Regresa a estudiar para acompañar a su hijo autista

En el municipio de Doctor Mora, Andrea vuelve a retomar sus estudios de preparatoria para apoyar a su hijo Noé, próximamente ambos concluirán un ciclo escolar más

León Gto.

Andrea no aceptó un "no" como respuesta. Con un hijo autista está acostumbrada a superar retos.

Cuando le dijeron que, por su síndrome, Noé no podría continuar la preparatoria, ella no se conformó y si tenía que acompañarlo los tres años, lo iba a hacer.

Al cumplir los nueve meses de edad, Andrea percibió algo diferente en él, pero no sabía qué. Siendo su segundo hijo, ella lo comparaba con el desarrollo de Martín, el primogénito y comenzó a sospechar que algo estaba pasando. Cuando caminó, al año y un mes de edad le hablaba y él no contestaba. A los dos años y medio tuvo convulsiones que lo llevaron a la sala de emergencias. El neurólogo le dio un balde de agua fría en forma de noticia: su hijo tiene autismo.

Según cifras de la Clínica Mexicana de Autismo hay unos 45 mil niños con estas características a nivel nacional. Se calcula que en el mundo hay 35 millones que lo padecen y que cada 17 minutos nace un niño con este síndrome. El autismo altera las capacidades de comunicación y socialización. Es permanente, incurable y generalmente se manifiesta en los tres primeros años de edad. Se desconoce el origen, pero algunos investigadores lo atribuyen a causas genéticas.

La infancia de Noé transcurrió más o menos normal. En el kinder fue uno de los primeros en aprender a leer. En la primaria lo rechazaron en educación especial "por ir más avanzado que el resto" y cuando entró a secundaria comenzó a tomar terapias especiales que le han permitido aprender a nadar, montar caballo y andar en bicicleta sin dificultad. Puede sostener una charla simple, le gusta poner apodos y es bueno para matemáticas, física, química y computación pero se le dificulta expresarse en un plano regular. "En mi casa es como cualquier otro de mis hijos, él platica con todos, él juega, su vida es normal como la de los demás pero desafortunadamente sí tiene una diferencia ante la sociedad", cuenta Andrea, quien a los 40 años regresó a la escuela para inscribirse junto a su hijo en el Sistema Avanzado de Bachillerato y Educación Superior de Guanajuato (SABES).

"Ha sido todo un aprendizaje convivir con Noé y con su mamá porque nos ha enseñado, nos ha permitido ser más tolerantes de lo que se supone somos como personas", platica Eusebio Balam Ríos Méndez, director del plantel El Lindero del SABES, en una comunidad con cabecera en Doctor Mora, al noreste de Guanajuato, un municipio de 23 mil habitantes. A la escuela van alumnos de La TInaja, La Redonda, El Carmen y El Magueyal.

Ríos Méndez recuerda que en su primer ingreso Noé reprobó todas su materias por lo cual causó baja. Entonces el equipo colegiado tuvo una solución brillante. "Entre todos los maestros se nos ocurrió la idea de que viniera la mamá y se inscribiera con él para que ella nos ayudara a controlarlo", explica. Andrea lo pensó. Eso significaba volver a las aulas un cuarto de siglo después de haber acabado su secundaria. Pero los beneficios vendrían por partida doble: Noé seguiría estudiando y ella concluiría el bachillerato.

El director admite que fue difícil el primer año porque no sabían cómo dirigirse a Noé. Ya están en sexto semestre y los han sorprendido. Noé por sus condiciones ha dado grandes resultados, Andrea por su tesón. "A mí me ha permitido y enseñado la tolerancia y lo que es el respeto. Me falta mucho por aprender... Afortunadamente para Noé él termina su ciclo en este periodo pero a nosotros nos hubiera gustado que nos siguiera dando más enseñanzas", reflexiona Andrea.

Y no se trata solo de mantenerse en la escuela. La rutina familiar de Andrea empieza a las 6 de la mañana para alcanzar a alimentar a un becerro, ordeñar una vaca, preparar los desayunos de toda la familia y alistar a Noé, de 19 años para recorrer en bicicleta los cuatro kilómetros entre la Comunidad Derramadero del Sauce y El Lindero.

Andrea confiesa que su vida era más tranquila antes de entrar a a la escuela.

Luego de la jornada académica, pedalea a casa junto a Noé para hacer labores de casa, cumplir con las tareas y prepararse para el día siguiente. Así han estado tres años y el próximo 13 de junio ambos se graduarán.

"Les mando decir a los padres de familia, a las madres que sigan adelanto con su hijos, principalmente aquellos con una discapacidad, que le echen ganas, que no importa cómo los trate la gente, lo importante es como quiera uno sacarlos adelante porque uno quiere que sus hijos se superen y que no los escondan, que los saquen y que sean felices con ellos, no importa cómo sean y como estén", convoca.

Andrea desea estudiar Derecho para ayudar a otras madres, que como ella deben enfrentar discriminación en alguna de sus formas, mientras que Noé anhela aplicar para Ingeniería en Mecatrónica. Los sueños tienen extrañas formas de materializarse. Al menos a los habitantes de El Lindero no les extrañará que los de este par se cumplan.