Ser altruista implica un valor profundo en el corazón

Los psicólogos, Berkowitz y Schuartz, explican que existe una norma de la Responsabilidad Social que se manifiesta en personas que sienten el deseo de ayudar desinteresadamente.
Ayudar a nuestro prójimo alivia un poco nuestra tristeza o nuestra situación personal.
Ayudar a nuestro prójimo alivia un poco nuestra tristeza o nuestra situación personal. (Domingo López Bustos)

Matamoros, Coahuila

Según estudios de científicos y psicólogos, se ha descubierto que existe una Norma de Responsabilidad Social en los humanos.

Se manifiesta en personas con un enorme deseo de ayudar sólo por sentirse responsables u obligados a ayudar a las demás personas y así estar bien con ellos mismos, aún y cuando ponen en riesgo su vida.

Explican los psicólogos: Berkowitz y Schuartz, que para ser una persona altruista, se requiere de un valor profundo en el corazón, porque no siempre estamos dispuestos a prestar ayuda a cambio de nada.

De acuerdo con la teoría de la Reciprocidad, ésta se aplica entre personas que hacen los favores, sabedores de que los van a devolver pronto, o tarde que temprano.

Siempre esperamos que la persona que ayudamos nos pague y si vemos que alguien pide ayuda, pero que no podrá retribuirnos ese favor, simplemente no se la damos.

Entonces el pobre, el humilde, el que no puede devolver los favores, no tienen derecho a ser ayudados, porque una persona de escasos recursos económicos carece de todo, pero no de humildad y sencillez de la que muchas personas carecen. 

Los psicólogos sociales modernos han elaborado algunos estudios para examinar a las personas que realizan actos altruistas.

Una de las posibles explicaciones sobre este tipo de conductas es la del 'Intercambio Social' que dice que las interacciones humanas están guiadas por una economía social, donde no sólo se intercambian bienes materiales y dinero, sino bienes sociales como el amor, los servicios.

Al hacerlos, estamos utilizando la estrategia llamada "mínimax", o sea minimizamos los costos y maximizamos las recompensas.

Por lo anterior, se puede decir que son muchas las influencias por las que se participa en la inhibición o el estímulo de practicar el altruismo:

Después de haber visto a una persona ayudando a otra u otras, es como si nos incitara a hacer lo mismo, aunque no en forma general.

No estamos contrariados, es decir no tenemos mucha prisa por hacer alguna labor; estamos alegres, porque al ayudar a nuestro prójimo alivia un poco nuestra tristeza o nuestra situación personal, familiar, social.

Lo cierto es que todos debemos asumir una responsabilidad, de sentir un compromiso con los demás, ayudar a sentirme bien, exceptuando ayudar a alguien esperando ser recompensado, sea cual fuere la forma de nuestra ayuda, no debemos arrepentirnos, porque entonces no valdría la pena realizar la labor altruista.