“La imaginación no tiene llenadera”

Salvador Sáenz, nacido en Matamoros, se desempeña en áreas de informática y es de oficio escritor y cantautor, comparte como fue que comenzó a escribir y a involucrarse en el ambiente literario.
alvador Sáenz escritor y cantautor lagunero comparte como es que ingresó al mundo de las letras y la literatura.
alvador Sáenz escritor y cantautor lagunero comparte como es que ingresó al mundo de las letras y la literatura. (Lilia Ovalle)

Torreón, Coahuila

Las emociones son un auténtico río de aguas turbias. Y tratar de pararlas con las manos desnudas, está un poco cabrón. Si acaso podemos construir pequeñas desviaciones, para que su furia no arrase con nuestros débiles cuerpos: las emociones tienen que ser canalizadas. Si no lo hacemos, tarde o temprano terminarán por destrozarnos.

"Siempre me ha fastidiado la narrativa construida a base de lenguaje poético o con juegos de palabras".

Cuando yo era un chaval de unos quince años comenzaron a llegar los primeros libros de literatura a mis manos: Ibargüengoitia, Cortázar, Fuentes, Rulfo, Serna. Por supuesto, los devoré por completo, extasiado. Me sumergí en un territorio desconocido y fascinante que me sacudió.

Esas lecturas fueron decisivas para que yo pudiera cimentar los primeros diques de contención que condujeran mis emociones por sitios más pacíficos. Pero no fue suficiente, porque el río comenzó a desbordarse. Por eso tuve que empezar a escribir. Era inevitable para mí, las historias se me venían de forma natural. Me poseían.

La imaginación no tiene llenadera. Y es que en el fondo, todos somos seres creativos, pero muchos se sienten cómodos en los brazos de la flojera, o se ocupan de cosas prácticas, como sobrevivir o ganarse unos cuantos pesos, y hacen bien. Aunque pienso que si no volcamos en el arte y en el amor lo que verdaderamente somos, el paso por este mundo habrá sido un tanto miserable.

Pero no he venido a dar lecciones de vida sino a hablar de cómo fui seducido por el arte, en particular de la literatura y la música. Yo siempre he escrito cosas que tienen que ver un poco con mi vida. Parten de mi propia experiencia; aunque claro, son historias llevadas a la exageración, con personajes inventados y con una trama más o menos elaborada. Me gusta poner en aprietos a mis personajes.

Me gusta que se encuentren en problemas existenciales y psicológicos, pero sobre todo que les ocurran cosas. Siempre me ha fastidiado la narrativa construida a base de lenguaje poético o con juegos de palabras. No digo que sean malas, sólo me dan una inmensa hueva leerlas; y me gusta la poesía, no lo voy a negar, pero me cagan las historias que carecen de un buen argumento.

La transición de la lectura a la escritura fue para mí un proceso muy natural, que seguro a muchos escritores les ocurre; en cambio, mi llegada a la música fue más bien tramposa.

Tomé la guitarra por necesidad a los veinte años, ya muy tarde, y fue para seducir a una chica: quería conquistarla y no se me ocurrió mejor forma de hacerlo que componiendo una canción.

Así que agarré el manual de Guitarra Fácil, saqué unos cuántos acordes sencillos, le coloqué una letra horriblemente cursi y me animé a cantársela. Fue todo un éxito: ella terminó en mis acogedores brazos, embelesada. Y eso me animó a continuar.

"Yo no sé qué sería de mi vida sin literatura y música. Les debo tanto. Me han sacado tantas veces de la miseria".

Conforme pasó el tiempo, ya fui tomándomelo un poco más en serio, aunque no tanto como para pretender ser un cantautor profesional.

Asistí a talleres de composición, escuché buena música y fui puliendo mi estilo, si es que tengo alguno. Ambas formas de expresión, tanto la literatura como la música, son primas hermanas a las que acudo con religiosidad y verdadera pasión.

Llevan en la sangre la misma genética que es “contar” una historia, ya sea con letra o sin ella.

Yo no sé qué sería de mi vida sin literatura y música. Les debo tanto. Me han sacado tantas veces de la miseria y no veo cómo mi existencia pudiera haber sido de otra manera de no haberlas conocido. ¿Y por qué escribo cuentos y canciones? Me permiten conocerme a mí mismo. Me liberan. Son mi única forma de tener contacto con lo sagrado; son mi ventana a otros planos.

Eso es el arte para mí y lo viviré plenamente, hasta que se evapore la última gota de sangre que corre por mis vena.