“Ímpetus artísticos libres seguían llamándome”

Aunque Rocío Ivonne Ramírez Martínez se graduó como arquitecta, la pasión por la música la hizo encaminarse por otro rumbo, de igual manera encontró un gran gusto en la escritura.
Rocío Ivonne Ramírez Martínez, actualmente sigue trabajando, en busca de sacar su segundo libro con el apoyo del Ayuntamiento de Coahuila.
Rocío Ivonne Ramírez Martínez, actualmente sigue trabajando, en busca de sacar su segundo libro con el apoyo del Ayuntamiento de Coahuila. (Lilia Ovalle)

Torreón, Coahuila

Mi acta dice Rocío Ivonne Ramírez Martínez, nombre conflictivo para pronunciar junto. Algunos me llaman Rocío y otros Ivonne, pero en el mundo de la escribidera soy Tokis. La música fue lo primero que llegó a mi vida. Tengo una madre a la que le sigue encantando escuchar música y cantar.

"Cantar en público fue algo que me animé a hacer por mero gusto a los 24 años, en la cochera de Jesús Padilla (qepd)".

Es bastante entonada y tiene excelente oído para tonos y pronunciaciones, así que, aunque no tiene mucho estudio, puede cantarte estrofas completas en inglés aprendidas sólo de oírlas.

Me heredó su gusto musical, que difiere tanto del de mi padre (música vernácula mexicana), entonces desde muy pequeña me enamoré de Beatles, Queen, Rolling Stone y otros. También, por tanto, me encantó cantar. Los libros llegaron un poquito después. En kínder tuve contacto por primera vez con imágenes en libros y grandes ilustraciones de pared.

Mi primera enciclopedia infantil la tuvimos en casa cuando yo tenía 6 ó 7 años, gracias a ella me enamoré (también) del dibujo y el color. A pesar que la enciclopedia cuenta 15 tomos, mis favoritos el 2 y el 3: poesías, canciones y cuentos. Así fui creciendo entre gustos artísticos poco fomentados por la familia y alentados a nivel meramente escolar en las instituciones por las que pasé.

Me gradué como arquitecta en la Universidad Autónoma de Coahuila en los tiempos en que la disciplina impuesta por catedráticos como Sergio Guerrero y Salvador Hernández entre otros, nos hacían reconsiderar seguir el camino iniciado.

Y aunque es una carrera preciosa y poco valorada, los ímpetus artísticos libres seguían llamándome. Cantar en público fue algo que me animé a hacer por mero gusto a los 24 años, en la cochera de Jesús Padilla (qepd), con el grupo de rock (oldies) Black Bean Band.

La pasión empezó a prender y de ahí fue un peregrinar cantando en lugares como Laguna Vieja, Bar Elvira, El Mural y, ya con un grupo formado por mí misma (Versus) y con un despliegue de energía avasalladora, incendiando a la gente en el Tarek por ahí del 2001 con temas más gruesos (Zeppelin y Purple entre otros).

Sin embargo, fue hasta inicios del 2003 cuando un llamado interno ya muy viejo y con varios intentos de desarrollarse en la adolescencia me aventó al taller de Ingeniería Poética de Carlos Reyes, luego de escuchar su anuncio por 100.3, en que reconocí su voz y dije, ahí voy. Se formó un grupo padrísimo y conocí personas muy valiosas como Ivonne Gómez, Jesús Flores, Sonia Aguirre, Adriana Luévano y Juan Pacheco.

"Imaginar cómo conjugar esto con la belleza y que termine en un poema, es fácil, sin embargo el proceso puede tardar años para que resulte en lo que se busca".

Juntos colaboramos en algunas impresiones bajo el pseudónimo grupal de Irritilas y Lesbianas. Me encantaba porque era como volver al kínder, aprendíamos y ejercitábamos jugando, era un reverendo despapaye y nos divertíamos trabajando juntos. Fue ahí que prácticamente nació mi primer hijo Estuche de Belleza, el cual terminé de trabajar ya fuera del grupo.

Este libro fue impreso gracias al apoyo de la Universidad Autónoma de Coahuila a través de la convocatoria para Siglo XXI. Resulté beneficiada para su quinta serie y ha sido un honor formar parte de esta colección, junto a autores verdaderamente respetables, como Marco Antonio Jiménez.

Actualmente sigo trabajando, busco sacar mi segundo libro con el apoyo del Ayuntamiento de Coahuila, espero sea una realidad. Todo arte inscribe una forma de evolucionar, intrínseca y con esfuerzos que están lejos de imaginarse.

En mi caso, busco sencillez y verdad. Imaginar cómo conjugar esto con la belleza y que termine en un poema, es fácil, sin embargo el proceso puede tardar años para que resulte en lo que se busca. Es por ello que cuando se adquiere una obra, se lleva consigo un trozo de espíritu, esfuerzo y magia. Un trozo incuantificable del autor.