Pulen el piso de la Plaza de Armas al son que se les toque

Cientos de abuelos acuden cada sábado a mostrar sus mejores pasos de baile. Algunos lo hacen con sus parejas, otros van solos, pero todos se presentan con mucha energía y una gran sonrisa.

Torreón, Coahuila

El oleaje de gorras y sombreros al son de la música permite que, de reojo, miren a sus compañeras de baile, también a sus amigos que como cada sábado, se reúnen en la Plaza de Armas de Torreón para gozar de la danza.

Merodeando con lentitud, los rondines de la Policía en el Centro son constantes mientras que los abuelos y abuelas, y las parejas no tan grandes se pasean, se piropean y se saborean con miraditas pícaras al compás de una cumbia, un danzón o de la Macorina.

Mario Alberto Vidales González baila solo. Alegre, dice que viene todos los días aunque tenía muchos años que "no caía a bailar".

-Vengo a los eventos. Tengo un listón, mira. (Se lo colocaron en señal de que cooperó para el sonido).

-Estoy disponible para bailar. Vengo a buscar una persona, soy hombre soltero. Yo soy de La Polvorera.

En los bailes de los sábados, los abuelos y uno que otro colado que no tiene edad, toman la Plaza de Armas de Torreón para bailar, coquetear, y quien sabe, quizá encontrar su media naranja.

En el caso de don José Alberto Morán Rosales, quien dice es maquinista de ferrocarriles. Con aliento aromado a cerveza y sonrisa coqueta, acepta la entrevista a condición de que esta redactora mueva el bote mientras platican.

-Tengo 34 años en Ferromex y sesenta y tantos de edad, no recuerdo. -¿Viene a bailar y a buscar novia?

-Usted sabe, usted sabe. Asegura con picardía en movimiento de baile cadencioso al ritmo de cumbia.

Una vuelta más de la patrulla cargada de agentes y otra vuelta de don José Alberto y se le pregunta cuándo llegó a la plaza a bailar.

-Tengo saliendo poquito, yo vivo en la Luis Echeverría.

Con una sonrisa, abre la boca y grita: -¡Eha! ¡Uhaaa, cabrones!, estos son maquinistas...

Vengo y me explayo, por ratos. Con movimiento de las manos pide que la que escribe se mueva más en el baile. -Ahí, ya estás.

En el último tirón de la canción don José Alberto lanza toda la carne al asador. Y lo hace con tanta alegría que se queda sin aliento. Y de repente, sin más, dice: -Ya estuvo reina. Ya no puedo como antes.