Nadia Porras: transformando el Cristal en Oro

Torreón vio nacer a una pequeña de ojos claros, que pocos años más tarde se convertiría en un ejemplo a seguir, no solo a nivel nacional, sino que alcanzaría reconocimiento internacional.
Nadia Porras, a pesar de haber nacido con Osteogenesis Imperfecta, logró competir en eventos parapanamericanos y paralímpicos.
Nadia Porras, a pesar de haber nacido con Osteogenesis Imperfecta, logró competir en eventos parapanamericanos y paralímpicos. (Miguel Ángel González Jiménez)

Torreón, Coahuila

Hija de Luis Salvador Porras López y Lidia Ruth Izquierdo García, nació el 07 de Marzo del año 1992, Nadia Cristina Porras Izquierdo.

La mayoría de los casos de OI se heredan de los padres, aunque algunos casos son el resultado de nuevas mutaciones genéticas.

Siendo la segunda de tres hijos, Luis el mayor y Daniela la menor, Nadia nació con una enfermedad llamada Osteogenesis Imperfecta, la cual, se trata de un trastorno genético y que se caracteriza por una fragilidad excesiva de los huesos, como consecuencia de una deficiencia congénita en la elaboración de una proteína, el colágeno tipo I.

En efecto, Nadia Porras es una niña de cristal.

Nadia recuerda una niñez muy rica en experiencias, las cuales, dice convencida, nunca fueron diferentes a las de sus hermanos o amigos, lo único que las hacía diferentes, era haberse divertido sobre ruedas.

No recuerda cuando fue que comprendió con exactitud la enfermedad que padecía, dice que desde que se acuerda tiene la noción de lo que es la osteogenesis.

De pequeña sabía que aunque sus responsabilidades como hija y sus labores tenían que ser iguales a las de sus hermanos, tenía que manejarse con más cuidado, pues de otra forma, se lastimaría y no podría hacer las cosas que le gustaban, como ir a nadar o ir a la escuela, siempre disfrutando mucho a pesar de los cuidados que tenía que tener y sin ponerse nunca una limitante.

"Pues muy bien, como es lo único que conozco, me encanta mi vida y no la cambiaría por otra cosa. La osteogenesis es para mí, algo muy importante y siento que si no la hubiera tenido, no hubiera cumplido tantas metas, como hasta ahora"

Nadia nunca ha llevado la cuenta de las fracturas que ha sufrido, dice que sus papás lo hacían, pero que después de las 200 fracturas, decidieron dejar de contar.

Más de 200 fracturas y solo tiene 23 años. Recuerda las fracturas de fémures y de costillas como las más dolorosas que ha sufrido.

Como parte de su rehabilitación, Nadia ingresó desde muy pequeña a una escuela de natación, sin saber cuántas satisfacciones le traería esta disciplina deportiva a través del tiempo.

La finalidad, mejorar su condición pulmonar y fortalecer sus músculos para que estos a su vez protegieran a sus delicados huesos.

Posteriormente cuando tenía ya 8 años en la INCA , en Torreón, hizo equipo con la que por muchos años fue su entrenadora y quien la llevo a sus primeras competencias sobre silla de ruedas, la profesora Consuelo Martínez.

"Ahí tuve la visión de lo que quería hacer y me enamore, así que ahí me quede muchos años"

A sus 8 años participaba en sus primeras competencias, las cuales se llevaron a cabo en el colegio Cumbres y Alpes.

Nadia se daba cuenta que los representantes paralímpicos mexicanos daban muchos y muy buenos resultados a nuestro país y un día mientras veía con su mamá una carrera de la velocista mexicana, Ana Gabriela Guevara, Nadia le pregunto si algún día ella podría estar ahí, en unas olimpiadas, en un podio.

La madre de Nadia a sabiendas de las virtudes de su hija, le contesto convencida que ella llegaría a donde quisiera.

A partir de ese momento no hubo quien la detuviera. No tardaron en venir sus primeros juegos nacionales y al año que siguió, ya formaba parte de la selección mexicana de deportistas paralímpicos.

A sus 13 años tuvo la oportunidad de participar en sus primeros juegos mundiales.

Fue hasta que veía su nombre es las convocatorias de la selección nacional, que se dio cuenta de la magnitud, de la seriedad que eso representaba.

Sabía que tenía que cambiar su mentalidad para trabajar a la par de sus compañeros de selección, pues el que le seguía en edad, tenía 24 años, el doble que ella.

"La alberca para mí, es mi templo de libertad. Ahí no hay paredes, no hay piedras, no hay frenos ni golpes, no hay dolor"

Su primera competencia nacional se dio en 2004 en Tepic Nayarit, donde sólo pudo competir como exhibición, porque apenas tenía 12 años.

Fue en este viaje donde conoce a Fernando Vélez, entrenador de la selección nacional y considerado por Nadia como su segundo papá, pues comenta con gusto, la cuidaba, le enseñaba y también la hacía renegar y llorar en la alberca, era dice ella, una chistosa relación de amor y odio.

Ese mismo año, en noviembre, fue elegida como proyecto para Beijing 2008.

En 2005 con apenas 13 años, participó en sus primeros juegos mundiales. Separada por primera vez de su familia, platica que le fue muy difícil, pues nunca había salido sin su familia.

Sus padres le permitieron volar, pusieron su fe en ella y le dieron la oportunidad, a sabiendas de su corta edad y de los peligros que podría enfrentar.

"Yo creo que en algún momento tal vez se preguntaban cómo es que me habían dado permiso estando yo tan chica, pero ya cuando vieron que era lo mío y que era lo que más me gustaba, pues siempre me siguieron apoyando"

A los 14 años, en 2006 participó en el campeonato mundial de natación en Sudáfrica. Recuerda haber viajado 36 horas en avión para llegar a su destino. Fue una competencia difícil, pues se encontraba con los mejores nadadores del mundo.

Se ilumina su cara al recordar la fiesta que se les ofreció al termino de la competencia, donde bailo y disfruto mucho.

Nadia sitúa el mejor punto de su carrera en los juegos parapanamericanos de Río de Janeiro en 2007. Ese año obtuvo 4 récords nacionales, 2 récords parapanamericanos y 1 récord juvenil.

Estando Nadia en el podio recogiendo su última medalla en estos juegos en Brasil, y envuelta en lagrimas por la emoción, pierde el ramo de flores que le dieron.

Al bajar del podio y agarrar el ramo, se da cuenta que tenía un dolor muy fuerte en su pierna, ella sabía que era el clavo que llevaba colocado en el fémur de su pierna.

Al llegar con el equipo, todos se conmovieron al verla llorar, pero nadie se dio cuenta que aquellas lagrimas ya no eran de alegría, sino de dolor.

Fue hasta que llegó con su entrenador, Fernando Vélez, quien la conocía tan bien, que se dio cuenta de inmediato de lo sucedido y no tardo en llevarla con la doctora que los acompañaba en la delegación en la alberca ese día.

Al llegar a México fue operada de urgencia porque eso representaba el ir o no a China.

"Luego en 2008 me rompí un pie, era como un plan conspirador contra mí, pero siempre les digo que Diosito me quiere mucho, porque a pesar de todas las cosas ahí me tenía y ahí me tuvo por muchos años y ahorita aquí me tiene"

Acompañada por su madre y su hermana Daniela, en Beijing 2008 Nadia no corrió con tanta suerte pues al estar compitiendo en su mejor prueba, quedo fuera por 40 centésimas de segundo, obteniendo el noveno lugar.

Compensando el trago amargo, Nadia recuerda con agrado la felicidad que sintió cuando, su padre y su hermano Luis llegaron a China.

En Guadalajara 2011 gozó su última competencia oficial, en los juegos parapanamericanos que se llevaron a cabo en esta ciudad.

Fue una competencia especial para Nadia, pues nunca le había tocado participar en una competencia internacional en donde fueran sede.

Para Nadia fue una competencia difícil, pues aun cuando no lo comento más que con su madre, sabía que otra vez traía problemas con los clavos que llevaba en sus piernas, sabía que su hombro estaba mal y que tenía que operarse.

Admite que fue muy irresponsable de su parte haberlo hecho de esa manera, pero no quería frenar su actividad.

No era la primera vez que algo así le sucedía a Nadia, en 2006 había tenido un accidente en el gimnasio y se había roto dos costillas y lo escondió por dos semanas.

Era tan fuerte su deseo de querer estar ahí que atentó, dice ella, en contra de su propia salud.

"No era lógico que hiciera tan mal uso de mi cuerpo, cuando en primer lugar Dios me lo dio y como siempre digo, tienes que cuidarlo como un templo y en segundo lugar, siendo una representante nacional, tenía que tener yo la responsabilidad con mi cuerpo, porque mi cuerpo era mi arma de trabajo"

Mejoró su marca y obtuvo una medalla de bronce. Al término de la competencia, por fin tuvo el valor de hablar con su familia y confesar lo que estaba pasando.

Fue algo muy doloroso para Nadia, pero lo enfrentó con valentía. Sabía que llegando a Torreón tenía que atenderse y, si era necesario, someterse a cirugía.

Esperanzada en escuchar buenas noticias, esperaba que con una operación o dos quizá, pudiera regresar a la alberca al siguiente año. Pero el diagnóstico fue otro. Ambos clavos, el derecho e izquierdo habían roto el fémur de cada pierna.

Su hombro izquierdo ya no tenía cartílago y su hombro derecho estaba calcificado, aparte se había desviado la nariz. Para Nadia era una pesadilla y es algo que aun le duele mucho, pero acepta que el tiempo le ha ayudado a aceptarlo.

"En ese momento sentía que el mundo se me venía abajo, porque el mundo como lo conocía ya iba a cambiar, porque toda mi vida era: alberca-estudios-casa, y ahora iba a ser sólo estudios y casa"

Buscando segundas opiniones visitó médicos en el Distrito Federal y Saltillo. La conclusión: solucionar todo y luego volver a terminar con su cuerpo y terminar con la salud física que aún le quedaba, y terminar tan lesionada que no pudiera disfrutar el resto de su vida.

Hasta que aceptó que su cuerpo, el cuerpo de una persona con osteogenesis, no estaba diseñado para desgastarlo de esa forma de alto rendimiento. Ese mismo año le operaron el fémur derecho, y además le quitaron el apéndice.

Su fémur izquierdo tuvo tanto degaste que se adelgazo casi a la par del clavo, siendo una cirugía delicada la ha pospuesto, pues sabe que la operación implica romper todo el hueso y volver a colocar la varilla, lo cual significa frenar toda su vida en seco, teniendo apenas 23 años.

Nadia y su familia se encuentran buscando alternativas, terapias, medicamentos que mitiguen el dolor mientras toma la decisión de iniciar esta nueva etapa de cirugía y recuperación.

Debido a la lesión en su pierna, Nadia se vio imposibilitada para buscar su pase a los juegos paralímpicos de Londres 2012.

"Tenía casi una rueda allá, pero no se pudo y fue seguir con mi vida y continuar con mucho dolor, mas que físico emocional porque era mi vida, era estar acostumbrada a no tener tiempo de hacer mas cosas porque estaba entre la casa entre la escuela y el deporte y de repente tenía tiempo de más, dure mucho tiempo sin poder dormir completamente, porque tenia demasiada energía que no había gastado y tenia muchas cosas que me atormentaban, el querer regresar a la alberca y no poder"

Su estilo de nado preferido siempre fue "dorso". Le parecía divertido y tan dominado por Nadia que no tenía que estudiarlo tanto mientras lo ejecutaba, tan es así que al hacerlo podía ir cantando, platicando o pensando en algo más. Por cuestiones de su patada, el estilo de nado que menos disfrutaba era "pecho".

Para Nadia, estar en el podio era muy bonito, dice que a veces no se la creía. Le era tan difícil creer que por ella, la bandera Mexicana estuviera en lo alto. Aunque sabe que sin su equipo, sus entrenadores, su familia, la federación y la CONADE, no hubiera podido ocurrir.

"Sentía muy bonito y siempre me sentía muy agradecida no sólo en mis malos momentos, porque me hicieron aprender, sino también en los buenos porque supe agradecer y nunca quitar las rueditas de la tierra para poder siempre estar con esa mentalidad de que uno no se hace solo"

Nadia no se considera un ejemplo a seguir, dice que tiene muchas cosas que aprender, pero sabe que lo que ha logrado ha sido de valor para otras personas y le da gusto. No se considera alguien demasiado relevante, sólo alguien que a lo largo de su vida ha hecho las cosas que más le gustan.

Al preguntarle por cuantas medallas tiene, comenta que ninguna, pues todas, sin excepción, son de su mamá. Desde su primera medalla, una de plástico que ganó en su primera competencia de escuelita en el Cumbres y Alpes hasta la última, se las dio a su mamá. Dice que aproximadamente son 80 y las conserva en un medallero de madera muy bonito que mando hacer su mamá.

Actualmente Nadia forma parte de un organismo internacional de jóvenes líderes, estudia la licenciatura en relaciones internacionales en la UVM y me comenta con gusto que ya tiene dos años que maneja. Además es oradora y conferencista.

"No era lógico que hiciera tan mal uso de mi cuerpo, cuando en primer lugar Dios me lo dio y como siempre digo, tienes que cuidarlo como un templo".

Disfruta sus últimos momentos que le quedan como estudiante de licenciatura, a veces sale con sus compañeros entre semana, hace la tarea, los fines de semana disfruta a su familia, amigos y novio. Sabe que son nuevas etapas y las disfruta al máximo.

Lo siguiente, graduarse y recibir su titulo. Además espera recibir una certificación que termina en enero, pues el año pasado se fue a estudiar a Francia.

Su mayor apoyo, su madre, a quien describe con voz entrecortada como "hermosa", porque dice Nadia, tiene un corazón gigante y a quien agradece por todos sus sacrificios y por estar a su lado y llorar con ella todas y cada una de sus fracturas. Asegura que Diosito, como ella le llama, no pudo haberle puesto una mamá más fuerte.

Ella es Nadia Porras, la niña de cristal que ganó oro, plata y bronce para México.