Entre el dolor y el placer: la delgada línea roja

En la práctica del sadomasoquismo los implicados sostienen que es así como se puede alcanzar el máximo deleite sexual. El 24 de julio es el Día Internacional del BDSM.

Monterrey

Pepe pellizca con fuerza los pezones de su vecina de 15 años y la observa con una mirada penetrante. Ella lo había correteado por toda la calle para sujetarlo y darle un beso en contra de su voluntad. Para el niño de 12 años el gesto resultaría humillante frente a sus amigos.

A la joven le escurren lágrimas por las mejillas mientras suplica a Pepe que se detenga. "Suéltame", le dice. Con determinación Pepe contesta: "suéltame tú, y yo te suelto". Finalmente, ambos se liberan.

Desde ese día, su vecina siguió corriendo tras él cada vez que lo veía, en lugar de evitarlo. Ella buscaba repetir la experiencia.

"Primero se me quedaba viendo y luego cerraba los ojos. Lo disfrutaba, le gustaba; ella no sabía que le gustaba hasta que se lo hice", cuenta Pepe, 37 años después de esa vivencia, en la que asegura haber tenido su primer acercamiento con la dominación.

Ahora, Amo Malo, como se hace llamar, es un dominante con amplia experiencia en el BDSM (Bondage, dominación y disciplina, sumisión y sadismo y masoquismo), también conocido simplemente como sadomasoquismo, al cual él mismo define como un conjunto de técnicas y prácticas sexuales para llegar a la relación amo-sumiso.

"El BDSM es la relación amo-sumisa, el entrenamiento, la educación de la sumisa a ser sometida, a ser humillada, porque eso es lo que necesita, lo que le gusta", explica.

Entre las actividades más comunes dentro del BDSM están el uso de cera, los azotes, el bondage (inmovilizar a la pareja con cuerdas), la utilización de pinzas y agujas, la humillación pública, la electro-tortura, el fisting (introducción de la mano dentro de la vagina o el ano) y la coprofilia (uso de heces para la excitación sexual), entre otras.

En estas relaciones la base principal es la mezcla de dolor y placer, pues los implicados sostienen que es así como se puede alcanzar el máximo deleite sexual.

"Hay quienes les gusta el dolor, no pueden tener una relación satisfactoria sexual o personal si no hay dolor (...); muchos son masoquistas y no es que les guste, sino que lo necesitan", aclara.

Sin embargo, como el objetivo no es herir verdadera y gravemente a la pareja, los practicantes del BDSM establecen una clave conocida como palabra de seguridad, la cual se utiliza para detener la actividad inmediatamente, en caso de que alguno de los dos no resista el dolor impuesto.

Según Pepe, actualmente existe gente que sólo practica el sadomasoquismo como juego, debido, en gran parte, a una popularización del tema con obras eróticas como 50 Sombras de Grey, a la que describe como "una novela rosa romanticoide".

"Desgraciadamente, ahorita mucha gente lo practica como juego. No es una relación seria, porque utilizan las prácticas como el bondage, la cera, los azotes, el suspenderte, golpearte los genitales, como juego", comenta.

LA RELACIÓN

Amo Malo cuenta con una larga lista de sumisas dispuestas a satisfacer sus deseos y obedecer sus órdenes sin respingar, ya sea por sesiones o incluso a distancia. Pero de ellas, sólo una es 24/7, es decir, su sumisión va más allá del plano sexual y trasciende a las actividades de la vida cotidiana, 24 horas, los siete días de la semana.

Ella es Yaddi, una mujer que tiene 10 años de servir a su amo; los últimos cinco los ha entregado en tiempo completo a él y a su propio entrenamiento.

Desde pinzas en los pezones, choques eléctricos y ganchos anales, Yaddi ha sido sometida a dolorosas prácticas, en las que asegura haber encontrado el placer absoluto.

"Yo decía: el placer no existe, son mentiras. Yo me masturbaba y era más placentero para mí estarme masturbando; haz de cuenta que los utilizaba a ellos (los hombres) como previo, luego yo terminaba en mi casa", recuerda.

No obstante, la curiosidad la condujo a chats de BDSM, en los que ella se hacía pasar por una sumisa sólo por diversión. Pero todo cambió cuando su dominante en línea la regaló a Amo Malo, a quien después conoció personalmente.

"(En la primera sesión) tuve, no sé, un orgasmo, otro orgasmo, otro orgasmo; no sé cuántos orgasmos tuve. Entonces llego a mi casa y me siento mal porque digo 'eso no está bien' (...), me sentía sucia. Me sentía mal por haber disfrutado tanto", narra Yaddi sobre su primer encuentro con Amo Malo.

Él dice conocer todo sobre la dominación, y presume el poder que goza sobre sus sumisas. Incluso, asegura ser capaz de provocarles orgasmos sin siquiera tener contacto sexual.

"Yo las educo para que, con mi voz y un toque, se disparen.

"Un amo educa tu mente y entrena tu cuerpo, explora tu cuerpo buscando tus puntos de dolor y de placer, puntos que no conoces para torturarlos y excitarlos suavecito al mismo tiempo, hasta que no sientes la diferencia... Hasta que tu cuerpo y tu mente se unen y son una gama de sensaciones", menciona.

Como sumisa 24/7, Yaddi le prepara el café, le sirve la comida y le abrocha las cintas de los zapatos. Todo el tiempo le habla de "usted". Ella se esfuerza al máximo para evitarle molestias a su amo.

"Yo no permito que él pueda molestarse en algo. Yo trato de cubrir todas las necesidades que él tenga porque es mi amo y yo tengo que evitarle muchas cosas", cuenta. "Me ha hecho un inútil", interviene Pepe.

Además, Yaddi dice no tener ningún problema con el hecho de que su amo tenga más sumisas a su disposición, e incluso colabora con él durante sus sesiones con otras mujeres, porque "él tiene diferentes necesidades y cada una cubre algo".

Amo Malo se niega a dar a conocer el número de sumisas que tiene, y asegura que la única manera de saberlo es siendo una de ellas.

"Yo he tenido sumisas que disfrutan servirme y sentarse en el piso a comer, se sienten realizadas, se sienten que están en el lugar donde quieren estar".

Pepe también señala que mucha gente confunde la dominación con el machismo, pero él descarta cualquier similitud.

"La sutil diferencia entre un machista y un dominante es que, para el machista, la mujer es una inútil, una buena para nada y así la trata. Y para el dominante, la sumisa es un instrumento de placer propio y para ella, donde exploran diferentes técnicas, diferentes maneras de su sexualidad".

Sin embargo, aclaró que "un amo no es ni tu novio, ni tu admirador, ni tu pareja, ni tu querido, ni tu acompañante. Es tu dueño".

NO ES UN TRASTORNO

De acuerdo a la sexóloga Karla Urriola González, cualquier dinámica de pareja que sea consensuada y no dañe a un tercero, es permitida y no representa un trastorno o patología, sino una expresión comportamental de la sexualidad.

"Durante mucho tiempo, la relación sadomasoquista fue catalogada como una parafilia, y considerada como un trastorno. Después vinieron los estudios de la sexualidad, y una cosa que se empezó a identificar es que cuando hay un placer consensuado y de común acuerdo, es una práctica sexual que permite ampliar el erotismo", apunta.

No obstante, esto podría convertirse en un problema cuando la persona, ya sea en el papel de dominante o sumiso, no puede obtener placer sexual a menos que sea por medio de las prácticas sadomasoquistas.

"Cuando ya se vuelve un problema para nuestra sexualidad es en el momento en que nos encajonamos y nuestra vida sexual solamente sería a través de estas prácticas", precisó Urriola.

Según un estudio realizado por el Journal of Sexual Medicine en mayo de 2013, quienes tienen relaciones sexuales BDSM tienden a ser más sanos psicológicamente.

El resultado describió a los practicantes de BDSM como menos neuróticos, más extrovertidos, abiertos a nuevas experiencias y menos sensibles al rechazo, en comparación con aquellos que tienen interacciones convencionales, llamadas por los sadomasoquistas como relaciones vainilla, pues estos últimos supuestamente no disfrutan de manera plena su sexualidad.

Según la pareja sadomasoquista, hay muy poca apertura de la sociedad regiomontana hacia prácticas de este tipo, ya que en la ciudad no existen grupos de reunión como en Guadalajara y el Distrito Federal.

En ese sentido, Urriola coincide en que es necesario crear espacios de encuentro para aquellos que disfrutan de diferentes expresiones de la sexualidad.

"Eso nos habla de cómo estamos en materia de sexualidad en nuestro estado, hay muchísimo miedo a esa diferencia, hay muchísimo miedo al placer sexual.

"Estamos muy preocupados por trabajar, estamos muy preocupados por el hacer y a veces nos olvidamos que el placer sexual implica su tiempo, implica su disfrute, implica reconocer que te gusta y a veces no lo exploramos", expresa la sexóloga.

Al respecto, Yaddi piensa que tanto dominantes como sumisos son más felices que las vainillas, ya que no tienen tabús y están dispuestos a experimentar para encontrar el placer.

"Lo que pasa es que cuando eres vainilla tiendes a hacer lo que la sociedad dice, no lo que tú quieres, y entonces no exploras tus necesidades. Tus necesidades están cubiertas por lo que dice la sociedad, no por lo que tú puedas sentir. Desde ahí, ya vives infeliz", opina.