Protagonista y testigo de la historia de NL

Al paso del tiempo, así como el Santa ha dado vida, también la ha quitado; sus crecidas han inspirado varias leyendas.
Tiene 23 kilómetros de extensión.
Tiene 23 kilómetros de extensión. (Leonel Rocha)

Monterrey

Los indios que peleaban por el control de los ojos de agua, los conquistadores que fundaron una ciudad cercana a los manantiales y una industria que se favoreció de su agua cristalina. De una u otra forma, Monterrey no se entendería sin el río Santa Catarina.

El río parte a la ciudad en dos, pero está unido a la historia de la metrópoli, otorgando una identidad propia a los seis municipios que recorre.

En 2012, el Museo del Palacio organizó la exposición Historia de un río. El Santa Catarina. Desde las crónicas de Alonso de León en el siglo XVII ya se hablaba de esa “agua buena” que detonaría la industria en Monterrey.

“La historia de Monterrey está ligada a la calidad de sus mantos freáticos que mantenía a los indios luchando por el control de los manantiales y a los conquistadores. La misma calidad y abundancia de agua se liga tanto en virreinato y modernidad industrial con la prosperidad de Monterrey”, dice Víctor Cavazos, historiador.

De las primeras referencias históricas, el río es uno de sus protagonistas. Así lo dejó ver con las inundaciones de 1612, que obligó a la reubicación de Monterrey.

Textos de Alonso de León, considerado el primer cronista de la entidad, hablan de constantes inundaciones, incluso una posterior en 1636.

“Parece que se abrieron las cataratas del cielo y rompieron las fuentes del abismo de las sierras, según las bocas, por ellas reventaron… Causando pavor y miedo… Derribó todas las casas de Monterrey y las iglesias, dejándolo hecho un desierto”.

En el siglo XIX los textos hablan de flores y vegetación en el lecho del río, además de manantiales cercanos al ahora conocido Paseo Santa Lucía.

“Es un manantial rodeado de árboles, de plantas y de flores, pero que crecen con tal exuberancia y fertilidad, que casi se entretejen y enlazan unas con otras, formando materialmente una alfombra de flores y un toldo de verdura”, describió Manuel Payno, escritor y diplomático mexicano.

El río está presente en la memoria de los regiomontanos, incluso con leyendas a partir de sus crecidas, como la de  la Virgen de la Purísima, “donde se cuenta que al tocar las aguas, estas retrocedieron como un milagro”, refiere Cavazos.