REPORTAJE | POR JOSÉ DAMIÁN RAMÍREZ

''La Zona de Tolerancia'', hogar del demonio

Al sur poniente de la ciudad, como a dos kilómetros y medio, por la carretera San Pedro - la Cuchilla, José Paraz, recuerda esas noches donde el show no terminaba en los antros de vicio.

San Pedro, Coahuila

La inseguridad en San Pedro hizo que uno de los sectores de diversión más concurridos por los sampetrinos quedara en la soledad, como un pequeño pueblo fantasma.

Antes del 2013, la Zona de Tolerancia, El sector 4, La Zona Roja o simplemente la Zona, como la conocían los aficionados a pasar un buen rato en compañía de las luciérnagas nocturnas, de las damas de la noche, de las mujeres de la mala vida, que venden un momento de placer a los deseosos de caricias, era aún muy visitada.

Después, las muchas muertes violentas que se registraron en la ciudad y en sus alrededores y del poco circulante por el desempleo y otros factores que minaron al municipio, al grado de quedar en pobreza extrema, La Zona de Tolerancia se derrumbó, sus antros de vicio y placer quedaron en ruinas y ahora, solo se puede ver su barda, también caída y su explanada polvosa y sin vida, dicen, que por sus terrenos, solo el demonio y los espectros de ultratumba se pasean.

Ja, Ja, Ja, sonríe José Paraz, se acuerda de aquellos tiempos en que el espectáculo nocturno era su vida y el de tantas otras compañeras dedicadas al oficio más antiguo del mundo.


Ya nadie entra a los terrenos de la Zona de Tolerancia, esta se ubica al sur poniente de la ciudad, como a dos kilómetros y medio, con entrada por la carretera San Pedro - la Cuchilla, a la altura del Rastro Municipal, así que, ahí es un hogar ideal para los fantasmas, para los ecos del más allá, para que el demonio reclute almas y las lleve al mismísimo infierno.

Si se animan a darse un paseo por la Zona, busquen a José Paraz, el último sobreviviente del personal que brindaba show en los antros de vicio, en el Terrazas, en la Barranca, en el Patio, en los Espejos y en otros varios inmuebles del giro de espectáculos nocturnos.

José también es el único vecino de la Zona de Tolerancia, se habita en el salón el Patio, donde acondicionó los cuartos de dar placer en sus habitaciones personales, la pista de baile en su sala y la barra en su cocina.

Travesti de vocación y sexoservidor de oficio, a sus 60 años de edad, José dice que en realidad, la Zona se convirtió en un pequeño pueblo fantasma, y lleno de ellos, ya que afirma, ahí espantan y los espectros, que ahora se alojan dentro de las ruinas de los antros, por las noches salen para hacer su propia fiesta, para tener una orgia con el demonio, como quien dice, el infierno emerge de lo más profundo de la tierra para establecerse en la Zona.

José, por las noches como una costumbre y tradición de su vida pasada, se toma un trago para recordar sus grandes noches, se sienta en la barra y ahí imagina el gran show.

Pero dice, que al irse a dormir comienza lo sobrenatural. ''Hay noches que no puedo pegar el ojo, me tapó con una sábana hasta la cabeza, pero eso no detiene a los ecos del más allá''.

''Primeramente escucho murmullos, como si los espectros se estuvieran preparando para atacarme, me sienten solo y comienzan los pasos invisibles, en la pista de baile, en el patio, se puede decir que hasta en mi habitación, me destapó y no hay nadie, me asusto y me encomiendo a Dios''.

“Nada que ver con lo que he visto en la explanada principal de la Zona, me he despertado por la madrugada y salgó para tomar el aire, el cual se siente tétrico, el viento silba por el redondel que forman las ruinas de los antros, en eso se asoma una sombra que camina y recorre todos los antros, entra y sale el espectro, toca todas las puertas para ver si encuentra diversión, maldad y vicio, no es nadie del mundo, tal vez es el demonio que anda despertando a sus discípulos, a los espectros malvados que salen para comer carne mundana”.

Lo inimaginable, comenta, se puede sentir y escuchar, tal vez ver en la Zona de Tolerancia. “Desde que brindábamos placer a los deseosos, mis compañeras decían que miraban cosas en el lugar, que oían ruidos, que sentían maldad, y como no, si en la Zona se centraban las vanidades, las morbosidades, los malos pensamientos, la libidinosidad y la violencia mental humana, tal vez el demonio era quien padroteaba a las musas nocturnas desde su antro del mal”.

''Hay noches que no puedo pegar el ojo, me tapó con una sábana hasta la cabeza, pero eso no detiene a los ecos del más allá''.


Pero, no solo los espectros y el demonio se pasean en la Zona, asegura José, dice que también una dama recorre los terrenos, que primeramente se desliza de antro en antro para luego llegar a la entrada principal, donde desparece.

Viste de blanco, pero no es mortal, es mujer, pero no de bonito rostro, es la muerte, pero no se puede llevar a nadie, porque en la Zona ya no hay ningún ser humano.

De hecho, José Paraz señala que tal vez él ya está muerto, porque vive entre los fantasmas, esperando tal vez, a que esa dama de rostro cadavérico, se lo lleve para seguir haciendo su show en el más allá…





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