Seminaristas en Semana Santa, misioneros de misericordia

Se vivirá en 4 diferentes campos que estamos seguros enriquecerán nuestra madurez humana y espiritual, así como nuestra respuesta personal e íntima a aquel por quien nos sentimos llamados.

Torreón, Coahuila

En la vida el hombre va adquiriendo experiencias que forjan su identidad, son inevitables, pues forman parte de la existencia humana. Surgen en diferentes ambientes y contextos.

El Seminario suele proporcionarnos experiencias enriquecedoras que dan sentido al discernimiento de cada seminarista, sobre el seguimiento de Jesús.

Mario Alberto Robles Ruiz es originario de San Ignacio del municipio de San Pedro de las Colonias, de la parroquia de La Resurrección del Señor en Concordia. Actualmente cursando el primer año de Teología en el Seminario Diocesano de Torreón.

Este año, la Semana Santa la viviremos en cuatro diferentes campos, que estamos seguros enriquecerán nuestra madurez humana y espiritual, así como nuestra respuesta personal e íntima a aquel por quien nos sentimos llamados.

Uno de esos campos pastorales son las parroquias de la Diócesis, privilegiando las comunidades más alejadas, aquellas que necesitan la cercanía de la Iglesia.

El trato con las personas, su desprendimiento, su cariño y entrega, nos motiva a continuar caminando bajo este ideal, con una actitud de servicio y entrega a la misión hecha por Jesús a sus discípulos «Vayan, pues y hagan discípulos a todas las gentes...» (Mt 28, 19).

Otro campo es el acompañamiento vocacional, donde colaboramos para que jóvenes, al igual que nosotros, vivan un encuentro con el Maestro y a partir de ahí, escuchen su llamado: «Vengan conmigo, y les haré pescadores de hombres» (Mc 1, 17).

El seminario también se hace presente en la Catedral de Nuestra Señora del Carmen, aquí, además de compartir la fe con la comunidad que se reúne, es importante la cercanía con el Obispo, a quien reconocemos cabeza y Pastor de la Iglesia diocesana.

Por último, este año integramos como lugar de experiencia el Cereso, para vivir la pascua con nuestros hermanos internos, tantas veces marginados y prejuiciados por la sociedad.

Vamos como peregrinos para alimentarnos de la fe de ellos, y así juntos descubrir el rostro de la misericordia de Dios, pues ellos son la presencia viva de Cristo doliente en la cruz. Ellos están anhelantes de la misericordia de Dios, exclaman a gritos como el ciego de Jericó: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» (Lc 18, 38).

Sin lugar a dudas, el Seminario nos ofrece grandes experiencias que no solo nutren y acrecientan nuestra vocación, sino que por medio de nosotros la experiencia de Dios llega a otras personas, enriqueciéndonos mutuamente desde las diversas experiencias.