Selva fue sparring de "Patricia"

El megahuracán aplastó los bosques de las montañas de Chamela-Cuixmala, que demostraron el enorme valor de sus servicios ambientales al desacelerar los ímpetus del meteoro.

Guadalajara

El 22 de octubre pasado, en la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala, la vida exhibe rostros de esplendores: los montes teñidos de verdor; los arroyos exuberantes, cobijados bajo el dosel compacto de los árboles; los esteros bulliciosos. Cocodrilos silenciosos por el río; venados, coatíes y pecaríes nerviosos por la selva; miles de aves vocingleras entre la tupida enramada del manglar; tortugas torpes sobre la arena de playas aprisionadas entre grandes acantilados.

En las comunidades humanas, la despreocupación propia de la vida a la orilla del mar. Pero desde la mañana, la radio ya avisaba que todo cambiaría. Los albergues se habilitaron para proteger a los moradores de cientos de casas precarias. La noche cayó. Al día siguiente llegó Patricia.

La mañana del 24 de octubre es sábado, y la vista se abruma con pasajes fúnebres. Miles, decenas de miles de árboles, alineados uno tras otro, aplastados literalmente por la fuerza fugaz y contundente de uno de los vientos más poderosos de que se tenga registro. En cuestión de minutos, las torres de alta tensión se desplomaron; las láminas de las casas volaron por los cielos; las plantaciones de papayo fueron arrancadas de cuajo, y muchas palmeras coqueras lucían cortadas como por una cuchilla. La selva perdió todas sus hojas, ¿adelanto de un implacable abril?  

El golpe del megahuracán dio al corazón de esta región montañosa, un remanso de conservación de poco más de 13 mil hectáreas, pero que con sus parajes vecinos, continentales e insulares, agrupa ecosistemas sobre casi 70 mil ha, que no en balde fueron enlistados como reserva mundial de la biosfera de la UNESCO, un reconocimiento que en Jalisco sólo poseen la Sierra de Manantlán y el bosque La Primavera.

“Sin duda, el impacto de Patricia fue considerable; tuvimos experiencias previas con Jova en 2011, que fue muy impactante en esta misma zona: con Patricia consideramos que el impacto es mayor, en 50 por ciento, en daño general y en los hechos vividos, y si bien fue diferente –cada huracán es distinto- lo más impactante fue el viento, mientras en Jova fue la lluvia […] más allá de esos detalles, veo que las áreas naturales están jugando su papel como áreas amortiguadoras de estos impactos”, explica el coordinador científico de la Fundación Ecológica de Cuixmala, Álvaro Miranda.

“Hay pueblos dañados pero nada que lamentar en cuanto a pérdida de vidas, que era la expectativa que se tenía cuando se pronosticó el huracán; la zona no sufrió daños por agua, lo cual habla en términos de la reserva de su función de absorción del fenómeno en general; si llovieron alrededor de 200 milímetros, no se notó, la reserva es como una gran esponja que cuando se satura suelta, pero no se advirtió en ningún momento eso”, añade.

El científico recorre la zona con el enviado de MILENIO JALISCO en una avioneta de cuatro plazas; desde el aire, los daños son ostensibles: miles de hectáreas de selva prematuramente grisácea y derrumbada; los suelos deslavados, la infraestructura desplomada, los caseríos sin techo –sea el opulento Careyes o la indigencia de Chamela-; una plaza de toros borrada en Arroyo Seco; un granero con su cubierta hecha añicos; una pala mecánica que busca devolver transitabilidad a una brecha enmontada; el mar azul turquesa que choca sin detenerse con los farallones de la línea de costa.

“Como es una zona bien conservada, no obstante el alto impacto, ya estamos viendo la respuesta a pocos días de que pasó el ciclón; la naturaleza está trabajando, hay rebrotes, uno pensaría que los árboles están muertos, pero no, están resucitando y seguramente este impacto se absorberá en poco tiempo; en cambio, en áreas perturbadas, como un poco más al sur, en la zona de Cihuatlán, esos procesos ya no son tan fáciles de atender, no hay que perder de vista que Patricia es el daño acumulado de Jova de 2011, apenas cuatro años atrás; vamos a ver qué tan capaz es la naturaleza de llevar esto a una restauración, podremos monitorear las  respuestas”, añade el investigador.

El efecto del huracán trae una sucesión biológica; “la incorporación de toneladas de materia seca en el suelo genera oportunidades para muchos organismos, como los degradadores, que tendrán un espacio oportuno, mientras los que dominaban van a sufrir en mayor o menor medida, por ejemplo, hablando de aves, tenemos aves residentes que se ven afectadas porque sus espacios donde hallan alimento y refugio son las copas de los árboles, y ese recurso no está disponible en este momento; también están las aves migratorias, que ya deben estar llegando a la zona en noviembre, y muchas al ver la situación seguramente van a pasar de largo, se van a detener en otros sitios, es un efecto que vivimos con Jova, de manera temporal; al siguiente año las especies vuelven a incursionar en las áreas que corresponden”.

La naturaleza “nos lleva millones de años de ventaja en condiciones de este tipo, vamos a esperar reajustes en muchos animales; algunos buscarán alternativas diferentes, finalmente tienen que estar aquí, tratar de salir adelante como en muchas otras ocasiones”.

La región costa Sur de Jalisco, en cuyo centro está Chamela-Cuixmala, abarca entre Manzanillo al sur y Punta Pérula al norte; recibe aproximadamente 30 por ciento de los huracanes que tocan tierra en el Pacífico mexicano. Su reloj ecológico se ajustó al paso de los milenios con estos eventos extremos así como a los rigores de su larga estación seca.  

El 17 de noviembre, en lontananza, sigue aquí el reino de la desolación. Pero la muerte da paso a nuevas vidas que bullen microscópicas. Los tímidos retoños asoman en los árboles derrumbados, los tejones pasean presurosos por los caminos, el jaguar se acostumbra a acechar entre hojas quebradizas, y la mole desnuda del Huehuentón, majestuosa, afirma desde Nacastillo su cacicazgo sobre este erial ingrato, que restaurará glorias verdes con la breve humedad del siguiente verano.


INCENDIOS, OTRA PRUEBA

Además del golpe directo del huracán, la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala tiene que afrontar la prueba de los tiempos secos, aunque el coordinador científico de la reserva es optimista.


“Esa será una nueva experiencia, Jova nos trajo un impulso de 10 por ciento de biomasa al piso, que debería estar en los árboles, y ese volumen fue bastante bien procesado por el sistema; siempre es un temor el tema de los incendios, como en el sureste de México, cuando hay impactos de este tipo de huracanes, pero nosotros creemos que el sistema puede absorber esto y mucho más, por las características de las especies que están aquí, como es una selva poco perturbada, el fuego no es problema, a diferencias de otras zonas de la costa”.


NUMERALIA 

131 km2 es la superficie protegida por el decreto presidencial de 1993 que creó la reserva de la biosfera Chamela-Cuixmala

730 milímetros de lluvia caen por año, en promedio; en el evento de Patricia se estima en 200 mm en menos de 24 horas; otros huracanes han llevado hasta 400 mm en pocos días

8 meses en promedio dura la estación seca, por eso alberga de forma dominante el ecosistema denominado selva seca o selva baja caducifolia, en el que 75 por ciento de sus árboles pierden hojas en los meses de sequía

1,200 especies de plantas, la cuarta parte de las registradas en un país cuyo territorio es 76 mil veces mayor, Canadá, hay en la reserva, además de 400 vertebrados. Su riqueza de especies exclusivas es de las más altas del planeta.