Revelan proceso para pruebas de confianza

Las autoridades estatales ofrecieron a "MILENIO Monterrey" un recorrido por las instalaciones donde se realizan estos exámenes a elementos policiacos.
Todas las pruebas se realizan dentro de un edificio con estrictas medidas de seguridad.
Todas las pruebas se realizan dentro de un edificio con estrictas medidas de seguridad. (Luis García)

Santa Catarina

En medio del debate nacional sobre el destino de las pruebas de confianza, el Gobierno del Estado develó en exclusiva para MILENIO Monterrey la intimidad de este proceso.

Y es que el pasado 5 de diciembre, en una reunión celebrada en Palacio de Gobierno, Manuel Mondragón y Kalb, comisionado nacional de Seguridad, cuestionó las pruebas de confianza.

“A lo mejor un policía muy honesto en su señal dice sí, yo hace 20 años hice esto; ah, no apto, porque el señor cometió esta falla grave hace 20 años, y otros no dicen nada, pasan como blancas palomas y son verdaderos barbajanes.

“No quiero decir que esto sea la regla, pero sí es la excepción y son muchas las excepciones, pues hay que considerar qué hacer con pruebas de control de confianza”, señaló.

Con la condición de que la identidad de todos los servidores públicos que intervienen en los controles permaneciera anónima, el Gobierno de NL accedió a dar un recorrido por las instalaciones y permitió fotografiarlas.

Aunque pequeño, el edificio donde se aplican los exámenes es una verdadera fortaleza. Puertas automatizadas, controles de acceso con guardias y arcos detectores de metal reciben a los policías y funcionarios.

Entrar con celulares o cualquier dispositivo que permita la sustracción de información está prohibido, todo se quedan en lockers bajo llave, y antes de ingresar al edificio, se pasa nuevamente por el arco para comprobar que el individuo no porta ningún aparato electrónico.

Todos los sujetos son sometidos a cinco pruebas: socioeconómica, sicológica, médica, toxicológica y el polígrafo.

Contrario a lo que tradicionalmente se piensa, el también llamado detector de mentiras es el segundo o tercer paso dentro del proceso, y no la prueba final.

El recorrido inicia en un cuarto repleto de computadoras, donde los policías o aspirantes realizan ejercicios de asociación para comprobar su estatus psicométrico.

Dicho ejercicio parece sencillo. Se trata de completar series numéricas mediante fichas de dominó, pero conforme avanza, la complejidad aumenta.

Casi de inmediato empieza la verdadera prueba. Un test estandarizado, que primero indaga sobre gustos personales, te cuestiona sobre lo satisfactoria que es tu vida sexual o si en alguna ocasión te has sentido poseído por espíritus malignos.

En la planta baja se realizan los exámenes de toxicología, en un baño que a simple vista luce común y corriente, con la salvedad de que este tiene espejos por todos lados para evitar que el sujeto deposite en el vaso cualquier líquido que no sea su orina.

Un supervisor ocular da fe de esto, y las muestras se procesan en laboratorios acreditados, por lo que mentir sobre el uso de sustancias prohibidas no es una opción recomendable.

En ambos extremos de la planta baja se registran las huellas dactilares y la voz, que se archivan dentro del banco de datos y son útiles para identificar en cualquier caso a los uniformados.

Casi a la mitad del pasillo, un grupo de mujeres revisan papelería en una pequeña oficina. Son amables en su trato, pero implacables en su labor: ellas se encargan de indagar el nivel socioeconómico de los entrevistados, que incluye revisiones exhaustivas de propiedades, historiales crediticios y cualquier documento que indique el modo de vida que ostentas.

Las entrevistas con psicólogos y poligrafistas se realizan en el segundo piso del edificio. Funcionarios sometidos a ambas advierten que la interacción con los psicólogos es mucho más invasiva que el mismo detector de mentiras.

Todas las respuestas cuentan, todo es analizado escrupulosamente, de tal manera que aquellos que logran pasar estas pruebas, saben que en esos cuartos dejaron toda su vida al entrevistador.