CRÓNICA | POR ERIK VARGAS

“Quiero agradecer a todos, mi papá estaría contento de verlos”

La parroquia de La Santa Cruz, a unas cuantas cuadras del hogar del ex líder del STPRM, no se dio abasto en su capacidad para albergar a los amigos y seguidores de La Quina


Los aplausos se escucharon durante varios momentos de la misa.
Los aplausos se escucharon durante varios momentos de la misa. (Jose Luis Tapía)

Ciudad Madero

La iglesia parece incómoda ante tanta gente hacinada en la entrada.En varias cuadras no hay cajones de estacionamiento y de ambos sentidos de las húmedas y amplias calles Nuevo León y Chihuahua, llega gente, a pie.El jardín de arbustos cortos resalta la enorme y brillante silueta de la cruz de cuatro metros, aún más con la enorme nube negra del cielo, que no deja de echar agua, por momentos intensa, por momentos suave.Por dentro, la parroquia de la Santa Cruz en Madero se encuentra llena y fría.

Afuera no pareciera afectar la llovizna a los grupos,  principalmente de hombres, que esperan al jefe, La Quina.“Se fue el más grande”.Hace unos momentos entró el más grande de los hijos de don Joaquín, Juan que es recibido entre abrazos, pero entra rápido.Por momentos el “chipi-chipi”, por momentos viento, luego arrecia la lluvia.“Hasta el cielo llora”, dice una mujer protegida con un paraguas negro, uno que no resalta entre los muchos a la largo de la acera, de la de enfrente y de la calle.Un hombre vestido de negro pasa entre las personas mostrando una cartulina: “Los hombres mueren pero los ideales nunca. Viva Joaquín Hernández Galicia. Por siempre”.

Algunos toman la foto.“Vengo desde Guadalajara”, Jesús Plascencia, y voltea a mostrar la cartulina a otro lado, “lo mejor que ha existido en México”, dice a otro grupo.Joaco, cómo se conoce al menor de los hijos varones de La Quina, llega por la parte frontal.Al menos veinte van hacia a él a abrazarlo.“Gracias por estar con mi padre”, contesta regularmente a los abrazos que hacen espera en la entrada principal, “gracias”.Hay muy pocos políticos en el lugar, dos ex alcaldes, un ex secretario, algunos servidores públicos, parece en verdad más íntimo.El ex alcalde de Madero tiene los ojos llorosos pero trata de sonreír.“Fue un gran hombre”.“Gracias”.En un momento la lluvia baja y de repente llega Joaquín y su Carmelita al santuario de Unidad Nacional.

Él es llevado en brazos y sube por la entrada principal; ella en silla de ruedas por un costado, sobre la larga rampa que cruza las jardineras y pasa la enorme cruz de contorno brillante.Ambos se quedan en la entrada a esperar al sacerdote.Hay abrazos, lágrimas, se quedan ahí varios minutos. De los cinco que restan de la familia Hernández Correa, solo ella, Carmelita, va ataviada de negro.Finalmente a las 17:05 horas entra Don Joaquín a la primera de sus tres misas anunciadas.

Al frente van María Guadalupe y María del Carmen, ambas llorando, con la urna.Carmelita sigue con una mirada fija mientras recibe abrazos; atrás Juan Manuel y Joaquín hijo y los más cercanos amigos de La Quina.De pronto comienza un largo aplauso.“Viva La Quina”.Al pararse frente al padre, un hombre toma a Joaco por un costado y comienza a llorar. Ambos se toman con fuerza, la urna en una mesita, frente a la cajita cubierta de un manto semitransparente blanco, colocan una foto de Don Joaquín.

A lo largo de la sala se ven escenas de lágrimas.Siguen los aplausos. Tardan un par de minutos en terminar.“Es un personaje” dice un hombre a su esposa, la cual también llora.“Ahorita me puede tomar una foto con Don Joaquín”, le dice otro a una mujer sentada junto a él.El padre apresura a iniciar, mientras los reporteros toman fotos.Durante el tiempo que se extiende la misa se ven lágrimas, flashes, abrazos, la cartulina de Jesús recorriendo la sala.Joaco mira incrédulo a los reporteros.

El padre termina y llama a la familia en duelo al frente.“Él fue muy significativo no solo para la ciudad, sino para toda la nación”, dice el padre.Joaquín aprieta los labios mientras Carmelita mira fija al padre. Agradece en voz baja las palabras.Al fondo de la sala, entre la multitud parada grita una mujer:“Viva Don Joaquín”Responden “¡Viva!”Viene un nuevo aplauso.

También dura casi dos minutos.Un hombre mayor, en primera fila llora mientras Joaco sigue aguantando.Una mujer se toma la foto con la urna.“Una porra a Joaquín, una, dos, tres”“Chiquitibum a la bim bom ba, chiquitibum a la bim bom ba, Joaquín Joaquín, rarara…” sostiene la audiencia.Nuevamente aplausos.Guadalupe pasa al frente de la sala y toma el micrófono“Quiero agradecer a todos por estar aquí, mi papá estaría contento de verlos a todos aquí”.“Nos está viendo”, grita Joaco.“¡Nunca va estar solo!” dicen desde el fondo“¡Que viva La Quina!,“¡Viva!”“¡Que viva La Quina!”“¡Viva!”Nuevamente suenan los aplausos en toda la sala.

Algunos reporteros se toman el tiempo de hacerlo también.Hay quienes lloran, otros se aguantan.La familia toma la urna de Don Joaquín y salen lentamente de la sala, mientras agradecen la asistencia. Tardarán varios minutos para salir hasta la zona lateral donde los aguarda una camioneta familiar para llevarlos a su casa, a unas cuadras de la parroquia.

El cielo sigue oscuro pero ha dejado de llover, mientras brilla la enorme cruz en la esquina de la iglesia, donde un hombre reparte una oración al finado y Jesús levanta la cartulina.“Don Joaquín era un gran hombre, se le va a extrañar”, dice un hombre en grupo. “Que Dios los bendiga”, dice una mujer que abraza a su esposo.