Planificación familiar, una "isla de la fantasía" en el IMSS

Los comunes gestos y malos tratos del personal del instituto parecen no tener lugar en esta área de medicina preventiva, incluso los requisitos para ser atendidos son mínimos.
Quienes acuden buscan prevención en salud sexual.
Quienes acuden buscan prevención en salud sexual. (Raúl Palacios)

En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), pasar de Consulta General a Planificación Familiar es como ir de Mordor a Rivendel en la ficticia Tierra Media.

Los comunes gestos y malos tratos por parte del personal del instituto parecen no tener lugar en esta área de Medicina Preventiva. Tan es así que incluso los requisitos para ser atendido son mínimos.

Es en el segundo piso de la Clínica 2, al fondo de un pasillo poco transitado, donde se ubica el consultorio. A pesar de la calidad y rapidez de la atención, ni siquiera hay fila para entrar.

“¡Pase!”, grita la ginecóloga al escuchar que llaman a la puerta. La acompaña una joven enfermera, quien la asiste en la aplicación de los métodos anticonceptivos a los pacientes.

Es un cuarto pequeño, pero tiene lo necesario. Está dividido a la mitad por una cortina: una parte funciona como oficina; la otra, que cuenta con una camilla, es el área donde se realizan las intervenciones ginecológicas. En las paredes hay imágenes e información sobre los aparatos reproductivos y las formas de evitar el embarazo.

Ante la petición de una asesoría, la doctora, sin poner requisito alguno, verifica el peso, la estatura, la talla y la edad de la mujer interesada. Enseguida presenta las opciones y explica el funcionamiento de cada una.

“Este es el DIU de cobre, actúa como un cuerpo extraño para evitar que el embrión se instale”, precisa mientras sostiene la réplica de un dispositivo, pero cuatro veces más grande.

También hay parches, pastillas, implantes… La oferta es vasta y, además, gratuita.

Una caja de parches Evra, por ejemplo, tiene un costo en el mercado de aproximadamente 350 pesos. En tanto, el precio del implante subdérmico puede rondar los 2 mil 500 pesos. Sin embargo, todos estos métodos se aplican en el Seguro Social sin ningún cobro.

Mientras la ginecóloga continúa su asesoría, es interrumpida constantemente por el sonido de su móvil recibiendo mensajes de WhatsApp. “Perdón, es que por aquí me preguntan cosas los pacientes o me dicen si van a venir”, menciona.

Es enfática al precisar los efectos secundarios de cada método. Por ejemplo: el implante subdérmico solo es recomendable para personas con índice de masa corporal menor a 30, pues regularmente provoca un incremento de peso. Además, pueden presentarse sangrados de manera irregular.

Al final, la especialista concluye haciendo una recomendación personalizada con base en los antecedentes médicos de la persona. “El DIU o los parches serían buena opción”, dice.

Antes de que la paciente se retire, la ginecóloga pide algunos datos básicos para hacer su registro. De hecho, si se cuenta con el número del IMSS a la mano, no es necesario llevar la carta de citas médicas para recibir atención.

“En todas las clínicas la reciben, no tiene que ir forzosamente a Planificación Familiar de la clínica donde consulta”, agrega.

Pese a estas facilidades, no van ni 20 personas por día.

“Ya es mediodía y solo van siete personas, pero ayer, por ejemplo, atendimos como a 14 o 15. Varía mucho, depende el día”, asegura.

Antes de retirarse del consultorio, la paciente es detenida por la doctora, quien le entrega ocho condones y un par de folletos con información de métodos anticonceptivos y prevención en salud.

Un elevador destartalado y repleto de pacientes lleva a la mujer a la planta baja. Rumbo a la salida, el sonido del tráfico de Constitución se mezcla con el de las quejas y discusiones entre el personal del IMSS y los derechohabientes.