“El llamado siempre estuvo desde niño”

Entre los 52 jóvenes que están en el Seminario Santa María Reyna de Torreón, se encuentra Jonathan de Jesús Arellano de 23 años de edad, originario de Francisco I. Madero.
Seminarista Jonathan de Jesús Arellano.
Seminarista Jonathan de Jesús Arellano. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Entre los 52 jóvenes que están en el Seminario Santa María Reyna de Torreón, se encuentra Jonathan de Jesús Arellano de 23 años de edad, originario de Francisco I. Madero.

Accede amablemente a compartir su historia de vida y su elección por la vida en el servicio de Dios y a la comunidad. Ya tiene cinco años en el Seminario.

Llevó el curso Introductorio, tres años de Filosofía, un año de Magisterio como experiencia prestando un servicio al interior del Seminario y en agosto comenzó con Teología, la última etapa en la formación del Seminario.

“A mi siempre me preguntaban cuando los seminaristas iban a la Parroquia a la que pertenezco en Francisco I. Madero, si no quería ser sacerdote y yo siempre decía que no”.

"Los momentos de crisis u oscuridad, se ven como un área de oportunidad para crecer. Si estos momentos no pasan, entonces no estoy en formación”.

Su ilusión era otra: ser director de una secundaria, en la que él estudió. Le llamaba la atención la docencia y tras terminar la preparatoria, ingresó a la Escuela Normal de Lerdo en la Licenciatura en Educación Especial.

Ahí al tratar con niños con necesidades educativas especiales, fue cambiando su percepción de la realidad, llegando a sentir que él podría entregar su vida de otra manera, dando más a los demás.

Al finalizar su segundo semestre, la inquietud de querer estar en el Seminario fue más fuerte. “El llamado siempre estuvo desde niño, desde joven, pero existía esa resistencia, hasta que me di cuenta de que podría servir de esta manera”.

La resistencia la atribuye a los miedos, al miedo al qué dirán qué pensarán los demás. Además la postura de sus padres, desconociendo si lo iban a apoyar.

“Yo ni siquiera sabía que proceso se llevaba para entrar al Seminario, pero me aventé y en el Preseminario me di cuenta de que unos se quedaban y otros pedían otras experiencias, pero ante eso no tenía miedo. Confiaba en el llamado que Dios me hacía y lo sentí muy fuerte una Semana Santa con jóvenes que iban a hacer su confirmación”.

Curiosamente, su mamá fue la que se negó un poco a que el ingresara al Seminario. Su padre lo apoyó rotundamente y convenció a la señora de que cualquier cosa que Jonathan eligiera, el tendría que estar lejos de su casa. El tiene un hermano de 16 años y una hermana de 12 años, él es el hijo mayor.

Su vida en el Seminario ha sido plena. Con altas y bajas, pero ha logrado descubrir como obra Dios y como ha ido iluminando su vida y sus decisiones.

“Creo que los momentos de crisis u oscuridad, se ven como un área de oportunidad para crecer. Si estos momentos no pasan, entonces no estoy en formación”.

En estos cinco años, se ha percatado de que se requieren pasar estas experiencias para clarificar y optar con más fi rmeza y sin titubeos la decisión que él tomó.

“Yo ni siquiera sabía que proceso se llevaba para entrar al Seminario, me di cuenta de que unos se quedaban y otros pedían otras experiencias, pero ante eso no tenía miedo".

A otros jóvenes ante la duda de estar al interior de la vida religiosa o estar fuera, les invita a preguntarse qué es lo que quieren de su vida, como la quieren vivir.

“Y si lo que ellos eligen los va a hacer plenos, por que a eso te vas a dedicar toda la vida. Si no puedes solo, busca ayuda, te puedes acercar con un psicólogo, con un orientador vocacional o con un sacerdote y no solo al sacerdocio sino al proyecto de Dios, lo que Jesús quiere de nosotros, que seamos felices y plenos”.

Jonathan se proyecta en una Parroquia cuando termine su formación sacerdotal. Posteriormente, le gustaría estar en acompañamiento en el Seminario, como formador. “Me veo pleno y feliz en el futuro”.