El Obispo de Saltillo celebra 27 años de vida en la fe

Raúl Vera López ha dedicado gran parte de su vida a la iglesia y recordó sus inicios en la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, donde comenzó su camino episcopal.
El Obispo de Saltillo, José Raúl Vera López, celebra 27 años de ser sacerdote.
El Obispo de Saltillo, José Raúl Vera López, celebra 27 años de ser sacerdote. (Milenio Digital)

Saltillo, Coahuila

Este martes 6 de enero, Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo, celebra el 27 aniversario de su consagración episcopal, tiempo que ha dedicado su vida a la organización de las iglesia diocesana y a la incidencia dentro de la sociedad civil.

Vera López señala que para él ha sido una experiencia enriquecedora, de reconocimiento de la iglesia, del amor a la iglesia y de una pasión muy grande por lograr que la iglesia cumpla con su misión en el mundo.

Comentó que lo que más se ha propuesto en este tiempo es organizar a las diócesis en donde ha trabajado.

Recordó que en la diócesis de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas, "no me toco organizarla porque era una diócesis muy bien plantada, pero si me toco trabajar junto con Don Samuel Ruiz, quien fue el ejecutor". 

El trabajo que desempeñó en aquella diócesis consistía en articular las zonas pastorales a través de un sínodo diocesano en el que él participaba.

"Esta ha sido mi pasión durante los 27 años, organizar a la iglesia para que sirva al mundo, organizar a la iglesia para que cambie la historia, organizar a la iglesia para que impacte de manera positiva a favor de una sociedad justa y solidaria en todo lo que hay que hacer.

Estos últimos años me ha tocado proyectar mi vida y mi ministerio episcopal dentro de la articulación de la misma sociedad civil que está organizada en orden de defender los derechos humanos, en orden a fortalecer la conciencia de los ciudadanos para que impulsemos proyectos políticos más humanizadores y menos corruptos" afirma Vera.

Fue el 20 de noviembre de 1987 cuando fue nombrado obispo de la Ciudad Altamirano y consagrado el 6 de enero de 1988 por el papa Juan Pablo II en Roma.