Trabajar en México o EU con tal de no volver a Honduras

Truman de 30 años decidió emprender el peligroso viaje que lo dejó herido de la cara, pero era eso o enfilarse con los maras, ya sea en el grupo o combatiéndolos con el gobierno.
Truman de 30 años es de Honduras.
Truman de 30 años es de Honduras. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Truman de 30 años de Honduras y decidió salir de su país por que no había trabajo. Además, la cuestión de las "maras", lo tiene entre la espada y la pared.

El problema es que no solo los de la "mara" quieren reclutar a los ciudadanos, sino que también el gobierno tiene la intención de hacerlo para combatir a los pandilleros. Se queja de que el presidente no les brinda ningún tipo de apoyo y los pone en riesgo.

"Lo más feo es en San Pedro Sula. Asaltan a cada rato, a todo el mundo lo andan asaltando. Hay unas que otras maquilas de las que han quedado. Les pagan los viernes en la noche y ya los están esperando para asaltarlos".

“Yo ya le he pedido a Dios, que a lo mejor en Estados Unidos está un poco más difícil. Yo he visto cosas de que ya no puede un inmigrante vivir allá. Si hubiera alguna oportunidad para mí de quedarme a trabajar, me gustaría”.

Dice que son pocos los que tienen una casa y muchos rentan para poder tener un lugar para vivir. Gastan en camión, en comida y realmente no hay dinero que alcance, mucho menos si son asaltados.

Pero en sí, no tienen una certeza en Honduras sobre lo que va a pasar con esta acción gubernamental y la situación es muy compleja.

“Ya no sabemos con quien ir, si con el presidente o las maras”, cuenta. Por ahora está soltero y no tiene hijos. Vivía en Honduras con sus padres y sus tres hermanas y ayudaba con el gasto de la casa.

Asegura que al estar en trayecto, se ha dado cuenta de que muchos de los migrantes son de Honduras y que algunos son personas que están escapando de la mara.

Pero ellos mismos se dedican muchas veces a aprovecharse de los demás viajeros. A Truman por ejemplo, le robaron hace poco su cartera con 200 y sus identificaciones, así que ya no trae ningún documento consigo.

Su temor es que le pase algo y si lo matan, terminar en la fosa común, pues nadie va a saber quién es él. Quedará en el olvido como tantos.

Ya tiene ocho meses en travesía. Ha trabajado en algunas ciudades de México, como en Querétaro donde un ingeniero le pagó a él y a los otros trabajadores, en dos ocasiones. Luego los dejó sin otros dos pagos y se fue.

También teme que los vayan a regresar, por que no quiere volver a Honduras. No trae dinero y en caso de que lo devolvieran, tendría que tomar tres camiones desde la frontera de su patria a su casa.

“Yo ya le he pedido a Dios, que a lo mejor en Estados Unidos está un poco más difícil. Yo he visto cosas de que ya no puede un inmigrante vivir allá. Si hubiera alguna oportunidad para mí de quedarme a trabajar, me gustaría”.

En Honduras era soldador y hacía puertas, ventanas, molduras...

Ha visto que hay mucho trabajo en México y dice que no le sacaría a un trabajo de lo que sea, aunque sea de chalán, no importa. Desea contar con documentos y por eso quiere trabajar.

Tiene una cicatriz en la cara, del lado izquierdo. Le atraviesa la mejilla debajo del ojo desde la sien hasta la nariz. Un drogadicto le robó su mochila y con un cuchillo le tasajeó la cara, esto en Coatzacoalcos. Por eso su viaje se retrasó.

Los de la Marina, dice, lo rescataron y una señora le dio la oportunidad de convalecer en su casa. Cuando se sintió mejor, volvió a caminar con rumbo norte.