REPORTAJE | POR LILIA OVALLE

La otra avenida Morelos

ÉXITOS MUSICALES, Tienda de discos

En la Morelos, en esa avenida que se acerca a la calle Múzquiz, existe una discoteca donde los cassettes, discos compactos y DVD's remontan al pasado, además de albergar otras "sorpresas" como la venta de VHS y discos de acetato.

"Éxitos Musicales" se ubica sobre la avenida Morelos, cerca del Mercado Alianza.
"Éxitos Musicales" se ubica sobre la avenida Morelos, cerca del Mercado Alianza. (Lilia Ovalle)

Torreón, Coahuila

Alejada de los planes gubernamentales, que pretenden abrir la calle a los peatones y a los bares en el Paseo Morelos y tan cerca del mercado Alianza, que sus negocios se ubican en una zona roja.

La avenida Morelos, esa que se acerca a la calle Múzquiz (entrada vial que comunica a las ciudades de Coahuila con las de Durango), esa avenida sobreviviente en el poniente, es considerada por sus locatarios como el ombligo del Rancho del Torreón, sin duda, sector fundacional en la historia de lo que hoy es la zona metropolitana de la Comarca Lagunera.

"Tengo una hija que me dice que mejor cobre por terapia, porque aquí viene gente que se siente mal, pero aquí tiene calor humano porque lo escuchamos".

En ese sector de la avenida, entre las calles Ramos Arizpe y Múzquiz, se encuentra la discoteca "Éxitos Musicales", donde se maneja el concepto de que un disco es un regalo grabado.

Es en su entrada donde se coloca estantería y conviven los cassettes, los discos compactos y los DVD's que remontan al pasado.

Otras sorpresas alberga el negocio, que además vende cintas VHS y discos de acetato junto a pañales desechables.

En el espacio de las películas, junto a un bolero de banqueta, se puede ver en venta la película Otelo que interpretó Orson Welles, junto a los Brothers del Capo o Mexican Blow.

Dos estantes más abajo se asoma Grandes Esperanzas en su primer versión filmada en 1946 y que fue ganadora de dos Óscar, junto a Saw el juego macabro y a Madame Bovary.

En el mostrador de los cassettes, esos a los que se les metía un lápiz para adelantar o retrasar la cinta de audio, se ven las producciones de Poncho Cabrera, Julio Iglesias, Basia, Yuri A. C., (sí, Antes de Cristo) y la de Luis Miguel en vivo a 20 pesos.

El exhibidor de los de a 10 pesos muestra a Silvana, que después tomaría el nombre de Belinda, con las canciones de la novela Cómplices al Rescate que incluye el éxito de El Sapito, junto al cassette de Jaime Camil, quien aseguraba que cantaba.

Abanico de debut y despedida para muchos que intentaron hacer carrera musical comercial.

Pero dentro del local, los éxitos musicales que son considerados joyas se apilan en un aparente desorden que obedece a la clasificación de mercancía de acuerdo a cada casa disquera, que a finales de las década de los noventa fueron evaporándose hasta unificarse en Fonovisa.

Allí las Jilguerillas le hacen espacio Camilo Sesto, Juan Gabriel, Mónica Naranjo, The Cure, Lorenzo de Monteclaro, José José, Rammstein, Pandora, Queen, Creedence, Los Tigres del Norte o los Beatles junto al conjunto Primavera, Mundo Miranda o Los Rieleros del Norte.

Esta tienda, que cumple en este 2016, 31 años de vida, desde hace 4 años cambió de administración, teniendo la posibilidad con ello de tomar un nuevo aire que le permite mantenerse en el lugar.

Alejandrina Carrillo explicó que más que vender música, lo que se recupera es el recuerdo de las personas.

Ella misma dice que Lorenzo de Monteclaro cantaba adolorido "Me dejaste abrazado de un poste" y Juan Gabriel hacía publicidad al "Noa Noa" cuando ella tenía 6 años de edad.

"La música es terapia y aquí la puedes comprar hasta en abonos de a 10 pesos. En los discos manejamos precios de 50 y hasta los 250 pesos, porque tenemos algunos que nos envían desde Colombia".

"Aquí, aunque está considerada una zona roja, ha venido gente de Galerías que no encontraron en Mixup su música y es gente de La Laguna, pero también han venido de Múzquiz y hasta de Monterrey".

Amable en extremo, Alejandrina explicó que al tomar las riendas del negocio, que le pertenece a un cuñado, llegó un señor pidiendo una canción.

Al no saber su nombre comenzó a cantarla. Era necesario recuperar el recuerdo debido a que su mujer había muerto y era parte de su historia de vida.

"Así pasó también con un señor que llegó pidiendo música de Apache. Se llevó todos los discos. Nos dijo: 'Quiero tenerlos todos, porque era lo que le gustaba a mi hijo y me lo acaban de matar', y el señor comenzó a sacar todo lo que traía".

"Tengo una hija que me dice que mejor cobre por terapia, porque aquí viene gente que se siente mal, pero aquí tiene calor humano porque lo escuchamos".

Alejandrina estudia en la iglesia católica para ser agente pastoral y cree que se realiza un trabajo similar en medio de la cumbia de "La rajita de canela", porque la mayoría de sus clientes provienen de los ejidos y los barrios pobres de La Laguna. Y algunos otros viven en estado marginal o de abandono.

Ellos, los clientes, buscan la música de Juan Montoya o Pedro Yerena, quien le canta a una lámpara sin luz, o El Coyote Blanco que con ritmo de acordeón norteño en menos de 3 minutos resume el "pa'que aferrarse a las pasiones porque el amor se acaba y como el dinero y el orgullo, se vuelve nada".

En cuanto a las películas, en el botadero de 30 pesos esperan los clásicos hollywoodenses, las producciones de Vicente Fernández y las joyas de Pedro Infante y Cantinflas.

"La gente grande se lleva la música del Coyote Blanco, de Pedro Yerena, de Primavera, pero aquí todo se vende, desde Julión o Pepe Hernández, pero también de Pearl Jam o Fito Páez o Draco Rosso, tenemos pues todos los de Menudo y Parchis".

Mientras conversamos, entra un hombre de edad avanzada en condición de abandono. Ella explica que pide música grabada en su memoria.

Por el servicio cobran 30 pesos pero él la aparta con diez. El hombre permite que se le tome una foto y tras asegurar su apartado, se marcha.

"La música es terapia y aquí la puedes comprar hasta en abonos de a 10 pesos. En los discos manejamos precios de 50 y hasta los 250 pesos, porque tenemos algunos que nos envían desde Colombia".

El Torreón de principios del siglo pasado cobra vida a través de la música en esta tienda que coexiste con negocios de ropa vaquera, otros que ofertan botas hechas a mano, así como tlapalerías y cantinas custodiadas por los perros callejeros, que buscando una sombra se echan en las entradas.

"La música te hace retroceder a tu pasado y al de tus antepasados. Dices 'esta música la escuchaba mi abuelito', 'con esa música mi abuelita lloraba', la escuchábamos en los discos de acetato pero la música te hace reír, te hace cantar, te hace bailar, te hace llorar, la música es terapia y por algo lo dicen los psicólogo".

Apuntó Alejandrina que sí lograron soportar la crisis de inseguridad, es decir, quedarse cuando en la Alianza se desataban las balaceras y los grupos criminales dejaban el tiradero de cristianos en la calle.

Ahora lo que se necesita es trabajar para mantener sus negocios, porque en realidad el sitio es estratégico y cuenta la historia de la fundación de la ciudad.