Propietario de La Sauceda quiere que la hacienda funcione como museo

La finca erigida en el siglo XVII conserva objetos y mobiliario antiguo, en su mayoría decimonónico.
En la capilla de La Sauceda aún se ofician misas, a las que acuden pobladores de la localidad.
En la capilla de La Sauceda aún se ofician misas, a las que acuden pobladores de la localidad. (Arllete Solano)

Guadalajara

La Sauceda es un recuerdo vivo de la época colonial con un esplendor que el tiempo no ha podido desmantelar. El registro se remonta a 1615 cuando se construyó con el nombre Santa Clara de La Sauceda y se erigió como cuna de ganado y centro de crianza de caballos finos, un aspecto que ha quedado registrado en diversos temas populares inmortalizados por cantantes como Antonio Aguilar o Vicente Fernández. La Sauceda fue también una hacienda prolífica en toros de lidia, producción agrícola y activador comercial y social del valle de Ameca, en el municipio de Cocula.

A principios de 1900 la familia Palomar la compró y con el paso del tiempo determinó que este lugar  pudiera convertirse en un museo como pocos en el país con mobiliario y objetos del siglo XIX, tal vez un ejemplo similar seria el propio  Castillo de Chapultepec. En exclusiva para MILENIO JALISCO, propietarios de la finca hablan de cuán difícil ha sido concretar esta iniciativa en colaboración con autoridades gubernamentales, a pesar de que el sitio ya aparece en el Sistema de Información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) como museo.

Pocos visitantes a La Sauceda podrían negar que tras sus muros se detuvo el tiempo. El mobiliario, los enseres y el aire que recorre sus habitaciones es decimonónico, entre los corredores no es difícil imaginar a hacendados y peones recorriéndola y cabalgando en sus alrededores. Conserva todos los elementos que fueron parte de la vida cotidiana durante el porfiriato, cuando la finca era el centro de siete mil hectáreas en las que se desarrollaban cientos de labores cotidianas. Sus muros ostentan particulares cenefas, diminutas obras de arte y pisos de madera fina.

Tiene una capilla que el pueblo utiliza a menudo y algunas veces alberga bodas y otras ceremonias para grupos exclusivos; sus habitaciones están intactas, lo mismo que el salón de juegos, cocina  con fogones, baños con muebles de mármol, una tienda de raya, cuarto para prepararse a montar, un carruaje, juguetes, libros, mapas, fotografías, roperos y cristalería en estado original.

La magnificencia de este vestigio histórico es un imán para el turismo cultural. Por muchos años la familia asignó a algunos vecinos de confianza, de la localidad que dieran recorridos a visitantes que llegaban a conocerla. De repente, vino el saqueo y eso obligó a que la familia cerrara otra vez sus puertas a los visitantes. Ahora sólo pueden programar visitas de grupos con previa cita.

 “El ocho por ciento de los visitantes viene con la intención de llevarse una experiencia cultural, sobre todo los extranjeros. Es doloroso, pero el otro 92 restante viene a llevarse algo y lo peor es que después misma gente de la localidad comenzó a vandalizarla. Se llevaron rifles antiguos y toda clase de cosas”. Ahora no es fácil acceder a la propiedad. Por otro lado la familia ya ha comenzado a realizar algunas  acciones de conservación y han comenzado  trámites legales para recuperar varios puntos de la hacienda que fueron invadidos de forma ilegal, todo con el ánimo de emprender un gran proyecto en el que esta hacienda vuelva a mostrarse con las medidas precautorias que garanticen su conservación.

Senen Palomar Manzano recibió la administración total de esta herencia familiar hace dos años. “Apenas mandé restaurar los frescos que estaban afectados por excremento de murciélago, ahora quiero restaurar cada pedacito de los muros con métodos tradicionales y estoy a punto de acercarme a la Secretaría de Cultura de Jalisco (SC) para obtener la mejor asesoría profesional para adecuarla como un museo de primera clase. Esta inversión es a fondo perdido, lo sé. No quiero dinero, pido orientación”, subraya.

En su experiencia siente que los presidentes municipales de Cocula no muestran interés por la cultura, “si vas a Cocula ves un museo del mariachi que deja mucho que desear, no es algo digno”, en cambio ha recibido especialistas en haciendas y castillos antiguos y funcionarios federales que han verificado que La Sauceda cuenta con muebles y documentos originales que le ayudaron a colocar el sitio en el primer lugar de los museos hacienda del país. Y es que no existen de este tipo porque “existen fincas preciosas en el sureste del país que han recibido inversiones cuantiosas que ahora están modernizadas, pero algo conservado como esto es muy difícil que lo podamos encontrar”, afirma Palomar Manzano, quien comenta que no alguna vez se dirigió al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y no recibió ni orientación ni apoyo.

En cuanto a la hacienda ha puesto instalaciones ocultas de electricidad, voz y datos, vigilancia de alta tecnología porque el empresario asegura que “en cualquier castillo antiguo europeo al que vayas cuentas con servicios de internet o lo que se requiera sin que se note. No es necesario destruir la finca para estar actualizados”, dice Don Senen, como le gusta que le llamen, quien agrega que tiene planes de ambientar una antigua fábrica de alcohol como foro alterno para ofrecer conciertos y presentaciones de espectáculos selectos. Además, hace poco adecuó la parte trasera de la finca con sanitarios, jardines y una terraza de gran tamaño que en ocasiones renta para eventos privados. La carta del servicio incluye un recorrido en el interior de La Sauceda con personajes de época.

El propietario rememora que en múltiples ocasiones la familia Palomar la prestó a funcionarios del gobierno para que pasaran algunos momentos de retiro y recreación. En su afán de proteger el legado de su familia, Palomar Manzano incrementó la vigilancia y ahora también renta algunos cuartos de la misma para cubrir los gastos de mantenimiento.