A 2 años de la visita de Benedicto XVI

Un repaso por la experiencia de las religiosas que cuidaron la estancia del Pontífice a su paso por León, a dos años de su visita.

León, Gto.

Apenas son dos años y ya no es ni el mismo Papa, ni el mismo arzobispo, ni el mismo alcalde, ni el mismo gobernador, ni el mismo presidente. 

El 23 de marzo de 2012, el vuelo de Alitalia aterrizaba a las 16:06 en el Aeropuerto Internacional del Bajío con un pasajero capaz de movilizar masas.

Benedicto XVI era recibido por el presidente en turno, Felipe Calderón Hinojosa, y unas dos mil personas. A los 20 minutos, el jefe del Estado Vaticano asomaba la cabeza y el júbilo llegaba a su punto de efervescencia.  

Tras el protocolo vino el recorrido hacia su morada. Miles de personas esperaron horas al lado del camino por donde pasaría el papamóvil. El bulevar Aeropuerto, el Adolfo López Mateos y el Alonso de Torres con las banderas agitadas por miles de manos le anunciaban que las muestras de cariño no faltarían durante los siguientes tres días.La casa de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios estaba lista para recibirlo.

Las religiosas que gobiernan el Colegio Miraflores habían hecho las adecuaciones necesarias. Ellas se mudaron durante esos días a la finca contigua, que es la del Noviciado, para dejar a su Santidad que ocupara a sus anchas su hogar provisional junto con su séquito de acompañantes y colaboradores.

GALLETAS, TÉ Y ANUNCIO SORPRESA

Unos cuantos meses antes el arzobispo de aquellos días, José Guadalupe Martín Rábago les había hecho una visita de cortesía. Nada raro. A veces tocaba a su puerta para tomar té y galletas. Conversaban como siempre hasta que Martín Rábago tocó un tema inquietante.

“Viene el Papa”, les confirmó. Antes habían oído rumores pero nada en firme. El anuncio les emocionó sin saber que apenas era la punta del iceberg.

“Viene aquí, aquí, a su casa”. Lo que el monseñor les estaba proponiendo es que su hogar pudiera servir como hospedaje papal.El hecho les tomó por sorpresa como pudo haber tomado a cualquiera. No todos los días se recibe al Papa en casa, pero el Arzobispo les pidió discreción.

“No digan a nadie”, les advirtió. Aún no había nada seguro, él era el comisionado para buscarle alojo a Benedicto XVI y aunque en los diarios ya se barajeaba la posibilidad de la casa de los jesuitas en el Instituto Lux, la decisión no estaba tomada. La ansiedad comenzó a brotar. 

LA REMODELACIÓN

Una vez que se determinó que el Colegio Miraflores daría hospedaje al Papa había que hacer cambios. Comprar mantelería, cubiertos, arreglar el baño, dar una pintadita y disponer de las máximas comodidades para el huésped. Pero en esencia todo se mantendría como es, una casa de 20 años de antigüedad, sobria, conservadora, sin demasiados lujos.

La madre superiora de la Congregación de las Esclavas de la Sagrada Eucaristía y de la Madre de Dios, Sor Pilar Burgos viajó desde España para recibir al Santo Padre.

Su comitiva llevaría una botella de vino de Oporto para ofrecerle una copita durante la comida. Durante esos días todas vestirían los hábitos color crema y solo ellas atenderían al huésped. A la hora de los alimentos, que fueron preparados por el chef personal de Joseph Ratzinger, las religiosas tendrían la encomienda de acercárselos. Para ello se turnaban. Esa era una oportunidad más de estar cerca de él. Se sentían privilegiadas.

MISA A DOMICILIO

Las monjas habrían de tener otra oportunidad irrepetible para ver al Sumo Pontífice en la misa privada que el jerarca ofició para ellas aquel sábado 24 de marzo.

En la celebración no hubo funcionarios ni invitados especiales. La capilla apenas dio cabida al séquito papal integrado por su secretario particular Georg Gaenswein, su médico Patrizio Polisca y una veintena de colaboradores cuya seguridad estaba a cargo del jefe de Gendarmería Vaticana, Domenico Giani. Sor María Rocío García García, directora del Colegio Miraflores, ocupó uno de los lugares de la primera fila.

La comunidad académica solo tuvo opción para verlo de cerca desde la puerta de acceso controlado por el Estado Mayor Presidencial y por la Seguridad de El Vaticano. Apostados en los alrededores había elementos de la Marina, del Ejército y de las policías estatales y locales.

Por la zona no pasó nadie que no tuviera permiso.

EL DORMITORIO PAPAL

 Afuera ostenta un anuncio con letras doradas junto a los escudos de El Vaticano y de la Congregación de religiosas. “En esta habitación descansó SS BENEDICTO XVI en su visita apostólica a la ciudad de León, Gto, México los días 23 al 26 de Marzo, Año 2012”.

El cuarto no mide más de seis metros cuadrados. En su interior alfombrado está la cama matrimonial con una gruesa colcha y un almohadón.

Encima un sencillo crucifijo artesanal pintado a mano. Las monjas dicen que nadie ha dormido aquí desde entonces, aunque no se descarta que pueda servir para recibir huéspedes distinguidos como el sacerdote que vendrá durante la Pascua a guiar los ejercicios doctrinales.

Pero eso aún no está definido. Además de la cama hay tres sitios para descansar. Un sillón tipo reposet negro de piel. Una elegante silla de madera recubierta con tela y otra silla tipo antigua con grandes remaches y asiento de terciopelo frente a un escritorio de madera y cristal donde el padre podía sentarse a trabajar, adornado por otro crucifijo.

Una pantalla LG de plasma, de 34 pulgadas contrasta con la decoración costumbrista. Está equipada con un Blu-ray de la misma marca y una caja receptora de la señal Sky-HD. El mueble del centro de entretenimiento es pequeño y tallado en madera. Arriba está el escudo de El Vaticano.

Hay también un pequeño librero que guarda los cuatro tomos del “Comentario Bíblico de San Jerónimo”, tres tomos de “La Biblia del Peregrino”, el “Comentario Bíblico Internacional”, “Las Obras Completas de Santa Teresa de Jesús” y un “Santoral”. Todos están en español.

Una mini reproducción de “La Piedad” de Miguel Ángel y dos santos tallados en madera complementan los adornos.En una esquina una figura de la Virgen de Guadalupe de un metro de altura, en pose de rezo parece vigilar el lugar.  

Todo está tal cual a dos años de la visita del jerarca. Tal cual lo encontró Benedicto, tal cual lo dejó. Una de las modificaciones que se tuvieron que hacer fue en el baño. Para entrar había un escalón que dificultaría el acceso al Papa. Lo quitaron para dejar todo el suelo parejo.

Aún así el Sumo Pontífice tuvo una pequeña dificultad y se habría golpeado contra el mueble del lavabo que está junto a la taza. El incidente no se hizo público sino hasta después. “Parece ser que se levantó de la taza y se desconcertó porque se pegó en la cabeza con la esquina de este mueble”, reveló Sor Guadalupe Corte. El accidente ocurrió la mañana del domingo, antes de que oficiara la misa masiva en el Parque Bicentenario de Silao. Como el Papa lucía feliz, nadie se dio cuenta del hecho y tampoco tuvo problemas para portar la mitra durante la eucaristía. 

LOS PÁJAROS DE BENEDICTO

Al enterarse de que a Benedicto XVI le gustaban los animales, Sor Monserrat Rodríguez mandó sumar cuatro cardenales más a la enorme jaula donde conviven más de 20 canarios. De los cuatro solo queda uno vivo, pero permanece el recuerdo de un Papa impresionado con las aves.

“Se quedó mirando un rato, maravillado con el sonido, era como si lo estuvieran saludando”, cuenta Sor Monse, como le llaman cariñosamente en la comunidad.

Tímida para hablar en un principio, toma confianza y recuerda que tiene un tesoro que puede mostrarnos. “Tengo una foto con él, ¿quiere verla?”, suelta. Regresa a los pocos segundos con una postal inmejorable protegida por un marco de plata.

Ella está saludando al Papa y atrás está su prima, también religiosa, también de su congregación. La visita guiada ha terminado. Las religiosas y un grupo de ex alumnas que han ido a felicitar a Sor Guadalupe por su cumpleaños celebran el pretexto de la entrevista para recordar aquellos días que no parecen tan lejanos. 

“No creo que se vuelva a repetir, pero fuimos dichosas por haberlo tenido aquí”, reflexiona Sor Guadalupe mientras abre sus brazos para mostrar el patio en donde pasó el Papa. Está contenta, de alguna manera, la euforia se ha prolongado por más de 24 meses.