Pizcadores y máquinas “compiten” por el algodón

Jornaleros afirman que aunque el pizcado a mano asegura una mayor calidad del algodón, muchos productores no lo comprenden y por ello suelen tecnificar el proceso porque es más económico.
Según el número de kilos que recojan corresponde a la paga.
Según el número de kilos que recojan corresponde a la paga. (Luis Alberto López)

Comarca Lagunera

Desde hace más de medio siglo, Don Simón aprovecha esta época del año para pizcar algodón.

El hombre de 64 años de edad, originario del ejido San Miguel, en San Pedro de las Colonias, recuerda que las primeras décadas realizó la actividad como una forma de ayudar en el sostén de su hogar, primero con sus padres y hermanos y luego para mantener a su esposa e hijos.

Sin embargo, en los últimos años lo ha hecho por tradición y porque afirma "el campo lo llama". Aunque actualmente radica con cuatro de sus hijos y su esposa en Ciudad Juárez, Chihuahua, cada año regresa durante el otoño.

“Cuando joven solía sacar hasta 100 kilos por jornada, pero ahora apenas 64 kilos que me dan ganancias pasadas de los 100 pesos. Otros ganan más y otros menos”.

"También me dedico a esto allá, aquí vengo a visitar a uno de mis hijos que se quedó a cuidar mi casa. Aprovecho un mes para pizcar aquí y luego me regreso con mi familia y realizo la actividad en lo que resta del año", expone mientras recolecta la fibra en un sembradío de ejido Frontera.

Afirma que siempre el campo ha sido lo suyo, pues nunca ha podido acostumbrarse a laborar en una maquiladora y "enjaularse". "Siempre me he movido en el campo, cuando se acababa todo esto me ponía en otras actividades como la siembra del melón. Allá -en Ciudad Juárez- nunca me pude afanar, soy gorreón y no quiero entrar a las jaulas", expresa.

Don Simón comenzó en esa labor a los 12 años de edad, cuando, según recuerda, la recolección involucraba a personas de todas las edades.

Actualmente, afirma, no es muy común ver nuevos pizcadores porque todos los jóvenes prefieren un trabajo en la ciudad.

A pesar de eso, la actividad que realiza no es sencilla porque desde las siete de la mañana hasta el mediodía debe acudir a los campos a empezar la recolección de la fibra blanca.

“Yo comienzo un poco más tarde porque ya estoy grande, pero aún así vengo porque es lo que me gusta y me sirve como ejercicio”, reconoce.

En concreto el trabajo consiste en extraer la fibra de las plantas, limpiarla y colocarla en un saco, posteriormente deben cargarlo y llevarlo a una báscula situada en las afueras de los sembradíos.

Ahí el personal de la maquinaria determina el pago que le dará a cada uno de los pizcadores con base en el precio por kilo que el patrón estableció, en el caso del ejido Frontera 1.60 pesos.

Por su parte, Leocadio Ontiveros, poblador de San Miguel y pizcador en el ejido Frontera, manifestó que actualmente las ganancias de la recolección del algodón son insuficientes para quienes tienen familia, por lo que optan por hacerlo como segundo trabajo.

“Ya no es como antes que simplemente cada pequeña propiedad tenía más de 60 hectáreas sembradas y de ahí se mantenía toda la gente. Ahorita los pequeños meten máquina y la gente solamente se mete en los bordos y cabecera”.

Comenta que en su caso como no tiene familia puede sortear más la situación, sin embargo diariamente con los poco más de 60 kilos que puede recolectar apenas puede tener una ganancia superior a los 100 pesos.

“Cuando joven solía sacar hasta 100 kilos por jornada, pero ahora apenas 64 kilos que me dan ganancias pasadas de los 100 pesos. Otros ganan más y otros menos”, expone.

Aunque el pizcado a mano asegura una mayor calidad del algodón, muchos productores no lo comprenden y por ello suelen usar máquinas porque les resulta más económico.

“El pizcado a mano sale mejor que con máquina, pues de la segunda forma no sale al 100 por ciento. Hay mucho riesgo porque salen animales y víboras entre los sembradíos”, explica.

Ambos pizcadores aseveran que seguirán en la labor hasta que sus condiciones físicas se los permitan, pues las jornadas diarias les implican molestias en la espalda y otras partes del cuerpo, además de que la exposición al sol los afecta.