Pastoral penitenciaria ayuda a fortalecer valores entre reos

La actividad es poco conocida pero sacerdotes y voluntarios asisten a los reclusorios.

Toluca

Lograr la regeneración de niños y adolescentes que han caído en actos delictivos o en adicciones requiere necesariamente del apoyo de la sociedad y la iglesia; "si no hay acompañamiento lo más fácil es que sigan cayendo en vicios y delitos", mencionó el sacerdote Javier Ramírez, quien en un tiempo visitaba a los presos de cárceles de Toluca.

Comentó que "es necesario el cultivar valores humanos, cristianos, ahí está la solución para que la humanidad enderece su camino porque aún cuando llenáramos el mundo de cárceles, mientras no haya valores no va a ser posible una regeneración, más bien estaríamos expuestos a que nuestra humanidad se siga degradando más desde el interior".

Refirió que actividades como el Congreso Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera que se llevó a cabo en Toluca, permiten que jóvenes fortalezcan su fe, empero existen otros que han caído en actividades delictivas que no tienen la posibilidad, ni la iniciativa de acudir a estos eventos.

Por eso es que la iglesia católica realiza la Pastoral Penitenciaria, que es poco conocida y apoyada; sin embargo, son acciones relevantes que ayudan a fortalecer los valores de quienes cometieron una falta para que al salir de la cárcel o del tutelar de menores modiiquen su forma de vida.

Tanto sacerdotes como voluntarios, acuden a reclusorios y centros de readaptación social para menores, en prácticamente todo el Estado de México para ofrecer pláticas y “ayudarles a valorarse, a respetar su dignidad, que sepan que hay un Dios que los ama y no los abandona”.

Señaló que en su experiencia, cuando acudía a la Correccional de Menores, la aceptación era buena “el joven en medio de su rebeldía cree y busca a Dios”; sin embargo, el ambiente en el que viven, matrimonios disfuncionales, con violencia o la falta de alimentos, son factores que los llevan a cometer delitos.

Aseguró que hay de todo, jóvenes pobres, pero también otros que gozan de buena posición económica.“Recuerdo a una muchachita que a los nueve años anhelaba pertenecer al narcotráico y lo logró, no a esa edad, pero sí a los 12, cuando ya dirigía una banda”.

Ingresó al tutelar de menores en donde cumplió los 15 años, a ella buscaron enseñarle valores humanos a través del evangelio, “lo van aceptando poco a poco; sin embargo, el medio sigue arrastrando, estaba muy contenta cuando ya iba a salir, pero sus compañeras la provocaban, ella reaccionaba violentamente y extendían otros tres meses o más su sentencia”, por eso es importante que “haya apoyo de todos.

“Cuando estos centros de readaptación social, abren las puertas a la fe, se ve como los internos cambian, mejoran su vida personal y la relación con la sociedad”.