Migrantes vienen con el corazón lleno de sueños

Agner, Gabriel y Truman comparten sus historias. Tienen la convicción de lograr un futuro mejor y sobre todo no regresar a sus patrias, donde han sufrido y dejado a sus seres queridos.
Casa del Migrante en Torreón.
Casa del Migrante en Torreón. (Manuel Guadarrama)

Torreón, Coahuila

Tres migrantes comparten sus historias de viaje. Dos tienen ya meses en su recorrido con rumbo a Estados Unidos. Otro más lleva menos de un mes. Son muy diferentes y han dejado su país de origen por causas diversas.

Sin embargo, tienen la convicción firme de lograr un futuro mejor y sobre todo, de no regresar a sus patrias, donde han sufrido y dejado a sus seres queridos, a quienes desean ayudar.

Cada día, miles de personas abandonan sus países en Centro América, donde las condiciones de vida no son adecuadas para ellos. Los caminos son largos. La mayor parte son de El Salvador o de Honduras, pero también hay gente de Guatemala, Panamá o Costa Rica.

Cuando alguno de ellos se le acerque pidiendo ayuda, no lo dude, regálele lo que usted pueda compartir, pues esto le podrá permitir al viajero seguir caminando.

Algunos que han logrado llegar al "otro lado", avisan lo que han pasado a sus familiares, pero esto no se equipara a lo que viven. Emprenden la travesía sin saber bien que es lo que les espera y por todo lo que van a pasar.

Frío, hambre, calor, soledad, agresiones, la más absoluta indefensión, lesiones y hasta la muerte, son el pan de cada día para ellos, que prefieren vivir este infierno que voltear a ver lo que dejan detrás.

México cuenta con lugares donde se brinda apoyo a estos viajeros, las llamadas casas del migrante, donde pueden aliviar un poco su brutal travesía.

Se ubican sobre todo en donde hay paso del ferrocarril, La Bestia, el medio de transporte más usado por ellos, que vienen con las manos vacías y el corazón lleno de sueños.

Torreón no es la excepción al ser un importante punto de conexión y la Parroquia de Santa Cecilia habilitó la Casa del Migrante en la colonia Las Julietas en 2008, donde se recibe a más de 400 peregrinos cada mes.

No todos llegan, pues ahora que el ferrocarril está cercado, no es fácil que ellos tengan acceso a las instalaciones, pero se las arreglan para llegar, comer y descansar un poco.

La mayoría de ellos son hombres, pero también llegan mujeres e incluso familias con niños, en un valor que solamente se puede equiparar con su desesperación.

Tras reposar, emprenden de nuevo su camino, los que pueden hacerlo. Algunos deben quedarse por un tiempo buscando recuperación física ante accidentes.

Otros se quedan aquí en el país, ya sea viviendo o en tumbas anónimas. Así pues, cuando alguno de ellos se le acerque pidiendo ayuda, no lo dude, regálele lo que usted pueda compartir, pues esto le podrá permitir al viajero, seguir caminando, ya que ellos están solamente de pasada en México, como estamos todos en la vida.