“En los afectados de la violencia vemos personas con mucha dignidad”

Raúl Vera López, obispo de Saltillo, es reconocido en todo el país por llevar un evangelio de corte social abriendo las puertas a católicos migrantes, homosexuales o a sexoservidoras por igual.
Raúl Vera López, obispo de Saltillo.
Raúl Vera López, obispo de Saltillo, indicó que la sociedad civil debe exigir al estado mexicano frenar la inseguridad que se vive. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Ubicado en la última fila del auditorio del Museo de Historia Mexicana, un hombre de mediana edad y cabello blanco observaba la ceremonia por los 20 años de la asociación Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC).

Esa persona es el obispo de Saltillo, Raúl Vera López, reconocido en todo el país por llevar un evangelio de corte social abriendo las puertas a católicos migrantes, homosexuales o a sexoservidoras por igual.

De visita en la ciudad, Vera López ofreció una breve entrevista donde señaló que debe ser la sociedad civil la que exija al estado mexicano por poner un freno al ambiente de inseguridad que se vive en todo México, en especial en el norte.

Desde la diócesis de Saltillo escucha testimonios de migrantes o de familiares víctimas de la inseguridad. En ellos, dice, se ven personas de "mucha dignidad" a quienes la Iglesia no busca "tratar con un enfoque paternalista".

¿Es a través de la sociedad civil donde se pueden encontrar respuestas ante el problema de inseguridad que se vive en el país?

Es la única respuesta a este problema de la violencia causada, de parte de todas las modalidades creadas por el crimen organizado.

Dicen los especialistas que para poder controlar esto se necesita poner a rodar cuatro ruedas: uno, detener a los capos; dos, desmontarles todo su equipo de sicarios; tercera rueda, hay que quitarles su dinero, y la última rueda es que hay que detener a los políticos y funcionarios públicos que los están sosteniendo. Pero estas cuatro ruedas son las de un auto que sólo la sociedad civil va mover y la sociedad civil tiene que empezar a apuntar hacia el estado.

Los principales causantes de todo esto no son los criminales, es el estado mexicano.

Desde la iglesia, usted trabajando en la diócesis de Saltillo ¿Cómo ha sido la experiencia de escuchar las decenas de testimonios de los familiares de víctimas, su sentimiento de impotencia?

Precisamente por esa impotencia nosotros sabemos quién tiene el verdadero poder, y es Dios. Y nosotros sabemos que ellos (los familiares) son los que se mueven, ellos solos empiezan a actuar para resolver su problemática.

Todos tenemos que buscar que se establezcan los protocolos de búsqueda y de diferentes mecanismos que terminen con toda esta barbarie.

Nosotros vemos a criaturas que están padeciendo pero también vemos personas con mucha dignidad y de ninguna manera nosotros asumimos una actitud paternalista ni mucho menos, pues lo que nosotros vemos en ellos son sujetos que el día de mañana trabajarán para cambiar esta situación.

­¿Le falta sensibilización al estado, mayor ética ante este problema?

Hacen falta personas con conciencia. El día de hoy entra cualquiera, ¡velos, velos! repartiéndose el país, repartiéndose el petróleo, todo lo que logran con sus cambios de leyes, es un descaro total y eso es el reflejo de lo que pasa en el organismo político del país.

Ahí tienes a una dirigente política que un día te dice que no aceptarán las leyes secundarias en la reforma de telecomunicaciones pero después la misma bancada de ése partido dice que no hay problema con aceptar las reformas ¡ya los compraron a esos descarados, así están trabajando esos mercaderes!

Así como los políticos corruptos son mercaderes de sangre humana, con todas sus complicidades con el crimen organizado, ahora los vemos ahora haciendo sus reformas políticas, como verdaderos mercaderes de este país.