Pinta bardas mientras espera su primer bebé

Con sólo quince años, Ana Karen ya espera a su primer hijo, aunque continúa ayudando a su ahora esposo, Hugo, en su negocio de pintura.
Hugo conoció a Ana Karen, quien comenzó a pintar bardas junto a él sin saber que terminaría siendo su esposa.
Hugo conoció a Ana Karen, quien comenzó a pintar bardas junto a él sin saber que terminaría siendo su esposa. (Lilia Ovalle)

Francisco I. Madero, Coahuila

Ana Karen tiene quince años y dos meses de embarazo. Está casada con un joven profesionista, que ante la falta de oportunidades, inició su propio negocio pintando bardas con anuncios comerciales.

Ana Karen es una adolescente que trabaja coloreando líneas y administrando las ganancias de su esposo.

"Hugo refiere que antes de aprender a leer y escribir descubrió el misterio que entraña el dibujo."

Risueños y optimistas pese al frío, los muchachos deslizan los colores sobre el ladrillo. Como pintor de anuncios Hugo Carrillo, joven de 33 años, originario del ejido Hidalgo, se ha mantenido durante cuatro años. 

Hace dos años, Hugo conoció a Ana Karen, quien comenzó a pintar bardas junto a él sin saber que terminaría siendo su esposa.

Y hace dos meses se embarazó, lo que no le ha impedido el continuar deslizando la brocha.

Dice Hugo: "No tenía chalanes y ella me ayudaba normal. Yo estudié la carrera de administración de empresas en la Facultad de Contaduría y Administración pero la verdad es que yo soy pintor y no de brocha gorda; le sé manejar óleo, acuarelas, carboncillos. Sé hacer pinturas artísticas pero en este municipio eso no importa".

En el patio de su casa incluso antes de hablar bien, comenzó a esbozar remolinos en la tierra, dibujitos misteriosos que no lo abandonarían nunca. Al menos así lo pensó un largo rato.

"De aquí sale, como dicen, para chivear. Ahorita traemos chalanes porque tenemos muchas bardas para pintar y a ellos les podemos pagar 800 pesos por semana, pero ella es la dueña de las quincenas".

Al voltear a ver Ana Karen, ella sonríe y remata: "Sí, a mí no me paga porque me da todo el dinero, yo soy la que luego le ando dando para la Coca... yo creo que le voy a seguir aquí hasta los cinco o seis meses de embarazo ¿verdad?".

Ana Karen tiene rostro de niña pero ya aceptó ser esposa. A los catorce años y medio se casó con Hugo y dejó la escuela, aunque su abuela la sigue apoyando en cuanto a sus estudios debido a que trabaja en una escuela de capacitación técnica donde ella, dice, se prepara.

"A los catorce años y medio se casó con Hugo y dejó la escuela, aunque su abuela la sigue apoyando en cuanto a sus estudios."

"Mi familia está contenta (con su decisión), sí me apoyan aunque ya no estudio", aclara la sencilla muchacha y también señora que espera su primer bebé. 

Hugo es un poco más detallista al hablar. La pintura es una pasión que intenta mantener latente pero en sus palabras aflora una especie de melancolía.

"Yo he pintado murales, trabajo artístico, retratos, rostros con carboncillo y acuarelas, pero aquí no saben apreciar el arte, no miran la diferencia entre un óleo y un poster pegado a un triplay."

"Eso se me dio solo desde chiquito, me enseñé a dibujar en la tierra, pero ahora pinto bardas de negocios, de candidatos o partidos".

Hugo se retira de la conversación para atender a un automovilista que le pregunta el costo por pintar un anuncio. Y Ana Karen continúa, sonriente, pintando la barda a un lado de los trabajadores y el triciclo donde se movilizan con sus pinturas.