Posadas: de la tradición a las fiestas decembrinas

La tradición de pedir posada y sus elementos, como las piñatas y colaciones, poco a poco han perdido terreno.

Monterrey

De acuerdo a la tradición, son nueve los días marcados para celebrar las posadas, pero de unos años para acá en Monterrey todas las noches de diciembre son buenas para celebrar.

Que si la posada del trabajo, de los amigos o de aquellos a quienes ni conoces pero te han invitado terceros. De la celebración que recuerda los nueve días que María y José buscaron alojamiento digno para recibir al pequeño Jesús, poco queda.

La tradición de pedir posada es una muestra más del sincretismo logrado en México a partir de la Colonia. En el siglo XVI se instalaron como una alternativa a la evangelización de los indígenas, pero hoy son la excusa perfecta para salir de fiesta en diciembre.

CON SELLO NORESTENSE

En los pueblos de Nuevo León la vida es muy diferente a lo que demanda la gran metrópoli. La familia Salazar Alvarado tiene más de cuatro décadas realizando la posada familiar.

Doña María Rosa Alvarado vivió su infancia en el ejido San Lucas, en el municipio de Galeana.  Por aquellos años la tradición era que cada familia recibía a los peregrinos –las figuras de José, María y Jesús- y participaba toda la gente del barrio.

La velada incluía música con violín y  guitarras, el rezo y canto de letanías por parte de las mujeres –a veces se incluía a los hombres- para terminar con una cena con tamales o asado de puerco.

“Era algo que sólo a mí me tocó vivir, porque ya a mis hermanos no les tocó”, dice doña Rosa, quien ahora vive frente a la Basílica de Guadalupe, en la colonia Independencia.

Cada una de la posadas era de “traje”, es decir, que cada participante llegaba con un platillo o un animal que ofrecer. A los niños, recuerda, se les regalaban golosinas de la región: chayote, calabaza, higos o manzanas cristalizadas.

Su hijo, Jorge Salazar, es quien ahora apoya en que esta tradición familiar se mantenga intacta en los sobrinos y nietos. Ahora las posadas se celebran cada día en la casa de un familiar distinto, y si bien en años anteriores salían a las calles con los peregrinos y cantando los rezos, hoy lo hacen dentro de sus viviendas.

“Sí es complicado pues todos trabajan y tienen responsabilidades pero buscamos darnos el tiempo de organizarlo como se debe”, opinó.

TODA UNA ARTESANÍA

La piñata es una de las piezas artesanales que se han legado como parte de la tradición.

Si bien mantiene su forma de estrella con siete picos, los materiales con las que se hacían así como su contenido de dulces han cambiado.

Doña Leticia fabricó durante muchos años piñatas de toda clase. Ha instalado su venta de estas artesanías a una calle de la Basílica, donde asegura que hoy las piñatas se hacen más económicas para estar al alcance de los bolsillos.

“Por ejemplo yo ya no les pongo el jarro de barro, ahora son de puro cartón. Yo las vendo en 200 porque es mucho el esfuerzo para hacerlas”, opina la mujer.

Además de las naranjas y cacahuates con las que se rellenaban las piñatas, los dulces de colación era el regalo esperado por los niños.

La colación, una golosina de pasta de azúcar de la cual se tienen registros en el siglo XVI, escasea en las vendimias de dulces. Los oferentes alrededor de la basílica opinan que ya son pocos quienes recurren a este dulce tradicional para las posadas.

“Ahora es más el regalar los dulces ‘gringos’, ya es difícil que encuentres por aquí”, expresa una vendedora.

REACTIVAR LOS ANTROS

A partir de la primera noche de diciembre la palabra “posada” está presente en el lenguaje de jóvenes y adultos.

“¿Cuándo es la posada de tu trabajo?”, “mala suerte, no me saqué nada en la posada” o la clásica “me invitaron a una posada pero no conozco a nadie, no sé si ir”, son los comentarios propios de cada diciembre.

Para la industria restaurantera los últimos años habían sido malos en lo que refiere a las fiestas decembrinas. La inseguridad que se agudizó en Monterrey a partir de 2006 orilló a los regiomontanos a organizar fiestas en casas particulares y rehuir a las celebraciones nocturnas en restaurantes, salones y hoteles.

En opinión de Mario Cantú González, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Restaurantera y Alimentos Condimentados (Canirac), este año las cosas pintan mejor para el sector.

“Estamos esperando un incremento en el flujo de gente para la primera veintena de diciembre. Estimamos el aumento del 20 por ciento con respecto al año pasado y antepasado”, detalló.

Aunque las posadas originales se festejaban sólo nueve días de diciembre, actualmente la fiesta se extiende durante todo el mes, sino es que hasta enero, con el también ya tradicional “maratón Guadalupe-Reyes”. (Gustavo Mendoza Lemus/Monterrey)

:CLAVES

LOS COSTOS

Figura del Niño Dios
De 85 a 300 pesos.

Figuras de José y María
De 80 a 300 pesos por ambas.

Piñata de siete picos
De 120 a 400 pesos (sin dulces).

Colación
100 gramos a 10 pesos.

Ciento de tamales
Entre 400 y 500 pesos.

Salón de fiestas
De mil 200 a 80 mil pesos.