“La pobreza se vuelve folclor en los Pueblos Mágicos”

Pensar que los indígenas sin propiedades viven lejos es por decisión propia, no es así. Los 'aventaron' a los rincones lejanos a los cerros y los meros meros se quedaron con las casas dice activista.
La cultura e identidad del pueblo se convierte en algo limitado.
La cultura e identidad del pueblo se convierte en algo limitado. (Miguel Ángel González Jiménez/Archivo.)

La Laguna

Aunque las intenciones son buenas, los llamados Pueblos Mágicos no necesariamente constituyen una alternativa para paliar los muchos males históricos que estos lugares tienen.

Vanessa García Blanca, activista, académica y docente en la Universidad Iberoamericana tiene más de 13 años enfocada en este activismo.

Por ejemplo, estuvo en el movimiento Zapatista, también ha realizado investigaciones sobre migrantes en La Laguna, amén de ser una talentosa fotógrafa.

“Ponen a las indígenas o mujeres artesanas a hacer un huipil pero más fancy, más como para señoras ricachonas, ya no tradicional y te lo venden por decir algo en unos tres mil pesos”. Se desconoce la paga que reciban, pero pasa con todas las artesanías.

En Chiapas fue nombrado San Cristóbal de las Casas en el año 2002. En lo particular, la experiencia que Vanessa tuvo en esta localidad tradicional, no fue muy positiva.

Sobre la transición de pueblito hasta pueblo mágico, el francés Andrés Aubry hizo un estudio que plasmó en un libro. Bajo la perspectiva antropológica, sociológica, histórica desde la Conquista y de estructura, así como de modos de vida, el francés logró ver lo que muchos no pueden en estos lugares.

“Son lugares antiguos, coloniales, pintorescos, folclóricos, que muchas veces tienen un cinturón de miseria que no se ve, como en el caso de San Cristóbal. Está la “indita” o el “indito” vendiendo flores y la gente piensa que es folclórico. A seis pesos los tulipanes”.

La semántica en este caso cambia: la pobreza se convierte en folclor. Pero el pueblo no se autodenomina de esta manera. Hay inversión y venta sobre todo al extranjero, de proyectos eco turísticos en comunidades donde hay problemas y hasta litigios por las tierras.

Aparte, hay división generada desde los partidos políticos. En algunos casos se plantea un centro agro-ecológico o eco-turístico. Pero se desequilibra aún más la comunidad.

“La gente muchas veces no se quiere dedicar a esto, quieren atender a sus familias o cultivar sus tierras. Antes era todo comunal, pero tras los arreglos en el artículo 27, ellos han vendido su tierra”.

Tal vez pensar que los indígenas o las personas sin propiedades viven lejos, es por decisión propia, esto no es así. A las etnias las aventaron a los rincones lejanos a los cerros y los meros meros se quedaron con las casas en el centro. Aún así, la gente siguió sembrando.

“Parte de lo de Pueblos Mágicos trae la apertura a las transnacionales, con semillas de Monsanto de monocultivo. Imagínate que siembras sobre mi parcela. Si yo siembro orgánico, a la hora de llover se viene todo a mi siembra orgánica”.

Plantea que hay la posibilidad de que los bienes naturales comunes de los campesinos e indígenas, se vendan y se vuelvan del sector privado, bajo el favorecimiento del famoso Tratado de Libre Comercio.

“Vendes la tierra y vendes el destino: ellos se quedan con nada. Esto puede pasar también en localidades que no tienen una población indígena, pero si priva un ejido, que toma decisiones en asamblea en búsqueda del beneficio de todos”, agregó.

Y esto es parte del círculo vicioso que se da con este cambio. Se habla mucho del turismo, tanto en los centros agro-ecológicos que no son del campesino.

Sino en el que ellos nada más son trabajadores, bajo las imposiciones y decisiones de autoridades o dueños de empresas que por lo regular desconocen las problemáticas que existen.

Así mismo, si el pueblo es rentable, llegan a apoderarse del lugar empresas hoteleras, restaurantes, bares. Esto trae un encarecimiento porcentual muy significativo en las rentas de los locales comerciales.

“Ponen a las indígenas o mujeres artesanas a hacer un huipil pero más fancy, más como para señoras ricachonas, ya no tradicional y te lo venden por decir algo en unos tres mil pesos”. Se desconoce la paga que reciban, pero pasa con todas las artesanías.

Otro “cáncer” en estos pueblos, es la aparición de las tiendas de conveniencia, que llegan a tumbar la economía de las tienditas familiares.

El cambio es radical, por que al de la tienda lo conoce uno desde mucho tiempo, se puede pedir fiado y es un lugar de convivencia y encuentro para la comunidad, que también propicia la organización por ejemplo si hay algún artículo demasiado caro.

“En la tienda de conveniencia no puedes decirle al empleado ni reclamarle nada, por que el es un trabajador y aunque quiera no te va a poder dar más barato el producto”.

“Creo que un pueblo no necesita inversión extranjera o nacional para ser mágico. Sus características, su cultura, sus raíces y su identidad lo hacen ser auténtico por sí mismo”.

Para el turismo entran cadenas hoteleras y los hostales desaparecen, además de que también los costos de hospedaje son muchísimo más altos que en los dichosos hostales que desaparecen o se quedan con costos más altos.

El restaurante gourmet de dueños extranjeros casi siempre, llega y la fondita desaparece.

“Pero algo que me causó gran preocupación, fue que en San Cristóbal, antes sí dejaban a los indígenas estar en las calles. Ahora no los dejan más que ponerse en la noche en el Zócalo para vender sus artículos. Hay una discriminación total al habitante del lugar, al que no tiene dinero”.

Vanessa les llama pueblos mágicos precisamente por que desaparecen muchas de las cosas que tenían de mágico.

Esto lleva a que la cultura e identidad del pueblo se convierta en algo limitado, por que no hay modos de pagar y los que pueden, los de más suerte, se convierten en empleados de los negocios.

Esta misma problemática puede aplicar para las localidades que desean el nombramiento, como Lerdo o las que ya lo son, como Viesca o Parras o las que recientemente se han nombrado, como Candela en Coahuila.

Lo peor es que esta es una tendencia en muchas ciudades o localidades, donde se privilegia la opinión, condiciones y necesidades de inversionistas extranjeros y se deja de lado la necesidad de los habitantes de estos lugares.