Universitarios rescatan centro comunitario con técnicas de reciclaje

La idea es aprovechar al máximo los desechos para que el costo-producción sea más accesible y para que la participación ciudadana cobre mayor significado.
El proyecto, por su pertinencia social, recibirá mañana el reconocimiento Pedro Arrupe
El proyecto, por su pertinencia social, recibirá mañana el reconocimiento Pedro Arrupe (Cortesía)

Guadalajara

Alumnos del ITESO colaboran con los más de 250 vecinos de la colonia Mesa de Los Ocotes para ayudarles a tener un espacio destinado a la implementación de proyectos que impulsen el desarrollo humano.

El Voluntariado Estamos Contigo, inició trabajos de concientización con los colonos, mediante talleres gratuitos de formación humana, mismo que los ayudó a querer hacer algo más, fue entonces que se acercaron a la universidad jesuita, específicamente al Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) “Regeneración social del espacio público”, con alumnos de Ingeniería Civil, Diseño y Arquitectura, quienes desde agosto pasado comenzaron las labores de reconocimiento del terreno, de construcción de confianza con los ciudadanos y de gestión social y financiera para levantar el Recinto Comunitario del Sagrado Corazón de Jesús.

“No se trataba solamente de llegar y decir: esto es lo que diseñamos y esto es lo que van a hacer, sino que junto con la comunidad propusimos construir un complejo de nueve terrazas con los servicios básicos para que realicen diferentes actividades”, explicó Perla López, de Arquitectura, luego de comentar que todos los diseños se basan en un sistema constructivo de botellas de PET rellenas de arena de arena de río, y no de ladrillos y de adobe.

La idea es aprovechar al máximo los desechos para que el costo-producción sea más accesible y para que la participación ciudadana cobre mayor significado. Por ello, un fundación regiomontana les ofreció 150 mil pesos, y más lo perteneciente al programa peso por peso del voluntariado (por cada peso que pone la comunidad ellos ponen otro) ya están avanzadas cinco terrazas y en estos días se terminará la primera, con mil 200 botellas colocadas.

“Este sistema funciona en comunidad. Además, tiene la bondad de que reutilizas tus desechos. Llegamos a la conclusión de que sólo si todos aportan ladrillito por ladrillito se construye ese sentido de pertenencia en el que la gente dice: yo hice diez de los ladrillos que están allí puestos”, comentó Denisse.

El proyecto, por su pertinencia social, recibirá mañana el reconocimiento Pedro Arrupe que premia el trabajo realizado por alumnos y profesores en aquellos proyectos que van acordes con el sentido ignaciano de la solidaridad y la justicia.