De tenerlo a todo a quedarse sin nada

Esa es la historia de Gabriel Neftalí de 27 años de El Salvador. Tenía esposa, 4 hijos y un buen empleo. Ella lo engañó con un pandillero y fue víctima de 4 atentados que lo obligaron a salir.
Gabriel Neftalí de 27 años de El Salvador.
Gabriel Neftalí de 27 años de El Salvador. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Gabriel Neftalí de 27 años de El Salvador, no puede evitar platicar llorando. Él era empleado de una empresa de calzado y era jefe, ganando un excelente sueldo, que le permitía vivir dignamente y mantener a sus cuatro hijos.

Su oficio es de zapatero y lo desempeña bien, afirma. Incluso tiene conocimientos de arquitectura. Ganaba 700 dólares libres al mes. Se juntó con una novia cuando era muy joven y como ella tenía hermanos pandilleros, siempre le decía a él que tenía que ir a verlos, le pedía dinero y les llevaba cosas.

Pero su mujer, en realidad estaba viendo a un amante que tenía, otro pandillero. Él se enteró de esto y no solo se le rompió el corazón. Desgraciadamente en cuatro ocasiones atentaron contra su vida, él cree que a causa del amorío de su mujer, así que decidió dejarlo todo.

“La mayoría de los que están molestando en México son salvadoreños o son hondureños. Nos molestan a nosotros mismos y ellos han venido a pervertir también a los mexicanos”.

Este joven sí cuenta con recursos y salió con dinero de su país. "Yo no tengo necesidad la verdad de estar acá, pero esos intentos de asesinato me hicieron escapar”.

Tiene menos de un mes en el camino. Ha viajado en tren, pero al salir de su país, se le ocurrió llevarse 600 dólares, poco menos de un mes de sueldo.

Le gusta vestir bien y comenta que migración nunca le decía nada, pues también se animó a viajar en transporte público. Traía incluso su maleta, pero tuvo que salir sin documentos.

Pero ya no le queda nada del dinero que traía, por que como es usual, alguien lo esquilmó y lo dejó sin nada. Orgulloso, asegura que no le gusta pedir en las calles.

Su mamá le deposita cada cierto tiempo, en cuanto él le avisa en que ciudad está, esto para mayor seguridad y así evita ser agredido, pero realmente, no hay garantía de nada.

“La mayoría de los que están molestando en México son salvadoreños o son hondureños. Nos molestan a nosotros mismos y ellos han venido a pervertir también a los mexicanos”.

Conoce muy bien la historia de los “maras”. Desgraciadamente es algo que todos los salvadoreños saben, pues están devastando al país y a su gente. Su meta es reunirse con su hermano en una ciudad del norte de Estados Unidos. Si puede conseguir trabajo de lo que sabe, estaría muy contento. Pero trabajará de lo que sea.

Realmente, admite que está escapando de ese gran dolor que lo lastima tanto, de su mujer que lo traicionó. No volteará para atrás. Pero no va a descuidar a sus hijos y se asegurará de que ellos tengan un buen futuro.

En México, dice que lo han recibido bien y que hay gente que lo ayuda, reitera que no le gusta pedir dinero, pero apoyos como los que brinda la casa del migrante son bien recibidos por él, ante la generosidad de quienes brindan esta ayuda.

También considera quedarse en México, pero duda ante la posibilidad de que el sueldo no sea lo suficientemente bueno. Ha pasado al igual que los demás, frío, calor, hambre, e incluso se ha caído del tren pero sus expectativas son altas y espera estar en pocos días con su hermano.

Ha escuchado de otros migrantes que incluso se han topado con panales de avispas y quedan todos picoteados.

“A otros migrantes les diría que el camino es bastante riesgoso, sobre todo sin dinero. Gracias a Dios en todas las casas del migrante que he conocido, han sido buenas para mi y son buenas sus reglas. Es todo lo que tengo que decir”.