del bajo, y cruzaban sus miradas en una perfecta complicidad sobre el escenario.

Por otra parte, los padres de la regia veían a su hija realizada, haciendo lo que ama y con quien ama, su madre no dejó de cantar en toda la noche pues se sabía todas la canciones y su padre alzaba su mano en puño y disfrutaba del concierto.

Los asistentes aprovecharon cada momento para sacudir sus cabelleras y anclarse en cada vibrato vocal, encapsulando ese recuerdo para siempre, pues no se sabe en cuanto tiempo se vuelva a repetir un show como este.