“Sale una que otra guasilla, pero siempre con mucho respeto”

José García dice que es un trabajo hereditario, su papá se dedicaba a esto y también su abuelo, es como una cadena.
Se inició a los 14 años de edad.
Se inició a los 14 años de edad. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Con un micrófono pegado a la parte superior del labio, José empieza la rutina: “sale todo/mira amigo/el cobertor que quiere/yo se lo doy/voy/ voy/ ¿no lo quiso?/ quítale ése/ quítale ése/ quítale ése/ quítale ése/ todo vendo/ todo remato/”.

En la parte superior de una muralla levantada por cobertores, cubrecamas, franelas y almohadones, José García es uno de los tres gritones que, en la calle de Libertad y San Luis Potosí, a unas calles de la Basílica de Guadalupe.

Su inconfundible forma de rematar la mercancía los hace una versión moderna de los merolicos o vendedores, que desde generaciones anteriores viajan por todo el país acompañando ferias o mercados.

Y aunque son pocas personas las que se detienen a escucharlos –incluso algunos se tapan los oídos por el alto volumen de las bocinas- los gritones lanzan chistes, fases en doble sentido y piropos con tal de atraer la atención de los posibles potenciales clientes.

 ¿Cómo iniciaste?

Siempre ha sido mi trabajo, desde que me inicié a los 14 años allá en Tlaxcala hasta ahorita. Es un trabajo hereditario, mi papá se dedicaba a esto y mi abuelo, es una cadena. Él me llevó, empecé a salir y ganaba más o menos bien entonces a esto me dediqué.

¿Les dicen de alguna manera?

 Pues la mayoría nos dicen gritones, somos los gritones. Luego pasa la gente y ya saben de la carrilla que aventamos, incluso que nos devuelven, pero no se molesta uno porque es parte del trabajo pero bueno, aquí estamos para atenderlos.

¿Llevan alguna práctica, tu padre te enseñó o es como va saliendo?

Hasta la fecha es como va saliendo las frases. A mí me ha tocado trabajar en las ferias de Saltillo, San Luis Potosí y es como todo, te vas encontrando con compañeros y pues ahí les vas copiando algún dicho, una frase y ya nomás las repites varias veces.

¿Pero de vez en vez se avientan un chiste, algún albur o dobles sentidos?

Sí, pues de repente salen (risa) pero siempre lo hacemos con respeto a la gente, también se sale una que otra guasilla pero siempre con respeto a la gente, que es la que nos va comprar al final.

¿El trabajo es estar hablando todo el día?, ¿no?

Sí, pues ya estamos acostumbrados, de repente empezamos a las nueve de la mañana y le seguimos hasta la madrugada, ya cuando se empieza a cerrar la garganta pues le echamos un tequilita y listo.

¿Si funciona?

Sí, claro te abre la garganta pero uno ya está impuesto nos acostumbramos pero sí pega más cuando el clima no es bueno.

¿Cómo invitas a que la gente se detenga a ver la mercancía, especialmente si es un día donde no hay clientes?

Por lo regular pues empiezas a regalar cosas, algún llaverito o un peluche. Cuando sí está muy solo aunque la quieras entretener la gente no se detiene, más que nada como aquí que estamos a la pasada de los carros pero cuando sí hay clientes pues una que otra bromilla entre los compañeros para que se detengan a vernos.

¿Tus hijos van a seguir este trabajo?

Mira, yo estudié sólo la primaria porque mi papá se dedicaba a esto y a mí me gustó, la verdad. Yo a ellos les estoy inculcando que el estudio es muy importante. A mí me gusta mucho lo que hago, la verdad.