Monumento Natural, título anhelado para Xaltatempa

Asesorados por Marco Sánchez Martínez de "Puebla las 7 Regiones" acaban de abrir un "truchero" que da trabajo a 200 personas

Xaltatempa de Lucas

Picar piedra" no es solamente una metáfora para los campesinos serranos que se agruparon en la asociación Zempoal Tekitine que desde hace 10 años construye un proyecto de ecoturismo rural en Xaltatempa de Lucas, en Tetela, y ahora buscan que las cascadas y su acantilado sean declaradas Monumento Natural.
Formada por descendientes de los soldados del general liberal Juan Francisco Lucas que, por el cobijo que dio a su tropa, pasó a la historia como "El Patriarca de la Sierra", Zempoal Tekitine es una suerte de cooperativa rural que en el nombre lleva la penitencia: "veinte trabajando".
Los campesinos y sus familias no paran: lo mismo han hecho faenas para traer la luz al pueblo -hace apenas 34 años-, que levantado cabañas o trazado y acondicionado el sendero de dos kilómetros de longitud, con todo y barandal, para bajar al portentoso cañón donde se encuentran las cascadas de Aconco (ollas de agua).
"Adentro de la arenita", como se traduce del náhuatl, Xaltatempa es una junta auxiliar del municipio de Tetela ubicada a mil 580 metros sobre el nivel del mar, habitada por casi 800 personas, a 15 kilómetros de la cabecera municipal de Tetela amenazada ahora por una concesión minera de más de 10 hectáreas de terreno otorgada a Frisco, la empresa del ahora segundo hombre más rico del mundo, Carlos Slim Helú.

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Todo a pulmón. Con voluntad, con sus manos y con dos insignificantes partidas de recursos públicos que les han entregado luego de largas antesalas en las dependencias gubernamentales y mucha burocracia, orgullosos muestran lo que han logrado para sostener a sus familias, después de que el precio del chile serrano, principal producto de la región, se fuera a pique o quedara a merced de los coyotes, los ganones de siempre, y muchos tuvieron que abandonar sus cosechas.
Asesorados desde hace tres años por Marco Antonio Sánchez Martínez de "Puebla las 7 Regiones" acaban de abrir un "truchero" en la margen del río Xaltatempa, que nace en el Zempoala, el proyecto ecoturístico da de comer a unas 200 personas entre propietarios y trabajadores, y esperan, en el corto plazo emplear a "todo el pueblo, para que si no crece, cuando menos no tenga que migrar".
"Este esfuerzo debe ser ejemplo para todo el país", dice satisfecho Sánchez Martínez. "Es gente que dice 'vamos a hacer esto' y lo hace, no importa que no hayan bajado los recursos públicos. Ellos no sólo estiran la mano. Vienen de una tradición liberal, de lucha y eso les da otra manera de ver la vida"

ASÍ COMENZÓ TODO

"Tú estás loco", cuenta que le dijeron sus compañeros, el sonriente Rubén Mora Huerta cuando les propuso abrir camino al cañón y a las briosas cascadas en que unen sus aguas los ríos Zempoala y Papaloateno, aunque en ese momento no tenían en mente construir unas cabañas, cultivar truchas ni dar de comer a los paseantes.
Entonces don Rubén era la autoridad de Xaltatempa, pueblo que se fundó con el reparto de tierras que hizo Juan Francisco Lucas a sus soldados luego de la Guerra de Intervención en el siglo XIX en la que sobresale la batalla de Puebla el 5 de Mayo de 1862. "El general Lucas dominó este suelo y luego él se lo dio a sus soldados".
"Vamos a hacer el camino a las cascadas, dijimos, y lo hicimos manual. Aquí no entró ninguna máquina", señala mientras muestra la serpenteante vereda de dos mil metros que baja por todo lo largo del gran muro de piedra con raíces y musgo –extraños fósiles-, hasta el ruidoso torrente de las aguas del Aconco.
Don Rubén asegura que cuando la gente empezó a venir, los pobladores de Xaltatempa revaloraron el tesoro natural que representan las cascadas y empezamos a verlas de otra manera. "Nosotros desde chiquitillos íbamos, ahí pasábamos. Hasta los viejos de atrás nos contaban que había muchos duendecillos y que en la parte de atrás había mono. Ya no nos tocó y no cualquiera bajaba porque decían que los alushes causaban muchas impresiones".
Luego vino la necesidad de atender a quienes llegaban a conocer el sitio, de darles de comer y un lugar para dormir, así que elaboraron un proyecto de turismo rural alternativo "para que se enseñen a dar buen servicio y tenga de qué vivir", les dijeron en la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) instancia a la que se acercaron los miembros de Zempoal Tiketine.
La dependencia les entregó un primer financiamiento de un millón y medio de pesos con el que, entre otras cosas hicieron una cabaña en el año 2010; más tarde lograron una ministración similar para hacer una segunda etapa con la que están por terminar otras cuatro cabañas y esperan en el 2016 ejercer otra.

Todo depende de los resultados.

Se trata de pequeñas casas, con espacios generosos, para 10, 5 o 2 personas, hechas con bloques de adobe de lodo y paja que fabrican en la misma comunidad, los trabajos de carpintería en ventanas y puertas también los hacen artesanos locales, lo mismo que los muebles; y están equipadas con calentadores solares.

EL TEQUIO

Pero ahora, en la aprobación de los proyectos, además de CDI, intervienen Sectur, Reforma Agraria, Desarrollo Rural y la Conagua, que es la dependencia que mayores trabas pone para otorgar las concesiones del uso de aguas superficiales para el truchero, asegura don Rubén.
"Si ellos nos ponen dos pesos, nosotros ponemos otros dos, ya les dijimos en el gobierno, que aunque no los tenemos, vemos cómo los conseguimos", explica.
Pero mientras esperan la llegada de los recursos, dice, mejor se ponen a trabajar porque "aquí hay mucho qué hacer, es mucho lo que hace falta. Hay piedras, hay agua y no nos quedamos estirando la mano a ver qué pasa".
Y para muestra un botón: al fondo de la primera cascada pueden divisarse una diminutas figuras humanas, algunas con impermeables amarillos, otras en camisa y pantalón, que armadas con picos y palas, acomodan sacos de arena para hacer una "alberca natural temporal" porque seguramente será arrastrada por la fuerza de la primera lluvia copiosa que caiga en el acantilado.
"Vamos a terminar el barandal para proteger el sendero y cuando acabemos vamos a arreglar los jardines", tercia Marco Antonio Sánchez Martínez de "Puebla las 7 de Regiones", compadre y asesor de medio Xaltatempa y explica: "eso es mucho trabajo que no paga nadie, esa es parte de la inversión de ellos. Es su esfuerzo. No está dentro de un proyecto ni siquiera presupuestado."
Hemos calculado que poner un poste cuesta 250 pesos, multiplicado por varios miles en los dos mil metros de longitud de los senderos, además del jornal de cargar la arena, la grava, "es un trabajo faraónico de los miembros de Zempoal Tekitine", reafirma Sánchez Martínez.
Los campesinos de Xaltatempa tienen la meta de darle trabajo a toda la comunidad "pero quién sabe, nos sabemos cómo se pongan las cosas", refiere don Rubén, porque las gestiones se han vuelto más complicadas y por las exploraciones mineras que la empresa Frisco, realiza en zonas cercanas en busca de oro.
"Queremos que el lugar se convierta en monumento natural, para eso debemos defenderlo y estamos preocupados por las perforaciones que andan haciendo para analizar los minerales. Ya llegaron a los cerros vecinos y los pobladores de Xonotla, en Zacatlán, se quedaron sin agua porque les echaron a perder los manantiales. Lo mismo hicieron en La Cañada. Por eso nos tenemos que proteger", concluye.