Eduardo Olmos: la colonia donde anida el abandono

Desde hace 9 años, cientos de familias se han mudado, estableciéndose en pequeñas viviendas de carrizo con techos de hule, donde pasan innumerables penurias día con día.

Torreón, Coahuila

-Amá, ya se metió el agua.

-Ya déjame dormir, me siento muy cansada.

-Amá, es que los zapatos andan flotando en el agua.

El diálogo lo recupera la señora María del Rosario Briones González, quien habita la colonia Eduardo Olmos desde hace dos años, luego de que decidiera dejar la colonia Primero de Mayo para buscar una mejor condición de vida.

En medio de un lodazal y rodeada de los hijos y los nietos, esta mujer de 64 años debe vivir cotidianamente una serie de penurias, toda vez que en tres cuartitos de cartón con techos de hule, debe darle espacio a su numerosa familia.

Alegre dice que es el televisor que le regaló el señor Presidente, beneficiaria de un programa que pretende "mover a México".

"Aquí cuando llueve parece que está llorando Dios. Nosotros nos salimos de la Primero de Mayo por la cuestión de la violencia y porque 'mijo' me regaló este jacalito pa' dejar de pagar renta, y pos aquí vivimos 11 personas".

Mientras los ladridos de los perros arrecian, doña Chayo explica que debe dar protección a siete niños, de los cuales cuatro se quedaron en la orfandad luego de que su hija falleciera.

También a sus dos hijos adolescentes y a su esposo, quien fue precipitadamente pensionado luego de que sufriera un accidente y el tren le mutilara uno de sus pies.

Doña Chayo es en suma amable y permite que se tomen imágenes de su humilde vivienda. Tras descorrer una cortina que le sirve como puerta, la pobreza en un marco de pulcritud se asoma.

La tierra ha sido domesticada y el piso se mantiene limpio aunque es imposible impedir el paso a las moscas, presencia que anuncia un caudaloso chubasco.

En otro de los cuartitos mantiene las camas tendidas y sobre el ropero se encuentra su orgullo encendido. 

Una bebita con un pequeño recipiente la sigue mientras come un poco de arroz con guisado.

El meteorológico advirtió que continuarán las precipitaciones pero, aunque por el momento no llueve, las gotas caen con severidad dentro del jacalito.

Y doña Chayo comienza también a llorar. Porque se siente pobre y abandonada. Porque no sabe qué hacer con tanta familia. Porque se hace de noche y el barrio se convierte en una boca de lobo. Porque si llueve tendrá un río revuelto dentro de su casa. Y porque las autoridades no les avientan siquiera un hule.

"Yo quisiera que me ayudaran. A construir siquiera un cuartito, aunque sea. En este tiempo ni hule nos han traído, nada absolutamente. Mire cómo viven mis hijos. No sé quien le habrá puesto a la colonia Eduardo Olmos, pero ojalá que él supiera cómo vivimos".

Doña Chayo les ha enseñado a sus hijos el valor del trabajo y que deben estudiar para salir adelante.

Tiene a cuatro menores en edad escolar y a todos pretende sacarlos adelante aunque dice, los gastos de la escuela son demasiado altos, en tanto que los mayorcitos trabajan para ayudarla.

Una de sus hijas le ayuda a una señora en el bulevar Independencia haciendo tamales, su hijo trabaja en la obra y una de sus nietas labora en un taller mecánico raspando pintura vieja de los carros. Es un trabajo duro. Más aun para una niña de 11 años.

Doña Rosario es sabia y administra al máximo sus recursos. Por eso cuando no tiene gas pone a cocer los frijoles sobre una pila de bloques y una fogata en su corralito. Igual le sirve de alumbrado porque todas las noches sale a buscar a su hija que regresa a casa en el último camión.

Dice que debe cuidarla porque a muchas muchachas, para robarlas, las han dejado tiradas llenas de golpes. Para poder entrar a la colonia Eduardo Olmos es necesario hacerlo por la calle Miguel Ángel Riquelme.

Lo primero que se deja sentir en este tiempo es un lodazal que va haciendo pesado el camino. Imposible mantener los zapatos limpios. Y ante la presencia de extraños, quienes reciben son los perros y los niños.

Mientras los primeros ladran los segundos preguntan. ¿A qué viene? ¿De dónde viene? ¿Para qué las fotos? ¿Voy a salir en el periódico?

Con mayor confianza empiezan a jugar frente a la lente. Y luego son ellos quienes explican. El cuartito de cartón que está en la entrada de la Lalo Olmos, en la calle de Riquelme, es nada menos que la escuela.

Dicen sus habitantes que al menos son 300 los jacales los que se instalaron de manera ilegal desde hace nueve años. Y se acomodan de a una, dos y hasta tres familias.

Todos los sábados llega "doña Guille" a dar clases a los señores que no saben leer, pero también a los niños. En la colonia Eduardo Olmos viven alrededor de 400 familias, colgadas de peligrosos cables a la red eléctrica y con extensiones de mangueras tienen por breves tiempos agua potable.

Don Ezequiel Galván Cervantes es de los más nuevos en la colonia. Se metió en un jacalito para cuidar materiales y construir cuartos porque es maestro albañil.

-"Yo, don, no. Porque un pobre con don, pos mejor no me diga así".

Con 43 años de edad que parecen más, vive en un cuartito muy particular. En la entrada colocó una imagen de la Guadalupana en tanto que de puerta tiene una madera redonda quemada.

"Aquí tengo pernoctando muy poco tiempo, pero por lo regular estoy aquí echándole acción porque dicen que las ganas se quitan hasta para ir al baño. Sí, nos exponemos a todo por la necesidad".

"Todos vivimos colgados de la luz. Y todos nos estamos goteando ahora, pero mejor esto a no tener nada", sentencia Ezequiel al tiempo en que asegura, la pobreza no es un estilo de vida ni un gusto, sino pura sobrevivencia.