Condiciones económicas orillan al robo de iglesias

El obispo auxiliar de Durango informó que en lo que va del año diez templos han sido víctimas de la delincuencia, dijo que los asaltantes son jóvenes que tienen mucha necesidad.
Enrique Sánchez, obispo auxiliar de Durango.
Enrique Sánchez, obispo auxiliar de Durango. (Gilberto Lastra )

Durango, Durango

En lo que va del año, diez iglesias han sido robadas por bandas de jóvenes, y es por las condiciones económicas por las que pasan las familias, dijo el obispo auxiliar de Durango, Enrique Sánchez.

El entrevistado comentó que incluso, en algunas ocasiones se ha llegado a usar la violencia, pues amagan a las personas que se encuentran en el resguardo de los depositarios de las aportaciones hechas por los feligreses.

Destacó que son los hurtos principalmente en la zona sur de la ciudad. Y el modus operandi es variado, porque en un caso, mientras el padre oficiaba misa, lo ladrones entraron a la casa del párroco, inmovilizaron a la persona que se encontraba en el lugar y se llevaron el dinero.

"No hay signos de sacrilegio, más bien, es económico. Pensamos que son jóvenes que tienen necesidad o vicios", dijo el obispo auxiliar de Durango.

“Amagan a la personas. En el caso de Cristo Rey, el padre estaba en misa, de 4 a 6 y en ese momento entraron a la casa y amarraron a la señora que estaba ahí y sacaron cosas”.

En otro caso, mientras el padre no se encontraba en el recinto, los ladrones golpearon la alcancía hasta sacar el dinero.

Explicó que ya se dieron algunas detenciones, y que son bandas de jóvenes los que se dedican a este delito en la zona sur de la ciudad de Durango. “Es un grupito, una mafia que andan robando templos”, dijo.

Fue cuestionado sobre si considera que es un acto de blasfemia, comentó que no, porque solamente se llevan las pertenencias de valor y el dinero.

"No hay signos de sacrilegio, más bien, es económico. Pensamos que son jóvenes que tienen necesidad o vicios".

Finalmente, dijo que el último de los robos, se dio casi en el centro de la ciudad, en el Barrio de Analco, el más antiguo de la capital del Estado, en el que la presencia del párroco, impidió que hurtara las pertenencias.

“El último fue en Analco, poco antes de la fiesta de San Juan Bautista, y ahí el padre habla que en la sala encontró al asaltante”, indicó.