Ocotlán, un día después del enfrentamiento

Vecinos aseguran que el combate se prolongó por más de dos horas.
La calle Manuel Martínez quedó convertida en una zona de guerra.
La calle Manuel Martínez quedó convertida en una zona de guerra. (Alejandro Acosta)

Guadalajara

No será fácil olvidar lo que ocurrió el 19 de marzo pasado para quienes lo atestiguaron, ni confiar en que la colonia San Juan, Ocotlán, es un lugar tranquilo. A un día del enfrentamiento entre delincuentes y elementos de la Gendarmería que, según el titular de la Fiscalía General del Estado (FGE), Luis Carlos Nájera, ha dejado once muertos: seis civiles (cinco hombres y una mujer) y cinco policías federales.

Cintas amarillas de precaución tiradas en el suelo, ojivas de diversos calibres incrustadas en los muros, ventanas rotas, charcos de sangre impregnada en el asfalto y cristales de automóviles esparcidos por doquier, 29 fueron los dañados por las armas de fuego, son las huellas que reveló la luz de la mañana del viernes sobre el enfrentamiento registrado la noche anterior en la colonia Mascota del municipio de Ocotlán.

De acuerdo a la FGE, aproximadamente fueron recogidos 2,000 casquillos de diferentes calibres como 38 súper, 762x51 y 9 milímetros, decomisaron 10 armas cortas y 18 largas, dos granadas, dos proyectiles de 40 milímetros. “En dónde estamos, en qué guerra o qué”, se cuestiona una mujer que se dice dispuesta a platicar su experiencia siempre y cuando no se revele su identidad, pues entre los estragos de los hechos ocurridos, el miedo es lo que mantiene mayor presencia, “nos tuvimos que meter a encerrarnos en el cuarto, primero pensamos que había tronado el transformador de la luz, ya luego oímos gritos y muchos balazos”.

Vecinos del lugar aseguran el enfrentamiento se prolongó por más de dos horas. “Yo le dije a mi hijo que se agarrara un cuchillo de la cocina y se pusiera listo por si se metían a la casa, yo agarré otro y le pedí a mi mujer que se quedara con mi nieto”, platicó Don Lalo, que de su bolsa sacó varias ojivas que había recolectado del techo de su casa y que no fueron recolectadas por los peritos. “Les dispararon desde arriba, nosotros los escuchamos correr por la azotea, por eso nos daba miedo que se metieran y quisieran esconderse aquí en la casa”.

38 fincas fueron dañadas y frente al hogar del señor Eduardo fue donde se registró el acontecimiento que hasta el momento ha generado mayor indignación entre los ocotlenses, la muerte de un joven de secundaría que se convirtió en una víctima colateral de los acontecimientos.

Poco después de hacer la tarea con un compañero, Isaac se dirigía a su casa a bordo de una motocicleta justo en el momento en que tuvo origen el enfrentamiento. “Aquí lo bajaron de su moto”, comentó un testigo y señaló una mancha de sangre sobre el asfalto, el rastro hemático se prolongaba por espacio de diez metros hasta la puerta de una casa, en donde quedó tendido el cuerpo del alumno del grupo A del tercer grado de la escuela Ignacio Manuel Altamirano, quien habría recibido al menos un impacto de bala proveniente del arma de quien le “pidió” la motocicleta.

Cada vecino de la calle Manuel Martínez contó su historia de angustia e incertidumbre:  Poncho, un niño de once años estaba solo en casa, pues sus padres acompañaban a la abuela en el hospital en tanto ocurría la balacera. “Le mandé un mensaje a mi papá y me dijo que me metiera abajo de la cama y no me saliera”. Poncho dice que no pudo evitar llorar porque no sabía lo que pasaría y aunque sus papás se mantenían comunicados con él por mensajes y llamadas, la realidad es que se encontraba solo.

Elementos de la Gendarmería y supuestos sicarios convirtieron la calle Manuel Martínez en una zona de guerra, contar el número de impactos de bala en las fachadas de las casas sería casi como intentar contar los peces que nadan en un estanque, la violencia ha marcado no solo a esta colonia, sino a todo un municipio que no está acostumbrado a eventos de esta dureza, mucho menos de la magnitud que presenciaron.

A casi 24 horas después de lo ocurrido no existe dependencia gubernamental alguna que se haya preocupado al menos por mejorar la imagen de las calles, que se mantienen teñidas de rojo en diversos puntos. “No han sido buenos ni para echarle cal a la sangre”, señaló una vecina, mientras tanto, cualquier cantidad de personas se da vuelo tomando fotos y compartiéndola en las redes sociales, donde ya abundan imágenes de los cuerpos, de las viviendas afectadas y de la sangre de aquellos que perecieron en esta situación que se ha vuelto cotidiana en algunas partes del país.