CRÓNICA | POR ALEJANDRO SUÁREZ

"Exhiben desde la rueda, hasta el inhodoro"

Museo de El Rehilete; 17 años de intercalar diversión con ciencia

Inventos que cambiaron el modo de vida integran la exposición "Genios y genialidades" en el Museo de El Rehilete.

Con solo una bicicleta, los niños aprenden la Teoría de la Relatividad.
Con solo una bicicleta, los niños aprenden la Teoría de la Relatividad. (Héctor Mora)

Pachuca

Desde la rueda hasta la tasa del baño; inventos que cambiaron el modo de vida de las personas en los últimos, qué será, miles de años. Son tan simples que hasta un niño puede saber cómo funcionan, o al menos eso piensa la gente del museo El Rehilete por lo que puso este par de objetos y otros más en una de sus salas, y no se trata del baño.

Para ser más precisos, y la ocasión lo amerita, se trata de la exposición "Genios y genialidades", cuyo objetivo es ser el regalo por los 17 años del museo que intercala la diversión con la ciencia. Es una fiesta donde los invitados son los niños con sus familiares, guiados siempre por los competentes anfitriones del recinto.

Motores eléctricos, enormes cámaras fotográficas como las que usaban los padres de los pequeños que ahora miden sus imágenes por pixeles no por rollos, una bicicleta como la que usaba Albert Einstein para deducir los misterios del universo o una imprenta como en la que Gutenberg imprimió la biblia hace un par de siglos, pero vayamos por partes.

Justo en la entrada hay una estructura, como si fuera una caseta telefónica tipo inglesa, pero sin ventanas y al frente unas figuras que fingen ser lentes; atrás una puerta para que el individuo se convierta en rollo para presenciar cómo funcionaban las cámaras fotográficas análogas.

De la bicicleta de Einstein podemos decir que explica su teoría más famosa: la de la Relatividad. Según dice la placa del objeto, si una persona pudiera viajar a la velocidad de la luz, el tiempo correría más lento, la fuerza de gravedad sería mayor y por lo tanto los objetos se harán más pequeños, ¿fácil no?

Para demostrarlo, la bicicleta tiene un reloj que corre tan rápido como el de un maestro en examen final, para detenerlo alguien debe de subirse a la bicicleta (estática desde luego) y pedalear lo más rápido posible. Un par de chicos lo intentan con poco éxito.

De la imprenta, pues los visitantes, en este caso una familia, ven al anfitrión formar la palabra Lalo en una placa que será impresa en un papel. Es algo tan sencillo hoy en día que niños y adultos se sorprenden por la simpleza del aparato, nada que ver con las impresoras de láser del siglo XXI; la ventaja de lo viejo es que al menos no se acaba la tinta.

Pero el festejado tiene mucho más que ofrecer, como el alebrije gigante de la entrada principal. Es como un dragón, con pinta amigable, una sonrisa que invita a los niños a disfrutar de la ciencia, ver y entender qué es la electricidad estática o dejarse atrapar por una bola de jabón (al menos con ésta los visitantes que no se bañaron lo aparentan).

Para finalizar la fiesta, nada mejor que música. Pero aquí hay una clase superior de cultura, o al menos eso presume El rehilete, por eso en vez de ritmos tropicales hay la denominada música clásica: Carmina Burana y su apertura O fortuna.


Es una celebración a la altura de los 17 años de El Rehilete, el lugar donde los chicos y grandes se acercan a la ciencia sin necesidad de traer bajo el brazo un libro del tamaño del directorio telefónico.