CRÓNICA | POR ERIK VARGAS

“Mucho amor chaparrita, ajúa”

El ambiente que se respiraba en Tampico era dulce y alegre por las muestras de amor que se dejaban ver.

Tampico respiraba amor
Tampico respiraba amor (Yazmín Sánchez)

Tampico

El centro histórico es un globerío. Los muñecos de peluche viajan bajo el brazo o en la espalda. Todo es San Valentín. Hacía mucho que Tampico no era tan vivo.

La Plaza de Armas está medio invadida de sol, y muy invadida de palomas y gente.

La aplicación del tiempo en el smartphone dice que la ciudad está, a las 11 de la mañana, con una temperatura de 21 grados centígrados, pero por alguna razón de ingeniería urbana, la calle peatonal Díaz Mirón, aún sombreada a esta hora, tiene siempre ráfagas de aire, hoy, frío.

En ella hay grupos activistas repartiendo condones, mujeres que venden pastel ya casi sin pastel, Pepito el Terrestre por momentos acompañado y las mesitas del café semiplenas.

En una de ellas está María Antonieta. Ella es estudiante de bachiller y está acompañada de dos amigos. Son señuelos.

El atractivo del centro de Tampico ha sido y es el corazón gigante frente al Palacio Municipal, escenario de fotos, y que horas antes fue sede de una manta declaratoria de amor para Ernesto, que tardó en llegar casi una hora. Dejará de ser el atractivo.

Las miradas se fijan hacia un andador de la plaza. Desde el centro, Enrique es escoltado por un grupo de siete mariachis. Ella no puede verlos porqué está de espalda.

"Hermoso cariño, hermoso cariño, que Dios me ha mandado, ha ser destinado nomás para mí...", cantan los uniformados todavía a unos metros de la mesa del café.

Antonieta voltea, se sonroja. Él, con globo en mano, llega y la besa.

Un hombre en el cajero cede su turno para ver; la gente en el café se levanta de su mesa y los meseros dejan de servir; los otros enamorados se acercan; Todos los que caminan por la peatonal se detienen. Los teléfonos comienzan a grabar.

Por un momento todos se olvidan del corazón y las palomas.

"Beso, beso...", se escucha. Por alguno de los motivos, la gente se acerca.

"Cántele, cántele", le dicen a Enrique los jóvenes mariachis, pero solo ríe y se quita la mochila.

"Globos, globos", anuncia el globero aprovechando el hacinamiento para vender.

"Con permiso", le dice los que graban.

"...y quiero gritarlo hermoso cariño, que Dios ha mandado, nomás para mí".

Desde el centro de la plaza, a la peatonal, se escucha el aplauso.

"Beso, beso...", cantan los mariachis; él la besa. "Mordida, mordida...", cantan nuevamente. El globero pasa nuevamente, ahora por atrás.

"Si me dieran a elegir una vez más, te elegiría sin pensarlo, es que no hay nada que pensar...", entonan. Varios corean.

De pronto más de cien personas rodean a Antonieta y Enrique.

En ese momento pasa Magda Peraza, la popular ex presidenta municipal de Tampico, con regalos en mano y desapercibida.

Una joven del grupo de las asistentes del DIF sigue la canción de los mariachis hasta que termina. Luego se une a los aplausos.

"Mucho amor chaparrita, ajúa, ¿una más?", le dice uno de los mariachis a Enrique; "Así está bien", contesta; "¿el Mil amores?", bromean los músicos y se alejan.

Algunos se quedan por minutos viendo a la parejita, luego también se alejan; se despiden los dos señuelos; las cámaras.

El corazón, las ardillas y las palomas vuelven a ser atracción.